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Todo emprendedor debe estar dispuesto a desafiar sus paradigmas

La Mentalidad del Emprendedor

La mentalidad es muy importante y que ésta ha de ser positiva es indiscutible.

Pero positiva no quiere decir que sea irresponsable, inocente, o necia. Positiva por cuanto has de tener en cuenta siempre todos los escenarios, tanto los buenos, como los mediocres, como los malos.

No nos puede tomar por sorpresa la obtención de malos resultados, tenemos que tener prevista esta circunstancia, que no nos agarre desprevenidos. Debemos tener un plan de acción para cada resultado, de esta forma evitaremos frustraciones, al tener previstas estrategias para enfrentar posibles fracasos.

Como ves es requisito indispensable para ser emprendedor tener buena mentalidad.

El éxito de los negocios recae en ti, es tu responsabilidad, no depende de tu producto, de tu tecnología, ni de tu marketing al cien por cien.

Nuestros paradigmas, nuestras creencias, el cómo percibo el mundo, qué opino sobre el fracaso, sobre el dinero, sobre la procrastinación (el dejar para mañana lo que puedo hacer ahora), etc. influye y mucho en el éxito de nuestro emprendimiento.

Un emprendedor debe superar sus creencias limitantes, tales como “Yo no valgo para emprender”, “los que tienen mucho dinero no lo han conseguido de forma honrada”, “son más felices los pobres que los ricos”, “sin estudios es imposible prosperar en la vida”, “es imposible prosperar sin padrinos”, “es imposible prosperar en tiempos de crisis”,…

Cono expongo en mi libro “La Felicidad está en el Camino” que las creencias limitantes son aquellas creencias que condicionan nuestra vida. La mayoría de las veces son subconscientes, no somos conscientes de que las tenemos. Estas creencias limitantes nos llevan a percibir una realidad que nos impide avanzar, crecer, desarrollarnos o alcanzar nuestros objetivos elaborados por nuestro consciente.

Recuerda que:

Nuestras creencias determinan nuestros pensamientos.

Nuestros pensamientos determinan nuestras emociones

Nuestras emociones determinan nuestras acciones, y

Nuestras acciones determinan nuestros resultados

Por tanto, para cambiar nuestros resultados necesitamos cambiar nuestras creencias.

Durante el tiempo de 0 a 7 años de edad aproximadamente nuestro subconsciente se va programando con lo que percibe del exterior, bien por lo que ve, bien por lo que oye o por lo que siente a su alrededor, principalmente de sus padres, familia, profesores, etc.

Por eso podemos llegar a decir que no estamos destinados, estamos programados, estamos condicionados por esos patrones que nos inculcaron y nosotros absorbimos desde pequeños.

Cambiar los paradigmas, nuestras creencias es difícil porque fueron programados cuando éramos pequeños bien por lo que vimos, bien por lo que oímos o bien por lo que sentimos y a través de nuestra vida en función de nuestros impactos emocionales.

Pero a fuerza de repetición, a fuerza de motivación, de autoconocimiento podemos llegar a cambiar aquellos paradigmas (creencias) que nos limitan, que no nos permiten progresar en nuestro propósito.

Todo emprendedor debe estar dispuesto a desafiar sus paradigmas.

Una empresa exitosa no se construye si mantienes la mentalidad de un empleado.

Si te lanzas al emprendimiento pensando que vas a ganar más trabajando menos, estás en un error. Te encontrarás al principio con una gran desilusión. Antes de renunciar a tu empleo, desarrolla una mente emprendedora para afrontar los retos que vas a encontrar en el camino.

A continuación relaciono algunas creencias en la mentalidad de un empleado (ojo, no quiero decir que todos los empleados son iguales, ni mucho menos; me refiero a aquellos empleados no emprendedores, no proactivos, a los que no les gusta salir de su zona de confort) frente a

la de un emprendedor, inspirado en la clasificación que en su día hizo Jürgen Klaric:

1.- El Empleado: Comodidad y seguridad. El Emprendedor: libertad e independencia.

