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Crédito de imagen: Sofia Bento/Academia Luisa Todi

¿Deseamos realmente la paz?

“Si el hombre pone su corazón en la bondad, estará libre del mal.” – Confucio

No hay momento en la historia de la humanidad en donde el mundo haya gozado de una paz total. A pesar de ello, hoy en día vivimos el momento de mayor paz y prosperidad en la historia. Entonces, ¿estamos cerca de alcanzar la paz mundial?

En su libro “En Defensa de la Ilustración”, el científico cognitivo Steven Pinker nos dice que la humanidad hoy en día está mejor que nunca y que debemos ser optimistas hacia el futuro, pero defendiendo y actuando acorde con los ideales del humanismo, la ciencia y la razón, que son los pilares de la Ilustración.

Utilizando parámetros de valores de progreso basados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, Pinker demuestra cómo la humanidad hoy ha duplicado la expectativa de vida comparada a hace 200 años, la mortandad infantil ha disminuido, la gente tiene acceso a más y mejor salud gracias a los avances en la ciencia y medicina, y, entre otros factores de medición, el porcentaje de personas viviendo en pobreza extrema ha disminuido considerablemente.

Por si fuera poco, Pinker nos recuerda también que la guerra es ilegal de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, de la cual son miembros 193 países. Adicionalmente, la Carta Universal de los Derechos Humanos prácticamente es la solución a los problemas del mundo si tan solo se cumplieran. Pero hay una incoherencia.

Como bien señala el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Patas Arriba”, los cinco países que velan por la paz mundial en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Reino Unido, China, Francia y Rusia), son al mismo tiempo los más grandes productores de armas. “La paz mundial está en manos de las cinco potencias que explotan el gran negocio de la guerra.”

Así que para lograr la paz hay que cubrir varios frentes. Pero yo veo tres puntos que son clave para iniciar: la democracia, la igualdad y la paz individual. Veamos.

Democracia para la paz

La Teoría de la Paz Democrática establece que los países con estructuras de gobierno democrático-liberales son menos propensos a iniciar una guerra que aquellos países no democráticos con otras formas de gobierno. Los países democráticos tienden a ser menos hostiles, pues sus ciudadanos tienen el poder de elegir a sus líderes mediante el voto y, con una economía más sólida que los países no democráticos, estos países prefieren proteger sus recursos y producción en un ambiente de seguridad y paz.

No podemos lograr la paz si nosotros mismos no estamos en paz. Quizás no tengamos un puesto de poder para lograr cambios significativos a nivel región o país, pero si cada uno de nosotros, dentro de nuestros círculos sociales, llevamos a cabo acciones que promuevan el respeto y la igualdad, y si ayudamos con nuestro activismo a mejorar las vidas de nuestro entorno, estamos ya dando pasos importantes para alcanzar la paz

Ricardo Villarreal

Si observamos que los principales conflictos bélicos internacionales que se viven hoy se encuentran en Myanmar, Afganistán, Etiopía, Yemen y la guerra entre Rusia y Ucrania, podemos apreciar que ninguno de los anteriores países tiene un sistema democrático, salvo Ucrania, que no inició el conflicto, sino que fue invadido.

Ahora, no quiere decir que no exista la paz en países no democráticos. Pero esta puede ser una paz mediante la opresión hacia sus habitantes y la eliminación de ciertas libertades. Y es que mientras los habitantes de un país no gocen de un sistema electoral plural, libre y justo, en donde haya transparencia y rendición de cuentas, en donde se cuiden las libertades individuales y en donde los medios de información puedan ejercer con total libertad, difícilmente se creará un ambiente de genuina paz.

La gran preocupación actual tiene que ver con la llegada de líderes autoritarios adictos al poder, incluso en los países democráticos. Figuras como Trump, aquejados con el Síndrome de Hubris, han puesto en riesgo los sistemas democráticos de sus países y representan una seria amenaza para la paz. Como votantes es importante elegir líderes y representantes que resguarden las estructuras democráticas.

Igualdad para la paz

En su libro “Utopía para realistas”, el historiador holandés Rutger Bregman nos reta a pensar radicalmente para resolver los problemas de desigualdad que causan tantos conflictos en el mundo y visualizar un futuro más justo, próspero y en paz para todos. Para esto, Bregman plantea tres soluciones.

La primera es un ingreso básico universal e incondicional que permita cubrir las necesidades vitales de todas las personas. Esta propuesta ya ha sido puesta en práctica a nivel regional en algunos países con resultados prometedores. Entre otras cosas, un ingreso básico universal ha ayudado a disminuir el crimen, la mortalidad infantil, la violencia doméstica, la desnutrición, y ha aumentado los niveles de educación en los niños, el crecimiento económico y la igualdad de género.

La segunda solución tiene que ver con la reducción de horas de trabajo a 15 horas por semana. Claro, el número de horas laborales está abierto a debate, pero Bregman cuestiona atinadamente, ¿si la automatización y la tecnología nos han ayudado a producir con mayor efectividad y rapidez, por qué no nos hemos concedido más tiempo libre para actividades de placer? Tener más tiempo libre puede ayudar a resolver el desempleo, reducir los efectos del cambio climático, promover la igualdad en las tareas domésticas, reducir el estrés y aumentar los niveles de felicidad en las personas. Todos ellos puntos clave para vivir en un mundo en paz.

La tercera y quizás más radical de sus ideas es la apertura de las fronteras entre países. En un mundo globalizado los productos se mueven en total libertad por todo el mundo, pero las personas no. Las fronteras discriminan y profundizan la brecha de la desigualdad, pero aquellos países que han tenido mayor apertura a la migración laboral han visto su economía crecer al tiempo que ayudan a combatir la pobreza.

Paz Individual

No podemos lograr la paz si nosotros mismos no estamos en paz. Quizás no tengamos un puesto de poder para lograr cambios significativos a nivel región o país, pero si cada uno de nosotros, dentro de nuestros círculos sociales, llevamos a cabo acciones que promuevan el respeto y la igualdad, y si ayudamos con nuestro activismo a mejorar las vidas de nuestro entorno, estamos ya dando pasos importantes para alcanzar la paz.

Ricardo Villarreal, Vicepresidente – Red Global MX Capítulo Portugal

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