De niño, y quizás inspirado en parte por las caricaturas de los Jetsons, mi visión del futuro estaba dominada por escenarios utópicos. Por el lado tecnológico, la humanidad se transportaba en naves espaciales y cohabitaba con robots a nuestro servicio para hacernos la vida más fácil y mejor. Por el lado humano, la gente del futuro disfrutaba de un mundo con aire limpio, seguro y en paz, y podía dedicar su tiempo al pensamiento científico y las artes. En mi cabeza, una visión optimista de la sociedad del futuro.
Pero hoy en día siento que los escenarios distópicos, empujados también por una prensa alarmista, están teniendo más peso en la sociedad, generando en la población gran ansiedad ante la incertidumbre y miedo por el futuro que nos espera.
Más allá de los problemas de salud mental que puede originar la desesperanza y el sinsentido de la vida ante el pensamiento de un panorama distópico de la humanidad, este ambiente nos puede encaminar hacia la trampa de la retrotopía, término acuñado por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman.
Contrario a la utopía, que siempre se ubica en el futuro, la retrotopía se refiere a la nostalgia y el deseo de revivir un pasado idealizado, en donde algunos aseguran que en ese pasado se encuentra el mejor episodio que ha vivido la humanidad.
Los que se aferran a la retrotopía afirman que el pasado fue mejor porque había más estabilidad económica y social, se respetaban los valores tradicionales, las identidades culturales eran más reconocibles, había un sentido de comunidad más fuerte y, entre otras cosas, la vida era más simple, predecible y menos entorpecida por la tecnología y las redes sociales actuales.
Aunque algunas de las ideas anteriores pudieran mostrar a la retrotopía como un lugar positivo, la verdad es que estos conceptos beneficiaban más a las clases privilegiadas y omiten muchos de los desafíos y problemas que la sociedad también enfrentaba.
Por ejemplo, había cierta estabilidad económica para muchos, pero también muchos problemas de inequidad; se promovían los valores tradicionales, pero había discriminación, se obstruían las libertades de las minorías y no se aprovechaba la riqueza que ofrece la diversidad; había más sentido de comunidad, pero estábamos más aislados e ignorantes sobre los retos que enfrentaba el resto del mundo. Y más.
Claro, aún hay mucho por resolver, pero es falso pensar que estábamos mejor antes. En su ensayo “Enlightenment Now”, Steven Pinker demuestra el increíble progreso que ha logrado la humanidad sobre los principales valores acordados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (avances en la medicina, producción alimentaria, acceso al agua potable, reducción de la pobreza, mejores expectativas de vida, etcétera). El mejor tiempo para vivir en la historia de la humanidad es hoy.
Es mucho más fácil actuar cuando tenemos en la mira la esperanza de vivir en una utopía, que cuando percibimos que el futuro de la humanidad es apocalíptico. Sigamos creando y debatiendo utopías
Ricardo Villarreal
Lo que nos ha faltado, como señala Zygmunt Bauman en el libro “Vivir en Tiempos Turbulentos”, es más debate público para discutir la idea de una buena sociedad hacia el futuro. Pero ante un escenario político de ideologías radicales e inflexibles, la posibilidad de un diálogo constructivo se apaga.
Los líderes de extrema derecha comparten la retrotopía como el lugar ideal, y aprovechan el enojo y el miedo de sus simpatizantes que creen que el mundo está cada vez peor para someterlos y persuadirlos con eslóganes como Make America Great Again y otros que contengan las siguientes tres palabras en cualquier orden: “Dios. Patria. Familia.”, como si la izquierda fuera anti-familia o anti-religión. No lo son, solo que no intentan imponer un solo tipo de familia o religión en la sociedad.
Resulta más fácil y atractivo vender la idea de regresar a un pasado mejor que alentar a la población a enfrentar sin miedo los retos de un futuro incierto. Pero esta es una postura regresiva, divisoria y peligrosa que nos puede hacer caer de nuevo en problemas sociales del pasado que ya habían sido resueltos, y que pone en riesgo la cooperación internacional que necesitamos más que nunca.
Hay retos, sí, pero el mundo no se está cayendo a pedazos. Bauman nos propone no perder nuestra capacidad de reflexión y diálogo sobre cómo sería una buena sociedad. Promover ideas utópicas es muy útil porque además de ayudarnos a reconocer las injusticias y los problemas que aún existen, nos invita a no desanimarnos y ver hacia adelante, imaginando y construyendo los escenarios que queremos alcanzar.
Es mucho más fácil actuar cuando tenemos en la mira la esperanza de vivir en una utopía, que cuando percibimos que el futuro de la humanidad es apocalíptico. Sigamos creando y debatiendo utopías.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Es actual vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX y vive en la ciudad de Setúbal, Portugal.












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