El empleado obtiene un salario (etimológicamente salario viene del latín salarium, durante el antiguo imperio romano, muchas veces se hacían pagos a los soldados con sal) a cambio de su trabajo.

Los empleados trabajan con la seguridad de que a final o a principios de mes van a cobrar.

Es para lo que fueron programados por sus padres y entorno más cercano, sobre todo a partir de los años 60 hasta final de siglo XX:

“Estudia, saca buenas notas, termina la Universidad y así accederás a un buen puesto de trabajo bien pagado y estable”.

Este paradigma actualmente no es sostenible por cuanto aquellas empresas en las que desarrollabas toda tu carrera profesional desde que acababas la carrera hasta que te jubilabas, están desapareciendo.

La evolución de los sistemas y procesos de las empresas del siglo XXI así lo exigen.

El emprendedor prescinde del salario del empleado y su “teórica seguridad” a cambio de un propósito superior.

Los ingresos del emprendedor se vuelven inciertos pero pueden llegar a ser ilimitados, van a depender de ti mismo, de tu compromiso con tu empresa. Si buscas dinero rápido, mejor busca trabajo.

El empleado prefiere la seguridad de un sueldo y la comodidad (que a la postre se puede volver incomodidad) de un puesto fijo, básicamente porque no quiere arriesgarse, no quiere salir de su zona de confort. Ésto es debido principalmente a 2 motivos:

a) El cerebro reptiliano, la parte del cerebro que lucha por su supervivencia y ahorro de energía. Todo cambio conlleva riesgo y eso es lo que no quiere el cerebro. Prefiere mantener al empleado en la zona protegida, la que ya conoce (más vale malo conocido que bueno por conocer). El cerebro reptiliano es el que te aparta del progreso, de tomar decisiones importantes, de avanzar.

b) Las creencias, aquellas que se han grabado en tu cerebro inconsciente a partir de escuchar, ver y sentir opiniones acerca de la bonanza de un puesto fijo frente al riesgo que corren los emprendedores, hacen también que el empleado valore más un puesto por cuenta ajena que por cuenta propia.

2.- El Empleado: Busca al jefe. El Emprendedor busca clientes.

Cuando eres empleado el jefe es la persona bajo la que te subordinas. El jefe es el que va a disponer de tu tiempo y a definir lo que vas a cobrar.

El asalariado tiene tres características: La subordinación, el horario y el salario.

La subordinación por cuanto ha de obedecer las directrices marcadas por su superior.

Horario, por cuanto generalmente se ha de cumplir un horario tipificado “X” horas de media al día o a la semana. Aunque en las empresas tecnológicas o más modernas se están estableciendo el teletrabajo, que permite trabajar en cualquier sitio y horario fuera de la empresa (como hemos visto en tiempo de pandemia), y el trabajo por resultados.

Sin embargo, el emprendedor no tiene jefe, él es su propio jefe y no tiene que caer en el error de confundir clientes con jefes. No puedes atribuir a los clientes las prebendas del superior.

Ésto, al principio de mi emprendimiento, lo llegué a confundir, pasé de tener un jefe a tener tantos jefes como clientes. El exceso de confianza conllevó que no respetaran mi tiempo personal.

Los clientes no pueden ni deben hacer que te subordines a ellos ni disponer de tu tiempo, ni determinar lo que te van a pagar; eso lo has de hacer tú. Los clientes no te pueden exigir como si fueses su asalariado, no pueden disponer de todo tu tiempo, la relación con tus clientes no puede repercutir en tu integridad, tu salud o tu reputación.

Si así lo haces, serás un falso emprendedor. Serías un falso autónomo (trabajador por cuenta propia), figura desgraciadamente extendida en España, en el que ciertos empresarios por no asegurar a sus trabajadores, en fraude de ley, realizan contratos mercantiles y no contratos laborales y así los convierten en proveedores, aunque siguen estando bajo órdenes y directrices de esos empresarios.

