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SOMOS ASÍ TAN MALOS…

En tiempos de crisis, debemos meditar sobre nuestra presencia y nuestra utilidad dentro de nuestra propia sociedad. Y a veces tenemos ganas de preguntarnos: ¿por qué somos así tan malos?

La pandemia que aún atravesamos podría moldear un poco más nuestra personalidad. Podríamos ser más tolerantes, respetuosos y agradecidos. Nada de esto parece estar sucediendo en el espacio mediático.

Surge de nuevo la pregunta: “¿por qué somos así tan malos”?

El misterioso origen del nuevo coronavirus provocó que el mundo hiperconectado creara todo tipo de preocupaciones.

Pero la mayor preocupación que podemos observar durante esta pandemia es la profunda división entre las personas y su enaltecimiento personal e ideológico sin justificación.

A pesar de la gravedad de la situación, se tiene la sensación de que lo peor ya pasó, y esta relajación se puede hacer en nombre de la economía, del empleo y de la socialización. Esta teoría en parte tiene su razón. Pero cuando no hay confianza en la sociedad, por la cantidad de muertes y hospitalizaciones asociadas a esta enfermedad, se deben moderar los impulsos más liberales, o especialmente los más libertinos.

Sin embargo, no es esta la dicotomía que está en juego. De hecho la dicotomía: libertad de movimiento o encierro es perfectamente comprensible y humana. Lo que está en juego en realidad es algo más interno del alma y de la condición humana.

El individualismo humano

El individualismo aquí asume un papel importante en el control de la pandemia del covid 19. Aquí la palabra “individualismo” destaca por su doble significado.

En teoría, ese autocontrol y la disipación de esta pandemia serían suficientes con un par de semanas de aislamiento, para evitar el contagio a otros individuos. Porque en este momento solo dependemos de nosotros mismos para superar ese gran desafío de salud.

El problema es que hay otro lado del “individualismo”, la parte más oscura.

Es por esta cara negra del individualismo, de pensar exclusivamente en uno mismo, que la guerra contra el coronavirus sigue cayendo hacia el lado del siniestro virus.

El desafío planteado por esta pandemia demostró que la humanidad tiene una tendencia a la autodestrucción casi natural. Y aquí viene el título de esta reflexión: ¿por qué somos así, tan malos?

Esta incapacidad efectiva de la humanidad de no poder actuar en comunidad para ayudar a la supervivencia de cada individuo es muy inquietante.

Además de una profunda reflexión que debe hacer la humanidad, existen por otro lado, varios desafíos y cambios sociológicos que conviene aprovechar. El momento de lamentar “por qué somos así tan malos” debería ser pasado.

Y en esta pequeña reflexión, solo quiero dar un ejemplo de la falta de ambición en los humanos: la contaminación ambiental.

Aparte de la gran discusión sobre el cambio climático, sea o no responsable de la aparición del coronavirus, lo que quiero destacar es su reflejo en la falta de reflexión.

La primera ola de la pandemia fue algo única de la Historia Universal. ¡Todo se detuvo!

El confinamiento de los ciudadanos del mundo en casa y las calles “desiertas” crearon un escenario nunca jamás visto. Como resultado en las ciudades más contaminadas, su atmósfera ya era más limpia y respirable.

Es una pena que la primera ola del covid 19, ese tiempo tampoco se haya utilizado para la reflexión. Y prueba de esta falta de atención al problema que afecta gravemente al mundo, es la contaminación atmosférica. Lamentablemente hoy volvemos al punto de partida, se acabó este confinamiento forzoso.

¿De verdad somos tan malos? No podemos aprender de nuestros errores y ¿por qué no aprovechar las oportunidades que se nos brindan?

Ya sabemos que en cierto modo somos así tan malos, sin embargo, urge el momento de metamorfosear parte de nuestra personalidad.

Bruno Caldeira

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