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AQUARIUS Y LA TRISTE VIDA DE LOS REFUGIADOS

La buena voluntad del recién electo gobierno de Pedro Sánchez para aliviar la triste vida de los refugiados del Aquarius tuvo una significativa oposición de algunos políticos y de una parte significativa de la sociedad española.

El cambio inesperado de gobierno con el éxito de la moción de censura presentada por el PSOE, la situación de los refugiados del Aquarius, está provocando que algunos políticos españoles emprendan posiciones populistas.

No miran por la triste vida de los refugiados, que en general son las personas más vulnerables y más explotadas del mundo.

El líder del Partido Popular de Cataluña, Xavier García Albiol, ante el coraje y el buen sentido del nuevo gobierno de España, declaró a viva voz que “España no se puede convertir en una gran ONG porque los recursos económicos son limitados” y que ” la acogida de refugiados no puede convertirse en una subasta de países del Mediterráneo “.

La falta de sensibilidad de Xavier García Albiol juega con la opinión de quienes creen que España ya ha cumplido en cuanto a la acogida de refugiados.

El populismo de políticos del primer orden puede tener graves consecuencias en su sociedad.

Italia con su Salvini ya sufre en la “piel” y en su imagen exterior de su populismo mezquino.

Está claro que toda la cuestión de los refugiados, en particular la gran oleada de los últimos años, que tratan desesperadamente de atravesar el Mar Mediterráneo hacia el viejo continente, es también una derrota de la Unión Europea. ¡Una más!

El programa europeo de cooperación para repartir a los 160.000 refugiados procedentes del norte de África y de Oriente Medio por varios países de la Unión Europea está por debajo de las expectativas.

El 12 de marzo, el entonces secretario de asuntos europeos, Jorge Toledo, reconocía que España sólo había acogido el 11,2% de lo acordado con la Unión Europea.

Es decir, de julio de 2015 a marzo de 2018 España sólo había acogido a 1.358 de un total 11.137 refugiados.

En septiembre de 2017, Portugal había cumplido un 49,2% de su cuota para hacer menos triste la vida de los refugiados, contribuyendo así a la solidaridad y la responsabilidad. Desgraciadamente, en esa misma época España sólo había cumplido el 13,7% de su objetivo.

Sólo los países del este europeo, algunos de ellos con gobiernos que ejercen una “democracia poco saludable”, tienen menos voluntad que España en atenuar la triste vida de los refugiados.

 

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