Tú vas a poner tus condiciones, de tal forma de que no te pasen por encima.

Vas a pasar de trabajar para las empresas a trabajar con las empresas.

Una fórmula para cambiar progresivamente tu mentalidad es primero pasar de mentalidad de empleado a autoempleado, de esta forma pensarás en facturación y no en sueldo y, una vez pienses como autoempleado, pasarás a pensar como hombre de negocios, en beneficios, y luego como inversor, en patrimonio. Y ¿por qué? Porque donde va tu enfoque va tu atención y eso es lo que creas. Y querrás crear un importante patrimonio… ¿verdad?

3.- El empleado: Trabaja en lo que le mandan. El Emprendedor: Trabaja según su pasión.

El empleado trabaja según lo que le encarguen, esté de acuerdo o no. Sin embargo, el emprendedor trabajará en su pasión, en aquello que le acerque a su propósito de vida, en aquello que sirva a su clientela, en aquello que mejore la calidad de vida de sus clientes (dharma).

No has de enfocarte en que vas a trabajar menos y ganar más, has que enfocarte en que vas a trabajar en tu pasión. Si es así la rentabilidad está asegurada. En caso contrario… no lo estará. 

Trabajar en tu pasión, en aquello que te acerque a tu propósito de vida es el mejor billete hacia tu éxito.

4.- El Empleado: Vende su tiempo. El Emprendedor: Aporta Valor.

El empleado cambia tiempo por dinero.

El emprendedor no tarifica sus minutas en función de las horas empleadas en el desempeño de su trabajo, sino en función del valor que aporta a sus clientes, de las soluciones que resuelven sus problemas, o desvanecen sus miedos.

A los clientes les da igual el tiempo que tardes (horas de trabajo) en proporcionar tu producto o servicio. El cliente compra resultados.

A mayor valor aportado, mayor precio puedes exigir. Que vendas o que no vendas no es una cuestión de precio es una cuestión de valor percibido.

5.- El empleado: Trabaja por horas. El emprendedor: Trabaja por metas y objetivos.

El emprendedor trabajará por metas y objetivos, no por horas, de esta forma ganará en libertad e independencia.

El emprendedor deberá gestionar inteligentemente su tiempo, priorizando lo urgente de lo importante y de lo secundario. Es importante diferenciar entre estar ocupado y ser productivo.

El emprendedor se enfoca en aquellas actividades que le acerquen a lograr tus objetivos.

El éxito del emprendedor no viene de la cantidad de horas que haya trabajado, sino de los resultados que haya obtenido.

6.- El empleado: Ahorra. El emprendedor: Invierte.

Mientras el empleado ahorra para gastar, el buen empresario invierte en su negocio.

Algunos empresarios gastan sus beneficios a medida que los van consiguiendo y no se preocupan en invertir para que su dinero trabaje para ellos.

La inversión de los beneficios es la única forma de obtener la libertad financiera, aquella que te proporciona ingresos sin tener que estar presente en tu empresa.

7.- El Empleado: Es reactivo. El Emprendedor es Pro-activo.

El empleado reacciona ante las circunstancias, mientras que el emprendedor incide para que las circunstancias sean favorables.

Generalmente el empleado espera a que se le diga lo que tiene que hacer y está subordinado y supervisado por su superior, no obstante, el emprendedor tiene que tomar decisiones por sí mismo

El empleado funciona como un termómetro, subiendo o bajando su temperatura ante el cambio del medio donde se halla.

Sin embargo, el emprendedor funciona como un termostato, una vez fijada su temperatura, hace que el medio en el que se encuentra cambie hasta llegar a la temperatura objetivo.

8.- El Empleado: Busca culpables. El Emprendedor: Asume responsabilidades.

