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Más conversaciones, buenas lecturas y ociosidad para el 2024

Yo llegué a pensar que, una vez terminado el largo confinamiento que vivimos durante la pandemia que nos impidió el contacto físico, apreciaríamos más los encuentros en persona y que llegaríamos al hartazgo de las pantallas. Pero no fue así, o quizás fue una etapa muy breve. Las personas siguen enchufadas fijamente a sus pantallas.

Estamos cada vez más conectados digitalmente, pero estamos perdiendo la apreciación del encuentro físico y la conversación personal. Ya no nos hablamos. Y si nos hablamos, es un breve saludo y vamos rápido a lo que sigue porque siempre andamos de prisa. Estamos habituados a enviar textos, una costumbre que sigue en aumento. El sitio The Local Project revela que, en promedio, un adulto joven envía y recibe 128 mensajes de texto al día, y una tercera parte de los adultos prefiere enviar textos que hablar con sus interlocutores.

¿Para qué llamarle a alguien en su cumpleaños si le puedes enviar un texto? ¿Para qué preguntarle a un conocido sobre cualquier cosa si lo puedes googlear? ¿Para qué preguntarle a un amigo cómo está si puedes simplemente ver sus actualizaciones en redes sociales? Aunque claro, esas actualizaciones nunca muestran una realidad completa, solo lo que nos quieren compartir.

El inicio de un año nuevo siempre representa una oportunidad de reflexión sobre nuestro lugar y momento en la vida y en esta ocasión quiero invitarlos a pensar en esos encuentros significativos que tuvieron en persona donde fluyeron conversaciones enriquecedoras. Si no fueron muchos, hay que darse el tiempo de tener más. Las conversaciones son vitales para fortalecer los vínculos de nuestras relaciones y amistades, manteniéndolas duraderas.

Que en este 2024 tengamos más conversaciones personales y substanciales, que nos enfoquemos en estar más presentes con las personas que amamos y nos interesemos genuinamente en sus vidas sabiéndolos escuchar. Contagiémonos de la filosofía epicúrea, encontrando el placer y la felicidad en las convivencias sociales y las conversaciones con amistades que le dan un mayor sentido a la vida.

¿Cómo generar conversaciones?

Con frecuencia, las mejores conversaciones van acompañadas con la lectura de buenos libros. Y a veces sucede al revés, las buenas lecturas detonan conversaciones memorables. Como nos dice el escritor mexicano Gabriel Zaid en “Los demasiados libros”: “La cultura es conversación. Pero el leer puede ser la leña al fuego de esa conversación, una forma de animarla.”

Además del placer que evoca y de enriquecer el pensamiento, la lectura es ese lugar de reflexión profunda que nos hace despertar y nos hace más libres, que nos puede llevar a esclarecer nuestra propia existencia, abriéndonos al mundo para extender nuestra visión de campo y atravesar universos desconocidos.

El inicio de un año nuevo siempre representa una oportunidad de reflexión sobre nuestro lugar y momento en la vida

Ricardo Villarreal

Y sí, la lectura puede moldear nuestra realidad entera. Si no me creen, recuerden lo que le pasó a Alonso Quijano después de leer tantos libros de caballeros andantes, se convirtió en el más famoso antihéroe de la literatura universal: Don Quijote. Gracias a su infinita imaginación producto de los libros, cambió su realidad de ver el mundo y así, admiramos la manera tan hermosa que podemos llegar a apreciar el nuestro.

Por otro lado, en tiempos donde proliferan la desinformación y las teorías de conspiración, la lectura es la mejor arma contra la ignorancia y una solución a mejorar la calidad de las conversaciones. Y es que la literatura, como la filosofía, es el lado opuesto de los dogmas, porque los textos literarios siembran dudas, están abiertos al cuestionamiento y a la posibilidad de múltiples interpretaciones.

Estas facultades de la literatura permiten la libertad de pensamiento y de expresión. Y es precisamente esta independencia intelectual la que temen los grandes gobiernos totalitarios, ya que el peor enemigo para ellos es una sociedad crítica y bien informada. Si no son lectores asiduos, hagan de la lectura el mejor de los hábitos en este 2024.

Por último, los invito a tomarse tiempo para dedicarlo a la ociosidad y desocuparse por momentos de obligaciones laborales. Yo sé que la palabra ociosidad tiene muy mala fama en las grandes ciudades y en las sociedades materialistas donde la vida avanza con desmesurada rapidez, pero no tiene por qué ser así; esta inactividad desinteresada es importante no solo para darle un balance a la vida y despejar la saturación de pensamientos, sino también para renovar y mejorar nuestra salud mental.  

En su ensayo “An apology for idlers”, Robert Louis Stevenson, uno de los más grandes escritores de la literatura inglesa, defiende la ociosidad: “La supuesta ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer muchas cosas que no están reconocidas en las dogmáticas prescripciones de la clase dominante, tiene tanto derecho a exponer su posición como la propia laboriosidad.” En otra línea, dice del ocioso: “Ha podido ocuparse de su salud y su espíritu; ha pasado mucho tiempo al aire libre, que es lo más saludable tanto para el cuerpo como para la mente.”

Por su parte, en su libro “Contra el trabajo”, el filósofo italiano Giuseppe Renzi nos dice: “…nuestra civilización y su moralidad nos han llevado a desaprender la ociosidad. Ya no sabemos pasar largas horas en perfecta inacción, en total ociosidad, sin hacer nada en absoluto.” Y en otra parte menciona: “Hay que saber estar ocioso. En la inacción atenta y serena nuestra alma borra sus pliegues… Pasear no solo es delicioso, sino que resulta también de gran ayuda. Es un baño de salud que da vigor y flexibilidad a todo el ser; es el signo y la fiesta de la libertad.”

Y la ociosidad, además, es un excelente territorio para entablar conversaciones. Dense tiempo para disfrutar de la ociosidad y la contemplación. Porque como acertó el poeta portugués Fernando Pessoa, “sabio el que se contenta con el espectáculo del mundo.”

Ricardo Villarreal, Vicepresidente – Red Global MX Capítulo Portugal

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