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CATALUÑA Y ESPAÑA – LA DESCONEXIÓN SOCIAL

¡ESPAÑA ES UN PAÍS DE GRANDES CONTRASTES! Y PARECE QUE LOS QUE LLEGAN A LAS TIERRAS DE CERVANTES SE SIENTEN ABSORBIDOS POR ESTE ESPÍRITU DE ANTAGONISMO BIEN MARCADO.

Aquí tiene que ser “blanco” o “negro”. Estar en el medio es visto como  señal de debilidad  y no tiene importancia para los grandes asuntos.

En la pasada época navideñaCampofrío ha hecho una vez más una espléndida campaña publicitaria, aprovechando las contradicciones más peculiares de los españoles.

La campaña dirigida para los medios audiovisuales contaba la historia de parejas antagónicas. Veíamos personas muy enfadadas al describir a su pareja: rojo/fascista, españolista/independentista, madero/manifas, taurina/antitaurino, pagana/beata, podemita/casta,…y así continuaba. Pero al final de la película publicitaria, cada pareja caracterizaba al otro de forma más amistosa y sentimental, enseñando que su convivencia es posible a pesar de sus diferencias.

La película real entre los catalanes y el Estado español está aún en la primera fase, y los últimos acontecimientos están muy lejos de la cordialidad. ¡Muy lejos!

El periodista Jordi Évole hace unos días se refería a Cataluña como dos bandos. Un de los bandos ya está desconectado mentalmente de España. Podría proceder a sus obligaciones con el estado español, pero en su cabeza ya está viviendo en otro país.

El otro bando está perplejo y asustado con toda está efervescencia social. Se siente que está dentro de una pesadilla sin fin.

Esta visión del periodista catalán no está solo siendo vivida en Cataluña. Toda España ya lo está viviendo. Incluso en mucho menor escala también fuera del territorio español este dilema existe.

Personalmente he asistido a charlas entre familias madrileñas en las que menosprecian a los catalanes (seguramente lo mismo acontece al revés en Cataluña): vetando la compra de cavas catalanes, cambiándolos por cavas extremeños, que curiosamente gran parte de sus productores son catalanes.

Un día comenté a una madrileña que me gustaría probar la comida catalana en un restaurante en Madrid. Y su respuesta fue: “Vas tú, yo no voy”. Que mala suerte tengo.

Desde el procés lo que efectivamente ha ocurrido es una desconexión social entre españoles y catalanes.

En términos políticos todo ha sido hecho por la actividad de los grupos catalanes independentistas, y por la inercia increíble del gobierno de Rajoy, llegando a un clima de gran tensión social. Será necesario mucho empeño de todas las partes, sobre todo las más moderadas para solucionarlo.

Podemos discutir quién son los culpables de todo este conflicto, pero no podemos olvidar que la responsabilidad de unir todos los españoles es de su gobierno nacional. Y poco ha hecho para apaciguar este conflicto, incluso en muchos aspectos ha dificultado a su solución. Se ha encubierto haciendo prevalecer la ley. Miren señores, la ley no es algo inmutable. Puede ser influenciada por circunstancias culturales, políticas y sociales. Además un gobierno nacional no puede menospreciar la Diada, solamente por motivos políticos. El sentimiento de una región o de un país debe ser respetado por los valores que representa.

Si los actores actuales de esta película real no tienen capacidad de terminarla como sucede con la campaña publicitaria de Campofrío, entonces deben ser remplazados por el bien de los pueblos de España.

Para finalizar quiero volver a hablar de la tercera vía para la solución de todo este problema. La que está entre el “sí o sí” y el  “no o no”.

Seguramente no es la que defiende Lluís Oriols, que en su articulo “Romper la coalición independentista” publicada en la página del país ha escrito que “un gobierno con verdadera vocación de resolver la crisis territorial catalana debería dirigir sus esfuerzos a romper la coalición independentista y recuperar de nuevo la lealtad de los federalistas”.

Este es sólo un pequeño ejemplo de cómo están equivocados los defensores del “no o no”. La solución del problema catalán no puede ser sólo una cuestión aritmética y de aniquilación del otro.

La solución tiene que ser útil para todos. Y para que eso sea posible las partes tienen que negociar, ejercer el arte de la dialéctica responsable y construir una nueva arquitectura del Estado Español. Y sólo así España puede volverse a conectar.

Bruno Caldeira

 

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