Pulsa «Intro» para saltar al contenido

El Valor de lo Inútil

El cuarto planeta que visita el Principito, en el cuento clásico de Antoine de Saint-Exupéry, es habitado por un hombre de negocios que pasa toda su vida “trabajando” en contar las estrellas. El Principito, curioso como es, le pregunta qué hace con ellas después de contarlas. A lo que el hombre de negocios responde, “nada, soy dueño de ellas… y al poseerlas soy un hombre rico.”

Pero no satisfecho con su respuesta, el Principito insiste en preguntar, ¿y cuál es el objetivo de ser rico? “Me permite comprar más estrellas, administrarlas, contarlas y volverlas a contar”, dice el hombre de negocios. “¡Pero las estrellas no pertenecen a nadie!”, replica el Principito. “No, pero las puedo poner en el banco. Escribo el número de estrellas en un papel, y lo guardo en un cajón bajo llave”, contesta el hombre de negocios.

Porque si caemos en el error de que el pensamiento es inútil, dejaremos de pensar. Y esa será una de las más grandes pérdidas de nuestro valor humano

Ricardo Villarreal

El Principito concluye, “¿Y eso es todo? Yo tengo una flor que riego todos los días, tengo tres volcanes que limpio cada semana. Eso es bueno para mis volcanes y para mi flor. Pero tú no eres de ninguna utilidad para las estrellas…”

En la actual sociedad de consumo el valor de los humanos se encuentra en su utilidad económica, en su capacidad de seguir comprando en abundancia y en los hábitos que nos hacen seguir las modas en turno. Comprar y consumir para después desechar y volver a regresar al punto de inicio de este círculo vicioso.

Ya no valemos por nuestros pensamientos ni por nuestra relación humana, sino por nuestros hábitos de consumo. Y entonces este comportamiento consumista nos deshumaniza y nos ciega a ver la vida con mayor sentido, entorpeciendo nuestra capacidad de razonamiento y volviéndonos más individualistas y menos comunitarios.

En su ensayo “La utilidad de lo inútil”, el escritor italiano Nuccio Ordine hace una crítica sobre esta manera de evaluar a las personas de acuerdo con su utilidad material inmediata, y defiende la importancia que las actividades y conocimientos considerados “inútiles” tienen para el desarrollo de la humanidad, para mejorar nuestro pensamiento crítico e impulsar nuestra creatividad.

Cuando se menosprecian disciplinas como la filosofía, la literatura, las ciencias y las artes, por no ser proveedoras de una “utilidad” económica en la sociedad, corremos el riesgo de perder aquello que nos hace humanos y que nos ayuda a encontrar belleza y sentido en la vida. Valorar el saber por el saber mismo es de gran beneficio para comprender y seguir descubriendo más sobre nosotros y nuestro mundo.

Muchas cosas en la vida cuestan, es verdad, pero hay saber diferenciar y tener cuidado en que éstas no definan nuestro valor como personas en la sociedad. En su ensayo “¿Por qué pagar más?”, el filósofo australiano Peter Singer cuestiona que el estatus social de las personas esté basado en lo superfluo de la riqueza material y no en respetables conceptos como el conocimiento, la integridad moral o los talentos individuales que las personas usan para el bien de los demás.

Cuando el estatus es dictado por la riqueza económica y posteriormente pactado así por la sociedad, entonces muchos de aquellos en esa esfera encontrarán maneras de gastar su dinero sin ningún otro objetivo que el de seguir ostentando su riqueza para mantener el estatus. Vacuidad total, precisamente como la del hombre de negocios de El Principito.

Peter Singer se refiere atinadamente a esta conducta con el término de “consumo conspicuo”. Y aclaro, no tiene nada de malo el tener algunos lujos (y aún mejor si son experiencias en lugar de cosas), pero sí el pensar que tenerlos es sinónimo de éxito y en darles un valor más alto que a otras cualidades humanas que son más meritorias.

En su libro “Lo que no tiene nombre”, la escritora colombiana Piedad Bonnett reflexiona: “Qué difícil escapar a la ortodoxia, a los caminos trazados por una sociedad que determina cuáles son las formas del éxito.”

Tenemos que repensar nuestro valor humano y no perder de vista el sentirnos más presentes en la vida. Hay que dejar de pensar que los humanos solamente podemos ser “útiles” cuando participamos en el consumismo y no en los placeres y saberes “inútiles”. Porque si caemos en el error de que el pensamiento es inútil, dejaremos de pensar. Y esa será una de las más grandes pérdidas de nuestro valor humano.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Es actual vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX y vive en la ciudad de Setúbal, Portugal.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tema Mission News de Compete Themes.
Raia Diplomática
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.