El empleado mediocre suele echarle la culpa de lo que ocurre a sus compañeros, al jefe, a la economía, a la crisis, a los sindicatos, a los políticos, al gobierno…

En cambio, el buen empresario asume toda la responsabilidad, tanto de sus actos, como la de sus subordinados y se enfoca no en el problema, sino en encontrar soluciones.

Ya te puedes ir acostumbrando, errar es humano, y por muchos controles de calidad que tengas, errarás tú y errarán tus empleados, y por todos ellos te harás responsable, asumirás tu responsabilidad.

9.- El Empleado: Teme los cambios. El Emprendedor: Gestiona los cambios.

Al empleado le cuesta adaptarse a los cambios, los rehúye. Los cambios implican un esfuerzo y no quieren salir de su zona de confort, como vimos en el punto 1.

Al emprendedor, sin embargo, los retos le estimulan, sabe gestionar los cambios a favor de su propósito.

10.- El Empleado: Se desgasta con el trabajo. El Emprendedor: Delega.

El emprendedor ha de escoger sus colaboradores tanto por actitud como aptitud para confiar en ellos las labores que estime pertinentes en aras de llegar a los objetivos establecidos.

11.- El Empleado: Se enfoca en los recursos. El Emprendedor: Se enfoca en las oportunidades.

El empleado dice “si yo pudiera”, “si tuviera tal o cual herramienta”, “si yo hiciera”…

Contrariamente, el emprendedor fija el foco en “cómo lo puedo hacer”.

El emprendedor haga lo que haga lo tiene que hacer desde el amor, y no desde el miedo.

Todo en la vida se mueve o por amor o por miedo. Te mueves por amor cuando tú vas a por tu objetivo porque realmente lo deseas. Sin embargo, te mueves por miedo cuando tomas acción o inacción por miedo a perder algo.

La pasión es fundamental, has de emprender en aquello que te apasiona porque te va a exigir tanto, que si no te apasiona acabarás abandonando el proyecto.

Un día vi un video de una conferencia de Marcos Cartagena en la que hablaba de cómo su emprendimiento de llevar el deporte del pádel (y con ello el negocio que lleva a su alrededor: pistas, monitores, instalaciones, etc.) a Japón fracasó precisamente porque el pádel no era su pasión. Tuvo todos los ingredientes para alcanzar el éxito pero no lo hizo porque le faltaba lo más importante, pasión por lo que hacía.

No obstante, encontró su pasión en hacer viajes guiados por Japón. Esta actividad sí le conllevó pingües beneficios y está consolidándose y creciendo como se merece.

Otra de las características mentales del emprendedor es la templanza, uno de los errores más habituales del emprendedor es tener prisa en establecer la empresa, obtener beneficios, etc.

La prisa no te llevará a ningún puerto. Yo he tenido muchos ejemplos de pseudo-emprendedores que están en el paro y se apresuran a abrir un negocio sin apenas haber hecho un estudio preliminar, no saben ni el capital inicial que necesitan para abrir y aguantar los primeros meses.

He tenido el triste récord de una muchacha que abrió un negocio hostelero y lo cerró en 15 días cuando vio la cantidad de gastos que tenía y que ni se imaginaba. Su mayor error fue pensar que iba a pagar todos los gastos con las ventas que ella se imaginaba iba a hacer (basándose, cómo no, en la gran cantidad de “amigos” que tenía).

Por ello, es muy importante realizar un plan de negocio, conocer tu punto de equilibrio, conocer tus futuros proveedores, tus necesidades de inversión, tu capacidad de financiación…, la posibilidad de apalancarnos en los proveedores (que nos aplacen el pago de nuestras compras) o en los clientes (que nos paguen por adelantado), etc. Para que nuestro emprendimiento sea lo menos improvisado posible.

Otras de las características del emprendedor es la resiliencia, la capacidad de enfrentarse a las circunstancias desafiantes. Dada la importancia y entidad de esta cualidad dedicaré el siguiente artículo a la misma

Víctor M. Román Martín, Licenciado en ADE y Delegado Zona Norte DelValle IBC

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