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UNA NUEVA IDEA PARA ESPAÑA

La noción general cuando una situación tarda mucho en resolverse, es que quizás lo mejor sea cambiar todo o casi todo. Sin embargo, una sola idea nueva puede ser suficiente para su correcto funcionamiento. Posiblemente, una nueva idea para España, también pueda serlo.

Como sabemos, el contexto político en España es muy complejo. Algunos españoles me confesaron que nunca habían visto en su sociedad una división tan profunda como ahora (salvo la Guerra Civil).

Más que en cualquier otro país, la representación de las fuerzas políticas en el Congreso de los Diputados refleja la orientación sociológica de su población.

Aquí hemos representado antagonismos casi perfectos: derecha vs izquierda, monárquicos vs republicanos, protección del Estado vs liberalismo, revolucionarios vs franquistas, independentistas vs españoles, multiculturalistas vs racistas …

En cuanto a las divisiones sociales de los españoles, Campofrío lanzó hace unos años una curiosa y pertinente campaña publicitaria navideña, explorando estas diferencias sociales. A pesar del impacto de esta campaña, lo cierto es que la sociedad española aún no se ha parado a pensar en su futuro.

Por ejemplo, durante todos estos años se han escrito inmensas reflexiones sobre el Procés catalán, que aún no han sido suficientes para encontrar una “luz al final del túnel” para resolver este mismo dilema.

Muchas de estas ideas tienen un gran valor reflexivo y otras de gran importancia académica, pero la discusión mediática de este problema territorial ha caído lamentablemente en el abismo de la esterilidad del extremismo dialéctico.

El ejemplo portugués para la nueva idea para España

Las diferencias políticas y sociales entre España y Portugal son enormes en algunos aspectos.

Algunos dicen que la política portuguesa es más solemne que la española. Más que solemne o institucionalizada, la política portuguesa, por ahora, tiene más pudor. Este pudor se traduce en un mayor respeto de la clase política por sus instituciones.

Pero este pudor, o más bien este respeto institucional, también tiene su espejo en la educación política.

El fervor de la dialéctica política en Portugal (en la mayoría de los casos) todavía trata a su oponente con respeto y solemnidad “Señor Presidente de la República”, “Señor Primer Ministro”, “Señora Ministra”, “Señora Diputada”.

Es obvio que este respeto institucional no significa que todos deban pensar de la misma manera.

Por ejemplo, el Partido Comunista Portugués (PCP), quizás el último gran partido comunista ortodoxo de Europa, siempre se ha opuesto a la adhesión de Portugal a la OTAN o al euro, siempre se ha opuesto a la privatización de las empresas estatales, pero eso no le impide tener respeto institucional y de lenguaje.

Hay quienes confunden el respeto institucional con lo políticamente correcto.

Puede ser políticamente incorrecto mostrar su descontento con las decisiones del gobierno, declarando enérgicamente sus “ideas revolucionarias” sin fallar el respeto institucional.

Por la dignidad de la política

La elevación del arte de hacer política en las instituciones es crucial para no transformar el debate para resolver problemas ciudadanos, en simples conversaciones de taberna, donde la esterilidad discursiva y el ataque a la dignidad personal son el énfasis cada vez más dominante.

Aumentar la calidad de la clase política significa que las ideas se debatan seriamente dentro de las instituciones, no en tantos sucesos.

Pero solo puede haber más calidad política si hay más respeto institucional, que entre otras cosas se caracteriza por el uso adecuado del lenguaje.

Esta es una idea nueva para España: el uso de un lenguaje que dignifique a los representantes del pueblo español.

Los españoles son bien conocidos por su espontaneidad e informalidad.

La informalidad entre amigos y conocidos puede ser muy útil para abrir o mejorar las relaciones sociales. Ahora bien, tomar toda esta informalidad junto con una verborrea vulgar no puede ser el protocolo más adecuado por parte de los miembros más importantes de las instituciones políticas españolas.

Evidentemente, esta tarea no es fácil dado el contexto político y social actual. Sin embargo, si hablamos con tanta fuerza de la necesidad de celebrar pactos de Estado, esta nueva idea para España: poner en práctica un pudor o respeto institucional, plasmar el lenguaje de los políticos entre sí, y entre ellos y el resto de instituciones, …sería dar un paso adelante.

El derroche de energías y el contagio que la clase política transmite a su sociedad, con un lenguaje respetuoso, ciertamente mitigaría menos enfrentamientos sociales innecesarios.

Esta es una nueva idea para España.

Bruno Caldeira

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