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¿Qué tan Real es la Crisis de la Mediana Edad y Cómo Lidiar con Ella?

La crisis de la mediana edad (Mid-Life Crisis en inglés) es un término acuñado por el psicoanalista Elliott Jaques en 1965, y se refiere a ese punto de inflexión en la vida de las personas entre 40 y 60 años donde se presentan bajos niveles de satisfacción y felicidad en la vida. Esto se debe a inestabilidades emocionales que van desde cuestionarse sobre la identidad y las decisiones del pasado, el tiempo perdido, la conciencia de la mortalidad y las incertidumbres del futuro, entre otros.

Aunque para algunos no existe tal cosa como la “crisis de la mediana edad” ya que durante toda la vida (no solo a una edad en particular) enfrentamos retos y reflexionamos sobre nuestra existencia, lo cierto es que hay estudios que sí confirman bajos niveles de satisfacción en personas adultas en ese rango de edad. 

En su libro “En la Mitad de la Vida: Una Guía Filosófica”, el filósofo Kieran Setiya menciona un estudio sobre el bienestar llevado a cabo en el 2008 por dos economistas de Darmouth College y la Universidad de Warwick, en donde encuestaron a personas de diferentes rangos de edad sobre sus niveles de satisfacción en la vida.

Al evaluar y ajustar los números en cuanto a ingresos, estado civil y empleo, los resultados arrojaron una curva en “U” iniciando en la vida joven adulta y terminando en la vejez. La mediana edad promedio de 46 años fue el punto que registró el nivel más bajo de felicidad. Y al repetirse el mismo resultado en 72 países en el mundo, se corrobora que sí hay algo de cierto en cuanto a la crisis de la mediana edad.

Lo interesante es observar que en la mediana edad es también donde la población, en general, logra alcanzar sus mayores ingresos profesionalmente, es decir, el más alto poder adquisitivo. Por lo que también se confirma que el dinero no compra la felicidad.

Entonces, ¿qué pasa en la mediana edad?

En la mitad de la vida, nuestra retrospectiva es limitada, pues podemos mirar parcialmente hacia lo que hemos logrado, qué tanto hemos hecho, qué tantas oportunidades hemos dejado ir y qué tarde estamos ya de lograr realizar sueños que nunca cumplimos. Este ejercicio de reflexión puede traernos sentimientos de insatisfacción cuando volteamos hacia el pasado en búsqueda de momentos en donde tomamos decisiones equivocadas que cambiaron el rumbo de nuestra vida.

Con frecuencia pensamos en cómo viviríamos hoy si hubiéramos tomado otra decisión, y normalmente tendemos a fabricar en nuestra mente la mejor experiencia posible. Pero no hay que olvidar que esos escenarios son generados en la imaginación y no hay garantía del éxito ilusorio. Por otro lado, hay que reconocer también que las cosas pudieron resultar peores en caso de haber tomado la decisión “acertada”.

Claro, es verdad que tener objetivos por cumplir le da sentido y propósito a la vida. No se trata de eliminarlos, pero sí de saber balancearlos con actividades de valor existencial, y así procurar nuestro bienestar para vivir y disfrutar mejor el presente

Ricardo Villarreal, Vicepresidente de Red Global MX – Capítulo de Portugal

No nos obsesionemos con un pasado que no podemos cambiar y enfoquémonos en el presente que tenemos, en las cosas buenas que hemos logrado, en las experiencias positivas que hemos vivido, en las maravillosas personas que amamos y que quizás no hubiésemos conocido al tomar otro camino de vida. Aceptemos que los errores son parte de la condición humana y que, si sabemos aprovecharlos, pueden darnos lecciones muy valiosas. Recordemos también que el mundo no es perfecto y que el tener éxito no depende solo de nuestros esfuerzos, la suerte juega un papel importante.

Tampoco nos obsesionemos solo con lo que nos sucede a nosotros mismos. Una condición de la felicidad personal es ver más allá de nosotros y preocuparnos por el bienestar de las personas con las que convivimos. Setiya le llama a esto la Paradoja del Egoísmo, cuando tu felicidad depende de contribuir en la felicidad de los demás.

Cuando todo va bien y no eres feliz

¿Pero qué pasa cuando sabemos que las cosas van bien en nuestra vida, que somos felices y tenemos buena salud, y que, aún con todo eso, nos sentimos vacíos e insatisfechos? Esto puede deberse a que llegamos a un momento en que pareciera que la vida se vuelve repetitiva y que ya no hay nada nuevo, donde funcionamos mecánicamente y los días, semanas, meses y años próximos se perciben muy predecibles, tal y como en el escenario de la película de Groundhog Day.

Para contrarrestar este sentimiento es importante salir de nuestra zona de confort y buscar vivir nuevas experiencias para evitar las sensaciones repetitivas. Desde acciones pequeñas como tener nuevos hobbies, hasta cambiar de trabajo y de lugar de residencia, aventurarse a hacer cosas nuevas puede darle más sabor a la vida.

Actividades Télicas Vs Atélicas

“Vivir el presente” pareciera una frase muy desgastada, pero no deja de ser un consejo valioso para enfrentar la crisis de la mediana edad. Como esta etapa de la vida tiene que ver con la añoranza de eventos del pasado y las incertidumbres del futuro, hay que poner énfasis en vivir y aprovechar mejor el presente que tenemos.

Nos recuerda Setiya que la vida está compuesta por una continua sucesión de proyectos y objetivos que intentamos cumplir. Algunos recompensantes y otros no tanto, pero son actividades télicas (del griego Telos, que significa propósito u objetivo), y tienen una conclusión. Con ello, suele pasar que cuando no logramos un objetivo nos sentimos tristes, pero cuando sí lo cumplimos exitosamente, la alegría de ese logro eventualmente se extingue, dejándonos un sentimiento de vacío.

Una solución para minimizar este sentimiento es enfocarnos también en actividades atélicas, aquellas que no tienen un objetivo o fin determinado. Algunas de estas actividades abiertas e ilimitadas pueden ser: salir a caminar, escuchar música, apreciar las artes, filosofar sobre la vida o disfrutar la compañía de amistades y familiares en conversaciones y en pasatiempos.

Claro, es verdad que tener objetivos por cumplir le da sentido y propósito a la vida. No se trata de eliminarlos, pero sí de saber balancearlos con actividades de valor existencial, y así procurar nuestro bienestar para vivir y disfrutar mejor el presente.

Ricardo Villarreal, Vicepresidente – Red Global MX Capítulo Portugal

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