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EL JUEGO DE CINTURA DE CHINA

A menudo escuchamos la expresión “tener un juego de cintura” en diferentes circunstancias. Y en el gran juego de ajedrez que es la geopolítica, China también tiene su propio juego de cintura.

Sabemos que cada persona interpreta un hecho a su manera. Y la definición más habitual para caracterizar la expresión “tener un juego de cintura” es cuando alguien en problemas, en el último momento encuentra la solución deseada.

Esto es lo que le sucedió a China con el desarrollo de la pandemia covid-19.

Muchos libros sobre emprendimiento y autoayuda definen la paciencia como una de las características más importantes para los seres humanos.

China supo tener esa paciencia, de hecho, fue tener la famosa paciencia china para que otros no tuvieran el ingenio para poseerla.

Este juego de cintura y de paciencia de la China de Xi Jinping fue decisivo para cambiar la situación de desventaja al comienzo de la pandemia 19,  en este volátil juego de ajedrez geopolítico.

La administración de Donald Trump ha definido claramente su principal prioridad de política exterior: China.

Pero para ser justo, este cambio en la política exterior hacia China ya se había iniciado durante la administración de Barack Obama, sin la exageración expresiva típica del presidente Donald Trump.

China y el Pacífico obtendrían entonces una mayor atención de los Estados Unidos.

El creciente déficit en la balanza comercial de los Estados Unidos con China y el visible crecimiento anual del PIB chino amenazan a largo plazo la posición de los Estados Unidos como líder de la economía mundial.

Toda esta guerra comercial es básicamente uno de los componentes de una confrontación geopolítica a gran escala, que sin embargo tiene una característica muy singular.

Si Estados Unidos fue anteriormente la tierra de las grandes oportunidades, donde los ciudadanos de todo el mundo persiguieron el llamado “sueño americano”, China antes era vista como una sociedad cerrada, conservadora y proteccionista.

Sin embargo, hoy vemos una inversión de estas posiciones frente a la globalización.

China ve la globalización como un medio adecuado para distribuir sus exportaciones por todo mundo. Mientras tanto, la administración de Donald Trump quiere mitigar el valor de la globalización, promoviendo a su vez el proteccionismo nacionalista en la economía, como una forma de evitar la paridad entre las dos economías más grandes del mundo.

Si la política exterior estadounidense ya definió a China como su gran prioridade, ya China estaba muy animada por su gran proyecto de política exterior: la iniciativa One Belt One Road.

Más que una guerra comercial o una disputa diplomática de gran alcance geopolítico, la relación sino-americana está entrando en una retórica populista indeseable.

Esta retórica poco recomendable entre los dos países, a veces entrando la demagogia, puede ser un gran peligro cuando se superan los límites de la ética diplomática, lo que podría amenazar la paz y el desarrollo económico y social del mundo.

El 4 de octubre de 2018, el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence,  lanzó un fuerte ataque contra China en las siguiente afirmación: “es un sistema orwelliano, una autoridad que destruye cruces y quema Biblias y arresta a creyentes, hace coerción en los negocios, de los estudios de cine, universidades, think tanks e investigadores norteamericanos (1).

Este es sólo un ejemplo de cómo el discurso político oficial de los Estados Unidos hacia China está bastante inflamado.

La evolución económica y social de China es bastante evidente. El PIB per cápita de China en 1980 fue de 194 dólares y en 2015 (en dólares de 2010) de 9.174 dólares (2). Y ahora, su dinamismo tecnológico es otra razón por la cual los responsables políticos estadounidenses ven a China como una constante amenaza para sus intereses.

La diplomacia de las mascarillas

La lógica podría hacer creer que después del aumento de las tasas de aduanas estadounidenses,  las exportaciones chinas estarían en dificuldades. Además, el embargo al comercio tecnológico entre los dos países y el  episodio del arresto en Canadá el 1 de diciembre de 2018 por parte de Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei y hija del fundador de este gigante tecnológico, y en los albores de la pandemia del covid 19 en China, las perspectivas para el lado chino estaban lejos de ser alentadoras.

Muchos analistas políticos predijeron cambios importantes en el orden mundial.

Una de estas corrientes de opinión argumentó que China estaba terminando como la gran fábrica del mundo, con todas las consecuencias económicas y sociales que resultarían de este supuesto evento.

Por otro lado, con el fin anunciado (por algunos) de la globalización, su crecimiento económico se mitigaría considerablemente. Todos estos eventos podrían haber significado el fin de la aproximación entre las dos economías más grandes del mundo.

Sin embargo, la pandemia del covid 19 en China fue controlada con organización, paciencia y experiencia.

El ejemplo de esta organización ocurrió con la construcción de un nuevo hospital en solo 10 días. Era una señal inequívoca de que este virus, que en aquel momento se consideraba solo una epidemia, estaba siendo tomado muy en serio por las autoridades chinas.

Este tipo de enfermedad viral ya es muy respetada en Ásia, y el uso de máscaras en público es una práctica común. Por lo tanto, existe experiencia acumulada sobre este tipo de episodios epidémicos.

Finalmente, hubo suficiente paciencia china y el juego de cintura para implementar la llamada “diplomacia de las mascarillas” por casi todo mundo.

En 2018, China tenía el 42% de la cuota de exportación mundial de equipos y materiales de protección personal.

Esta ventaja competitiva permitió a Pequín crear una táctica de ayuda humanitaria, la llamada “diplomacia de máscara”.

Esta ayuda china tuvo un impacto aún mayor en Europa, especialmente en Italia. Además de la cuestión humanitaria, en términos políticos y de imagen, los italianos mostraron públicamente la poca consideración efectiva de la Unión Europea sobre el sufrimiento causado por el covid 19.

Como protesta contra la actitud insegura de la Unión Europea, muchas empresas italianas intercambiaron la bandera de la Unión Europea por de China. ¡Da que pensar!

En resumen, esta pandemia ha sacado otra versión de China. Priorizó las vidas humanas sobre la economía.

Y a pesar de la mala calidad del material de algunos proveedores chinos de equipos de protección personal, el mundo en general sabía que podía contar con el apoyo de China.

Si en términos económicos el mundo ve disminuido su valor, algunos más que otros, sin embargo, China es el único que ve por ahora fortalecida su reputación internacional.

El juego de cintura jugado por la diplomacia de las mascarillas equilibró el gran juego de ajedrez de la geopolítica.

Bruno Caldeira

(1) Serge Halimi, Washington contra Beijing, Le Monde Diplomatique, edición en español, octubre de 2019

(2) Philip S. Golub, Entre Estados Unidos y China, una guerra más geopolítica que comercial, Le Monde Diplomatique, edición en español, octubre de 2019

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