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LOS EQUÍVOCOS DEL TSUNAMI DEMOCRATIC

A menudo, el uso del “copiar y pegar” en las relaciones sociales y políticas puede tener un resultado inesperado. Y los equívocos del Tsunami Democratic están a la vista.

Este «copiar y pegar» de las manifestaciones de Hong Kong a Cataluña, por supuesto, no podría tener el mismo resultado. Las razones de naturaleza social y política, hicieron crecer los equívocos del Tsunami Democratic.

Sin embargo, el tema catalán involucra otros factores como: el derecho a decidir su independencia, la territorialidad, la historia o la lengua.

Todo este cóctel efervescente como es el caso de los equívocos del Tsunami Democratic causa grandes preocupaciones sobre la eficiencia de la constitución española actual.

La resolución de esta compleja ecuación que es el conflicto hispano-catalán parece no tener fin a la vista.

Es reconocido que la mayoría de las conversaciones y de los debates generados en las redes sociales son una copia aumentada de las discusiones de cafeterías. Aquí, gran parte de la opinión que se crea sin sostener la verdad o la realidad conduce y refuerza el populismo.

¡Afortunadamente hay excepciones!

Mientras escribo esta reflexión me encuentro en una cafetería en Madrid.

Detrás de mí hay dos madrileños tomando su café matinal de domingo.

Por instinto, me vuelvo y observo que uno de ellos lleva una pulsera con una tradicional bandera española (generalmente no confío en esta muestra de nacionalismo).

El transcurso de su conversación fue suave y cordial, e inicialmente no presté mucha atención, pues estaba disfrutando de uno de mis pequeños placeres de la vida: tomar un café y leer mi periódico de fin de semana sin interrupciones.

Pero en un momento uno de ellos (por cierto, el que no tenía la pulsera) comentó: «Cuidadito, ahora estamos 50/50 (lo que indica las encuestas en general sobre el deseo de independencia de los catalanes), pero cuando la intención de la votación sea 60/40, es la propia Europa quién exigirá un referéndum».

Y continuó: «hasta ahora, nuestros políticos no han podido sensibilizar a los catalanes descontentos con España por qué deberían quedarse con nosotros».

Para terminar diciendo lo siguiente: «Como madrileños condenamos y no entendemos la violencia que está ocurriendo. Pero si nos olvidamos de la injusticia que es violentarnos y maltratarnos mutuamente, poniéndonos en el lugar de un radical independiente que siente que nadie los escucha, recurrir a la violencia es esencial para que sean atendidas sus reclamaciones.

Tres inquietudes de un madrileño al que los responsables políticos españoles deberían responder con más sensatez.

Obviamente, la violencia desenfrenada e incontrolada debe ser siempre rechazada por su irracionalidad, y además porque está llena de  injusticia.

Debemos entender que vivimos en un mundo emocionalmente desconectado, aunque prácticamente todos estamos conectados en redes virtuales.

El movimiento del Tsunami Democratic en sí mismo es parte de esta visión del mundo.

Nacido en las redes sociales de forma anónima después de la divulgación de  sentencia del Procés, promovió una serie de acciones de protesta y desobediencia civil, muy influenciado por las recientes protestas en Hong Kong.

Sin embargo, al igual que en otros movimientos de protesta (no independentistas) como los chalecos amarillos en Francia, o el movimiento ecologista radical Extintion Rebelion que bloqueó el centro de Londres y Edimburgo, la infiltración de grupos violentos en su área ha cambiado radicalmente sus objetivos.

Las sociedades occidentales, especialmente las democracias liberales, veneran mucho la paz y la estabilidad social.

El vandalismo utilizado por estos grupos que están a la margen de las leyes y de la decencia contra las fuerzas de seguridad, aniquilando los bienes públicos y devastando la propiedad privada, también afectan gravemente el prestigio del movimiento independentista pacífico.

La imagen de España en el exterior se encuentra en una fase muy débil, el impacto de las transmisiones audiovisuales de la violencia en Barcelona puede recordar fácilmente a Beirut o Kabul, y a su vez, los independentistas catalanes podrían temer por su credibilidad en el exterior. El sentimiento de simpatía puede desvanecerse considerablemente.

En Lleida, sea por desesperación o por coraje, un grupo de pacifistas independentistas se han interpuesto entre la horda violenta y las fuerzas de seguridad.

Este es un buen ejemplo de que nada está perdido, y que, después de todo el diálogo, las palabras pueden tener más fuerza que los petardos o de la furia absurda.

Este fue el caso de Carmina Pardal, la antigua concejala del Partido Socialista de Cataluña (PSC) en Paeria, que junto con otras personas se pusieron en el medio de las dos partes en conflicto, y comentó lo siguiente «hay momentos en los que es necesario plantarse para explicar que actitudes como esta sólo nos pueden hacer daño a todos «. (La primera barrera pacifista / La Vanguardia / 20.10.2019).

Lamentablemente, la falta de sentido de los políticos está muy presente en estos días tumultuosos. Y como escribió John Carlin: «Se ganan más votos en España dando hostias a los catalanes que dialogando con ellos». (La ley es un burro / La Vanguardia / 20.10.2019)

Claramente, el orden social debe ser restaurado por las fuerzas de seguridad del Estado. Pero está claro que el diálogo entre políticos, aquellos que pueden cambiar el curso de las cosas, no puede ser bloqueado por el oportunismo electoral o por la insensatez absurda.

La furia de las llamas de Barcelona y las otras ciudades catalanas, y el derramamiento de sangre de todas partes deberían dar lugar a la reflexión.

Pero más que una reflexión entre la ley y el derecho, lo que debería estar aquí en juego, es saber que sociedad queremos tener. En otras palabras, que tipo de paz social o que contrato social mejor se ajusta a este dilema.

Bruno Caldeira

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