Press "Enter" to skip to content

LA COMUNIDAD IBÉRICA: RELATOR, DELIRIO O NECESIDAD

LA COMUNIDAD IBÉRICA: RELATOR, DELIRIO O NECESIDAD
3.7 (73.33%) 3 votes

En 2013 llegué a escribir un breve ensayo sobre la posibilidad de un mayor estrechamiento de las relaciones luso-españolas en La Comunidad Ibérica: el federalismo español y Portugal.

Para muchos la unión, la federación o la comunidad tienen el mismo significado.

Los más distraídos podrán pensar que todos estos términos están ligados con el iberismo.

En los últimos años, la corriente iberista (aquella que defiende el unionismo o el federalismo de toda la Península Ibérica) ha tenido una tenue visibilidad con la creación del Partido Ibérico en España.

Sin embargo, la Comunidad Ibérica que defiendo está en las antípodas de las ideas  de esta nueva ola de iberistas.

Mi idea de la Comunidad Ibérica va más al encuentro de las necesidades de la sociedad civil de España y Portugal, y no una tendencia poco racional que no quiere conocer la historia, las identidades y las diferencias sociales de los portugueses y de los españoles.

Un ejemplo de esa militancia iberista se produjo hace pocos días. Un llamado iberista me contactó de una manera demasiado “abierta” y presuntuosa.

El mensaje que me fue enviado venía a decir algo así “… les enviamos notas de prensa de unos eventos en Chaves y Verín, y no vimos ninguna referencia …”

Este extraño mensaje, ya que no conozco el dicho iberista apresurado, con tendencias de político veterano, es un ejemplo de un modelo figurativo de las diferencias entre los portugueses y los españoles.

Hace algunos años, el diario ABC publicó una noticia en la denominaba a los portugueses como “los latinos más británicos.”

Aunque en términos generales esta afirmación no corresponda completamente a la verdad, sin embargo,  en cuanto a moderación y trato “diplomático” en las relaciones sociales se pueda aparentar a ese cliché británico.

Aquí también podemos estar hablando del respeto por el otro, que es una necesidad esencial para preservar cualquier tipo de relación.

Las diferencias entre Portugal y España en muchos aspectos son enormes.

España tiene mucha más población, territorio, y una economía más robusta que la lusa. Desde el punto de vista de la estrategia española puede tener sentido no considerar convenientemente a su vecino.

La rica historia de España y la proyección internacional de su lengua, en su entendimiento sólo podrá compararse con las mayores potencias europeas.

Sin embargo, los últimos años se caracterizan por una grave crisis política dentro de su propio territorio, más propiamente en Cataluña.

Son demasiados años para que una crisis que es mucho más que una disputa nacionalista no esté ya resuelta.

Esta crisis ya ha tenido sobretodo dos grandes picos de tensión.

El primero fue la “congelación” de las relaciones institucionales entre el gobierno central español y la Generalitat de Cataluña. Habiendose posteriormente agravado este conflicto hispano-catalán con la aplicación del art. 155 de la Constitución española, o sea la suspensión de algunos derechos autonómicos

En los momentos de mayor tensión, los lados radicalmente opuestos tienen más fuerza que los movimientos más moderados.

Ahora estos son llamados por los otros traidores. Las fuerzas de “centro” y las más moderadas están en clara desventaja.

Una débil comunicación por parte del gobierno de Pedro Sánchez para intentar avanzar en la resolución de este conflicto, que incluso se ha arrastrado muchas  familias españolas que tienen su lazos afectivos rotos, “detonó” su frágil gobierno, obligando al actual presidente del gobierno de España a convocar nuevas elecciones.

La palabra que acabó con todos los esfuerzos para la resolución del conflicto hispano-catalán fue “relator”.

España posiblemente estará en los próximos tiempos en un dilema gubernativo: o se convierte en un nuevo nacionalismo radical donde los derechos civiles y políticos estarán seriamente comprometidos sobre todo para los emigrantes, las minorías y en cierta manera para las mujeres, o bien caerá en un desgobierno continuado o en gobiernos muy frágiles, donde la inestabilidad política puede afectar a la vida cotidiana de los españoles.

Todo este conflicto hispano-catalán que está siendo generado por sus dirigentes políticos, aún no ha tenido el sentido común para pedir ayuda más allá de sus fronteras.

El Estado español y todos sus órganos públicos deben tener la suficiente humildad para solicitar ayuda, ya sea para encontrar un relator u otra figura que sea para avanzar con seguridad en la resolución de esta disputa, y que no parece hasta el momento tener un fin a la vista. Esta nueva vía no significa renunciar a su soberanía ni que sea una derrota política.

Ahora, volvamos a la Comunidad Ibérica. Para muchos puede ser considerada como una utopía o un delirio.

Los portugueses no pueden olvidar los efectos absolutamente negativos y humillantes de la Unión Ibérica durante los tiempos de los Felipes de la época, que hundió durante muchos años el orgullo del pueblo portugués.

Sin embargo, parece que estamos en otros tiempos, aunque la historia y el contexto actual nunca deben ser descuidados para que la relación luso-española pueda entrar en un otro nivel

Una Comunidad Ibérica debe siempre y en primer lugar servir a los ciudadanos de uno y del otro lado de la frontera.

Una Comunidad Ibérica eficiente no debe y no puede satisfacer las utopías políticas y las magnitudes sin sentido del unionismo y del federalismo ibérico.

Una Comunidad Ibérica puede servir de equilibrio y de contención a los excesos que invaden la política española, y de puente a los conflictos que ahora parecen irresolubles.

En este aspecto la colaboración con un país que es mucho menor que el otro puede tener sus ventajas.

Y el tan temido relator, como lo describe una de las partes radicalizadas, puede ser amenizado, tolerado, o incluso respetado, si se realiza dentro de una comunidad política cercana.

Pero como cualquier negocio, incluido el político o el diplomático, el valor de la confianza tiene que estar siempre presente, para que la creación de una eficiente y pragmática de la Comunidad Ibérica sea efectiva.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *