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REDESCUBRIR IBEROAMÉRICA CON TOMÁS MALLO

Tomás Mallo es un prestigioso iberoamericanista español que se acaba de jubilar. Con él vamos a redescubrir Iberoamérica desde el punto de vista político, sociológico y cultural. Y a pesar de su jubilación, Tomás Mallo promete continuar trabajando en temas que le han preocupado siempre; a saber, estrechar los lazos entre Latinoamérica y España con dedicación especial a la Cooperación Internacional para el Desarrollo y, dentro de ésta última, a impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

La vida académica y profesional de Tomás Mallo:

Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Docente en diferentes instituciones y universidades españolas y latinoamericanas e investigador y consultor para organismos nacionales e internacionales (Aecid,  Televisión Educativa Iberoamericana, Convenio Andrés Bello, Comisión Europea, Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, Federación Española de Municipios y Provincias, Organización Iberoamericana de la Juventud, Secretaría de Cooperación Iberoamericana, UNESCO). Y en los últimos 15 años ha trabajado en la Fundación Carolina antes de se jubilar.

Ha publicado diversos trabajos sobre las relaciones de España con América Latina. Ha sido miembro de las Juntas Directivas de  la Coordinadora Estatal de ONGD, la Asociación de Hispanismo Filosófico, la Asociación de Revistas Culturales de España, la Federación Iberoamericana de Revistas Culturales y del Ateneo de Madrid. Fue editor de la revista Síntesis.

Pasó buena parte de su vida trabajando en temas iberoamericanos. ¿Qué significa Iberoamérica para usted?

La significación de “Iberoamérica” ha ido evolucionando desde la I Cumbre Iberoamericana celebrada en Guadalajara (México) en 1991. Creo que entonces éramos bastantes, latinoamericanos, españoles y portugueses, los que teníamos la convicción de que dicha Cumbre serviría para aprovechar las ventajas de la globalización y que era un proyecto de las democracias de los países ibéricos. Un año después, en 1992 -año del V Centenario del Descubrimiento-, muchos nos dimos cuenta también que una buena parte de la población latinoamericana no tenía nada que celebrar…

Desde entonces los consensos políticos en las Cumbre Iberoamericanas se fueron haciendo más difíciles y se apostó por la Cooperación iberoamericana -considerada como la “piedra angular” de las Cumbres- en la Cumbre Iberoamericana de San Carlos Bariloche (Argentina) en 1995. Se regulaba la cooperación iberoamericana consolidando programas de cierta envergadura y significación, como el Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), el Centro Iberoamericano de desarrollo estratégico urbano (CIDEU), el Fondo Indígena o el Programa de Alfabetización y Educación Básica de Adultos (PAEBA) y creándose otros nuevos, como el exitoso Programa Ibermedia.

A partir de entonces se creará la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (SECIB), que con los años será sustituida Por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) considerada con la Secretaría Permanente de las Cumbres.

Durante estos años he realizado “valoraciones” de distintas Cumbres y me referiré, en estos momentos, sólo a dos muy significativas para mí. La primera, la VIII Cumbre Iberoamericana de Oporto, celebrada los días 17 y 18 de octubre de 1998, con el tema de “Los Desafíos de la Globalización y la Integración Regional” que estuvo muy bien organizada y en la que se crea la SECIB y que por los avatares de la actualidad, tendrá como tema añadido la detención del General Pinochet en Londres. Y la segunda, la de Salamanca, celebrada los días 14 y 15 de octubre de 2005, que fue el punto de partida de la SEGIB, ratificándose, por otra parte, el acervo Iberoamericano integrado por los valores, principios y acuerdos aprobados en cumbres anteriores. En Salamanca se presentaron también las bases para una Carta Cultural Iberoamericana, que será aprobada un año después en la Cumbre Iberoamericana de Montevideo. Por otra parte, en Salamanca se celebra el primer Encuentro Cívico Iberoamericano, en lo que trabaje intensamente.

La SEGIB ha tenido dos etapas, la del mandato de Enrique Iglesias y la del mandato de Rebeca Grynspan. En ambos se han producido altibajos en cuanto a los resultados de las Cumbres, pero se han consolidado las actividades de cooperación sorteando momentos difíciles para el diálogo y la concertación políticas. Hoy vivimos también un momento muy difícil derivado de los efectos económicos y sociales de la COVID-19 y todo indica que habrá que replantearse el funcionamiento del sistema iberoamericano desde todas las perspectivas posibles y contando con todos los actores del mismo.

¿Podemos esperar que algún día la Comunidad Iberoamericana tenga el mismo modelo institucional que la Unión Europea?

Si se producen avances de las Cumbres Iberoamericanas, lo que espero y deseo, creo que organizativamente no tiene por qué imitar al modelo institucional de la UE, que como Usted sabe tampoco es perfecto. Las Cumbres Iberoamericanas tienen que buscar modelos propios que, a mi modo de ver, tienen que alejarse de la retórica y lo políticamente correcto y conseguir resultados efectivos para la mejora de la vida de los ciudadanos. Se puede hacer si se tiene voluntad política.

La Fundación Carolina es una de las instituciones que más se dedica a un mejor conocimiento de Iberoamérica en el ámbito educativo y cultural. De hecho, Fundación Carolina celebra este año su vigésimo aniversario. ¿Cómo ha desarrollado esta institución su labor a favor de la causa iberoamericana?

La Fundación Carolina ha realizado en sus 20 años de existencia una labor extraordinaria, tomando como base sus programas de becas que aportan resultados a la cooperación avanzada en Educación Superior. Estamos hablando en la práctica de más de 20.000 becas, estadías de investigación y visitas, con una inversión aproximada de 170 millones de euros. Estamos pues ante un modelo de programa bilateral, que dice mucho de la cooperación española, y de un modelo multilateral iberoamericano con excelentes resultados en la Educación Superior de todos los países de la región.

Permítaseme añadir que la Fundación ha realizado y realiza una importante labor de estudios y análisis, contribuyendo al fortalecimiento de la política exterior y la cooperación españolas y que, a través de la Red Carolina, España tiene una diplomacia pública consolidada sobre el terreno.

¿Vale la pena invertir en cultura y educación para mantener abierto este gran foro llamado “Iberoamérica”?

Ante las dificultades del diálogo político existente entre los distintos países iberoamericanos, son muchos los que defienden que Iberoamérica podría tener una personalidad propia centrada en tres espacios: la cooperación cultural, la cooperación educativa y científica y la cooperación para el desarrollo sostenible. Para avanzar en dichos espacios, que ya están formulados de alguna manera, hay que profundizar en los mismos tomando distancia de las cuestiones políticas. Por ejemplo, se acaba de celebrar en México un Congreso de Cultura Iberoamericana en el que se han realizado aportaciones para una Estrategia Iberoamericana de Cultura y Desarrollo. Cuando tengamos resultados prácticos provenientes de dicha estrategia, podremos certificar la importancia de dicha profundización y el avance hacia un Pacto Social Global, como se ha puesto de manifiesto en dicho Congreso. En definitiva, por esto y por lo dicho anteriormente, yo diría que, efectivamente, vale la pena invertir en educación, cultura y desarrollo sostenible.

Todavía son insuficientes comparados con los de otros países del mundo, como demuestran las publicaciones del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO. Portugal, España y los países latinoamericanos deberían considerar aumentar las partidas presupuestarias para aumentar la movilidad académica.

¿Son suficientes los incentivos para la movilidad en este gran espacio geográfico de científicos, profesores y estudiantes?

Una mayor movilidad académica entre los países iberoamericanos y en estos momentos, contribuiría no solo a la mejora de la formación, aumentando, por ejemplo, el número de doctores; sino también saliendo al paso del abandono de la universidad que se va producir, por efectos de la pandemia, en los países latinoamericanos.

Solo por eso, habría que invertir mucho más y hacerlo de una manera inteligente, como hace la Fundación Carolina, alineando las ofertas de las universidades españolas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y considerando a becarios con conciencia social, sin menosprecio de la excelencia académica.

Sin embargo, la memoria histórica de la conquista de América por España sigue muy presente. Por ejemplo, López Obrador, el presidente de México, le pide repetidamente a España una disculpa formal a España. ¿Pueden estos casos perjudicar la confianza de los gobiernos iberoamericanos en la creación de relaciones bilaterales y multilaterales duraderas?

Efectivamente la historia de la conquista y colonización de América y la esclavitud influyen en las relaciones de España y otros países europeos con los países latinoamericanos. Tres siglos de historia no se pueden ni se deben olvidar. Como tampoco se puede y se debe olvidar la opresión a la que sometieron y siguen sometiendo las estructuras políticas existentes a los indígenas y afrodescendientes, a los pobres y a las mujeres, en los dos últimos siglos.

Vistas así las cosas convendría crear comisiones de historiadores de distintos países que revisarán las fuentes y las obras históricas para que todos tuviéramos una visión más objetiva de la historia. Habría que trabajar también desde la educación y la generación de conocimientos en lo que podríamos llamar la “descolonización de las mentalidades”. Y esto también aquí y allá. De esa manera podríamos utilizar la historia objetivamente y no como instrumento partidista y electoralista, al que se recurren los gobernantes cuando no quieren o no saben gestionar con eficacia los problemas que tienen los ciudadanos de nuestros países.

Y precisamente en materia de ciudadanía, ¿cómo se percibe la relación entre España y Latinoamérica?

Las relaciones entre la ciudadanía de España y América Latina son muy variadas, desarrollándose proyectos y encuentros con participación conjunta. Mi paso por la Coordinadora Estatal de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo o por la Asociación Española de Fundaciones, así lo atestiguan. En ocasiones he vivido momentos esperanzadores, como fue la organización del I Encuentro Cívico Iberoamericano en el marco de la Cumbre Iberoamericana de Salamanca en 2005. Pero el gran problema sigue siendo la escasa capacidad de participación de la sociedad civil en los asuntos públicos que afectan, sobre todo, a los ciudadanos. Esta es otra de las lecciones que nos deja la COVID-19 y esto tiene que cambiar. A partir de ahora tendremos que hablar necesariamente de un Pacto Social Global que nos ponga en situación de demandar la solución de los problemas que tenemos los ciudadanos. Tenemos que ponernos a trabajar ya.

De las muchas reuniones y conferencias que ya ha organizado como secretario de la sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid, ¿cuál ha sido la más memorable?

Hemos organizado en la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid actividades importantes e ilustrativas. Usted recordará las dedicadas a la “iberofonía”, en las que participó.

A finales de los 80´ llegó a la presidencia del Ateneo José Prat García, socialista, exiliado en Colombia y hombre de una gran bonomía, que me sugirió recrear la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid que había dejado de funcionar con la Guerra Ciuvil. Esto me permitió conocer y tratar a personalidades latinoamericanas como Paulo Freire, Leopoldo Zea o Augusto Roa Bastos o convocar a los partidos políticos españoles para manifestarse públicamente a favor del No en el plebiscito (1988) que contribuyó a terminar con la dictadura de Pinochet en Chile. Así pues, la experiencia de la Sección Iberoamericana me hizo comprender que para conocer América Latina había que escuchar a los latinoamericanos y trabajar con ellos. Además, me puso en disposición de dar un paso más en mi trayectoria americanista, porque de la misma también formaba parte Guadalupe Ruiz-Giménez, secretaria general de la Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos (AIETI), organización en la que comenzaré una nueva etapa.

En una segunda fase, y sin referirme ahora a las muchas actividades de todo tipo -incluidas las editoriales- realizadas en la Fundación Carolina, cabe destacar que por la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid han pasado numerosas personalidades políticas, del mudo de la cultura, del mundo académico y de las sociedades de España y América Latina.Éstas han sido acompañadas además por una actividad editorial de sensibilización, en la que destacan la edición de libros, artículos sobre distintos temas, por ejemplo, sobre las Cumbres Iberoamericanas, informes sobre la situación de los estudios americanistas en España, artículos de estrategia sobre la política exterior española en América Latina o trabajos sobre proyectos de investigación.

Con mucha humildad, pero considero que ha sido una labor intensa la que hemos realizado algunos socios y de forma gratuiota, en la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid.

Finalmente, se acaba de jubilar, ¿que va a hacer usted ahora?

Desde luego seguiré trabajando en los temas que me han preocupado siempre; a saber, estrechar los lazos entre Latinoamérica y España con dedicación especial a la Cooperación Internacional para el Desarrollo y, dentro de ésta última, a impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Pienso, de forma concreta, en algunos trabajos sobre la historia de las relaciones entre España y América Latina y también en un asunto del que algo hemos dicho en esta entrevista: en el diálogo necesario entre las sociedades de Portugal, España y los países latinoamericanos y Caribeños para avanzar en un Nuevo Pacto Social Global.

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