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IBERISMO: UN NUEVO PARADIGMA

Cualquiera que me conozca sabe que el Iberismo clásico, ya sea unionista o federalista, nunca ha sido de mi agrado.

El Iberismo histórico y todos sus movimientos tenían como objetivo integrar Portugal y España, ya sea voluntaria o forzosamente.

Históricamente, Portugal y España a lo largo de su historia se dieron la espalda, hasta que se unieron a la Comunidad Económica Europea (CEE).

El 5 de mayo, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Lengua Portuguesa.

El surgimiento de la lengua portuguesa como patrimonio inmaterial de la humanidad, tuvo como génesis los Descubrimientos Portugueses.

La aventura portuguesa «por los mares nunca navegados», significó el corte del «cordón umbilical» de su relación con los otros reinos peninsulares.

Actualmente estamos viviendo el mejor momento de las relaciones hispano-portuguesas en varios niveles: político, económico y cultural.

Las dos economías ibéricas dependen cada vez más entre sí. A decir verdad, mucho más Portugal que España.

Podemos resumir que la dificultad para crear un Iberismo consciente está en una memoria histórica que proviene del dominio de los Felipes de España sobre Portugal, y las malas connotaciones de la Unión Ibérica.

Y las consecuencias de esta Unión Ibérica, que dejó muy mal recuerdo para los portugueses, les llevó a rechazar a su gran vecino ibérico durante mucho tiempo.

Existe una justificación clásica para explicar esta distancia entre el portugués y el español, que se basa en la arrogancia y la desconfianza.

En otras palabras, esta relación hostil se ha caracterizado por el desdén español respecto a la resistencia portuguesa y en los portugueses, por la aparente arrogancia española. (1)

Ya desde España llegaron definiciones muy curiosas para caracterizar a los portugueses. Como es el caso del historiador liberal Salvador de Madariaga, quien definió al portugués como «un español de espaldas a Castilla y con la vista puesta en el Atlántico».

En términos políticos, el iberismo no está a la orden del día (cualquiera que sea su concepto), pero en una pequeña franja de la población esta idea sigue existiendo.

Y aquí hay dos aspectos a considerar:

I – Las diversas organizaciones políticas y sociales, como es el caso de la formalización del Partido Ibérico Español y la acción de todos sus movimientos sociales que gravitan hacia el iberismo federal.

II – También hay muchos españoles que “pican” a los portugueses diciendo que Portugal en España sería la situación ideal: el iberismo unionista.

Esta situación informal ha ido ganando más seguidores debido a la cuestión de la independencia catalana.

Es bien sabido que Portugal y España comparten muchas cosas: ríos, océanos, sistemas montañosos y otras estructuras físicas y naturales. Lo cual es natural ya que se encuentran dentro del mismo espacio geográfico, la Península Ibérica.

Como se mencionó anteriormente, la relación luso-española o hispano-portuguesa ha mejorado considerablemente desde que se unieron al «club europeo».

Diversas circunstancias políticas han contribuido a este acercamiento.

I – Eran jóvenes democracias, prácticamente recién salidas del oscurantismo de sus viejas dictaduras.

II – Con el fin de la dictadura, ambos necesitaban mostrarse a Europa y al mundo. Querían estar dentro del orden mundial, no en sus márgenes. Entonces el aislamiento político internacional ya no tenía sentido.

Sin embargo, en este caso, España tuvo que realizar un trabajo más duro para dar a conocer la nueva España al mundo.

A diferencia de Portugal, que ya era miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y fue uno de los fundadores de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC/EFTA), España todavía estaba fuera de algunas de las grandes organizaciones internacionales.

III –  Las largas décadas de las dictaduras ibéricas han ampliado la brecha en el desarrollo y el bienestar social en relación con otros países de Europa occidental.

Como es bien sabido, el desarrollo económico de Portugal y España se debió en gran medida por la inversión proveniente de fondos europeos.

Y fue a nivel europeo cuando portugueses y españoles tuvieron que aprender a cooperar y trabajar juntos, para obtener resultados muy positivos de esta ayuda mutua.

La mayor expresión de este trabajo conjunto está conformada por la cooperación transfronteriza.

La Unión Europea hoy se debilita seriamente en el llamado «proyecto europeo», en gran parte debido al exacerbado nacionalismo de algunos gobiernos nacionales. Sin embargo, sus iniciativas previas para pacificar y para fomentar el desarrollo económico y social en el «viejo continente» son dignas de elogio.

Partiendo de esta realidad, y sobre todo del evento histórico que estamos viviendo actualmente, la pandemia de covid-19, no es prudente que no haya un mayor estímulo en las relaciones hispanos-portuguesas.

Las diferentes estrategias sobre cómo Portugal y España enfrentaron esta maldita pandemia, que frenó prácticamente a todo el mundo, podrían haberse hecho de manera diferente.

Y aquí faltaba una característica muy importante: la cooperación.

Especialmente porque el virus covid-19 no conoce fronteras.

Muchos ya han definido el Iberismo con diferentes significados.

El Iberismo sólo es correcto cuando se lleva a cabo a favor del desarrollo sostenible de sus ciudadanos. Y también cuando se respetan los sentimientos, la historia, la cultura y las costumbres de cada pueblo.

En otras palabras, este movimiento o cualquier corriente de pensamiento que quiera alcanzar sus fines de una manera práctica, debe a su vez ser enriquecida por otra característica: la conciencia.

La eficacia de una comunidad ibérica puede y debe estar inspirada en la Unión Europea.

Sería muy bienvenido una comunidad ibérica que tenga como objetivo resolver los problemas y desarrollar socialmente a sus ciudadanos.

Pero la creación de este nuevo paradigma de Iberismo, no puede entrar en una lógica únicamente de los intereses centrales de Madrid y Lisboa.

Si es cierto, sería esencial la creación de esta nueva organización internacional, con el apoyo institucional, financiero y logístico de los gobiernos nacionales. Esta es la única forma de lograr el reconocimiento institucional en la Península Ibérica en el extranjero. Su mayor virtud es la autonomía de sus decisiones, obviamente dentro de los límites que confieren la Constitución de la República Portuguesa y la Constitución del Reino de España.

La creación de una estructura ejecutiva, legislativa y consultiva proporcionaría la forma esencial de conectar a los ciudadanos ibéricos y sus regiones.

Si en el pasado, las vías romanas en Hispania eran de vital importancia para la defensa y el desarrollo del Imperio Romano, hoy las «nuevas vías» de la comunidad ibérica también deben tener su espacio.

(1) Sebastián Rojo (org.), Portugal, España e integración europea, Social Sciences Press, pp. 24, 2005, Lisboa

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