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UN GRAN ELOGIO A LOS BRITÁNICOS

El BREXIT y el desarrollo de este proceso político han originado encendidas discusiones diplomáticas. Pero el coraje para refrendar su destino merece un gran elogio a los británicos.

Hace unos tres años en una conversación con Gazanfer, me comentaba algo así como «… in Europe …» (confieso que el contenido de nuestro diálogo ya no lo recuerdo), me suscitó alguna curiosidad por lo que le pregunté de inmediato «but UK is in Europe». Y Gazanfer volvió a responder: «we do not feel like that».

Tal vez la esencia del diálogo que tuve con Gazanfer explique en parte el desenlace del referéndum relativo al BREXIT.

Al contrario de lo que muchos quieren suponer, esta cuestión no es rectilínea, es decir la oposición entre Brexiters y Remainers es transversal a la sociedad británica.

Sin embargo, en Europa continental algunos opinion makers que interpretan sólo el ego de los británicos para desbordar las relaciones con la Unión Europea, no se corresponde totalmente a la verdad.

Un ejemplo de esa transversalidad ocurrió en Leeds y en Bradford.

Estas dos ciudades del norte de Inglaterra forman parte de la misma región, y curiosamente es la cuarta mayor área metropolitana del Reino Unido, a pesar de eso son socialmente muy distintas.

Bradford que al principio de la Revolución industrial llegó a ser una de las ciudades más ricas del Reino Unido, se encuentra ahora con un menor desarrollo económico y tiene una tasa de desempleo muy por encima de la media nacional.

Es considerada como la capital británica del curry, teniendo en su población una importante comunidad extranjera, especialmente de paquistaníes e indios, y en 2016 los votantes a favor de BREXIT fueron la mayoría.

Leeds por el contrario es una ciudad donde el factor de la emigración no es tan visible como en Bradford, pero aún así, los votantes a favor del REMAIN fueron esta vez mayoritarios.

Estos dos peculiares ejemplos prueban que la transversalidad de opiniones es grande.

Una de las características de los  británicos es su peculiar humor, a veces inquietante, otras veces extravagante con su propia interpretación de ver las cosas.

Curiosamente cada vez que no entendemos bien una broma, o cuando asistimos a una escena desconcertante decimos: «es posible que sea humor británico».

Sin embargo, la inspiración humorística está muy cerca de la realidad, y de vez en cuando es la esencia misma de las acciones cotidianas, políticas incluidas.

Tenemos que dar un gran elogio a los británicos por su genialidad y creatividad, como es el caso de la serie televisiva YES PRIME MINISTER.

Hace más de 30 años que Yes Prime Minister a través de su personaje Sir Humphrey Appleley definía la política exterior británica como la que vivimos en 2018:

“Minister, Britain has the same foreign policy objective for at least the last 500 years: to create a disunited Europe.

In that cause we have fought with the Dutch against Spanish, with the Germans against the French, with French and Italians against the Germans, and with French against Germans and Italians.

Divide and rule, you see. Why should we change now, when it´s work so well!”

¡Increíble, no!

Pero esta particularidad viene de lejos.

Incluso como la declinación irresistible del Imperio Británico después de la Segunda Guerra Mundial, la desconfianza de sus líderes ante un nuevo orden mundial fue siempre bien notoria.

Winston Churchill en uno de sus discursos más importantes pronunciados en la Cámara de los Comunes, el 11 de mayo de 1953, reflejaba bien el espíritu de un Reino Unido dueño de su destino.

“We have our own dream and our task. We are with Europe, but not of it. We are linked but not combined. We are interested and associated but not absorbed. If Britain must choose between Europe and the open sea, she must always choose the open sea”

Este juego de palabras magistrales y de sentimientos de Churchill no fue suficiente para mantener la correlación de fuerzas en el gran teatro mundial de las grandes potencias; el gran tablero de la geopolítica. Y ahora, el Reino Unido ya no figura en las piezas principales de este ajedrez.

Hacer un gran elogio a los británicos en elegir su destino, no significa que no sean criticados sobre todo en algunos argumentos producidos durante la campaña del BREXIT, donde abundaba la hipocresía, xenofobia y demagogia.

En el plano político y económico, al no pertenecer al Eurogrupo y al no adherirse a la moneda única europea, su soberanía estaba más protegida.

Al tener acceso al mayor mercado económico del mundo era una gran ventaja para sus empresas. Por no hablar del apoyo financiero que sus organizaciones de alta capacidad tecnológica recibían de la Unión Europea, millones de euros para sus proyectos de investigación y desarrollo, que contribuyeron mucho al fomento de su riqueza.

También la realidad desmontó uno de los argumentos más mentirosos de los defensores del Brexit en culpar a los emigrantes por las dificultades que el Servicio Nacional de Salud (NHS) está pasando.

Incluso en una sociedad avanzada como es la británica, la demagogia también tiene una gran fuerza.

La libertad de un pueblo significa, por tanto, asumir la responsabilidad de sus decisiones, buenas o malas, y es ese gran elogio que hago a los británicos: todavía son libres y soberanos.

Afortunadamente o por desgracia, y como Winston Churchill afirmó que el Reino Unido y Europa están asociados e interesados. Y en este caso, es una derrota de todos, por lo que hay que mitigar el resultado de este juego.

El interés para que este «campeonato» continúe, aunque en moldes muy diferentes, es de todos. Y que el desarrollo social y económico de los ciudadanos de ambas partes siga siendo una realidad independientemente de las dificultades políticas.

Bruno Caldeira

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