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El Equilibrio de Poder en el Mundo

Hoy tenemos el privilegio de conversar con Michele Testoni, profesor de Relaciones Internacionales en IE University y columnista de Raia Diplomática. Con una vasta experiencia en política internacional y análisis geopolítico, Michele Testoni nos ofrece una perspectiva profunda y matizada sobre dos de los temas más apremiantes en la actualidad: la guerra en Ucrania y las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. En esta entrevista, analiza el impacto cómo la invasión rusa a Ucrania ha transformado el panorama global y qué implicaciones tiene para el futuro de la seguridad internacional. Asimismo, discutiremos el impacto de estos acontecimientos en la política interna de Estados Unidos y cómo podrían influir en el escenario electoral de 2024: «es probable que una nueva presidencia republicana vuelva a poner el énfasis de la política exterior estadounidense en una concepción de las relaciones internacionales que se define de realismo político, es decir, una que privilegia la creación de un “equilibrio del poder” entre las grandes potencias del mundo»,

¿Cómo evalúa el apoyo de Occidente a Ucrania hasta ahora, tanto en términos de asistencia militar como financiera?

El apoyo occidental a Ucrania ha sido esencial, masivo, rápido y firme, aunque hay que enfatizar varios matices. Militarmente, Ucrania está sobreviviendo gracias, sobre todo, a la ayuda de EE.UU. y Reino Unido, mientras que otros países se han caracterizado por posiciones diferentes y a veces discordantes.

Alemania es, sin duda, el caso más interesante. La política exterior de Berlín está experimentando un verdadero Zeitenwende (“cambio de época”): aunque con contradicciones e inercia, su gasto militar está al alza y su postura de interdependencia colaborativa y transformadora con las potencias autoritarias (Wandel durch Handel, “cambio a través del comercio”) está siendo muy cuestionada. No obstante, hemos sido testigos del éxito electoral de la extrema derecha en los recientes comicios europeos, un resultado particularmente relevante en las regiones orientales – un efecto, entre los otros, del rechazo de una parte de la sociedad germana hacia el esfuerzo bélico a favor de Ucrania.

La OTAN, cuyo papel hasta hora ha sido exclusivamente de disuasión y protección de sus miembros, ha desplegado un amplio número de medidas defensivas y activado un profundo cambio de su modelo de seguridad. Muchos aliados han aumentado su gasto de defensa de manera significativa. España, por una serie de razones, muy poco.

En términos de asistencia financiera, no cabe duda de que tanto EE.UU. como la Unión Europea han desempeñado un papel crucial apoyando al presidente Zelensky y, mediante varios paquetes de sanciones, atacando la economía rusa. En este caso, sin embargo, los resultados han sido menos eficaces de lo esperado.

Sin embargo, hay que destacar una doble fatiga, cada vez más evidente y, por ello, políticamente relevante: por un lado, pese a la simpatía hacia Ucrania, un cierto agotamiento de las opiniones públicas hacia la duración y el coste de la guerra; por otro lado, una discrepancia persistente entre las élites occidentales (el mundo “blanco e industrializado”) y los países del “sur del mundo” (como, por ejemplo, Arabia Saudí, Brasil, India y Sudáfrica) cuya tibieza hacia Ucrania es más que evidente – y muy oportunista.

¿Qué impacto ha tenido este apoyo en el desarrollo del conflicto?

El apoyo militar y económico occidental a Ucrania ha tenido, y sigue teniendo, como objetivo el sustentamiento del país frente a la agresión deliberada de Rusia. Un apoyo que sigue siendo necesario y fundamental para defender a una nación víctima de un ataque de conquista territorial, algo que en Europa no ocurría desde la segunda guerra mundial.

Al mismo tiempo, hay que hacer hincapié en las tendencias antieuropeas (ojo: no aislacionistas, sino anti internacionalistas) de una parte del partido republicano estadounidense: el retraso, después de meses de negociación con los demócratas y la administración Biden, con el que EE.UU. ha concedido un nuevo (el último hasta hora) paquete de ayudas a Ucrania ha debilitado, y mucho, a Zelensky.

¿Cómo influye la tensión diplomática entre Estados Unidos y China en la guerra en Ucrania?

Aunque parezca que China no esté directamente involucrada en la guerra de Ucrania, su relación estratégica con Rusia es fuerte y activa. China es un proveedor esencial de armamentos y otras tecnologías para Rusia. El apoyo de Xi a Putin es una lógica consecuencia del giro autoritario de Xi.

Al mismo tiempo, se puede pensar que China esté utilizando la guerra de Ucrania como un “test de estrés” de cara a Taiwán. La pregunta, en Pekín, es: ¿hasta dónde están dispuesto a llegar los americanos?

Hasta ahora, la rivalidad entre EE.UU. y China se ha desarrollado en una “zona gris” comercial y tecnológica. Ambos gobiernos han querido y sabido evitar escaladas de tensiones. Sin embargo, es difícil imaginar que las relaciones sino-estadounidenses mejoren en el futuro cercano.

¿Cuáles son, en su opinión, las posibles vías para la resolución del conflicto en Ucrania?

En el día de hoy, lamentablemente no hay soluciones viables para que se llegue a un alto-el-fuego y un acuerdo de paz. Parece que todavía no hemos llegado a un punto de inflexión decisivo ya que, al parecer, no existe un punto de acuerdo compartido tanto por Ucrania como por Rusia. Ambos quieren sentarse a la mesa negocial desde una posición de fuerza y esto impide el compromiso. Tanto Zelensky como Putin necesitan “vender” un acuerdo de paz que no les desfavorezca.

Si es cierto que un “modelo coreano” parece el escenario más probable, la pregunta es cuándo Moscú y Kyiv aceptarían sentarse a negociar bajo la premisa de un reconocimiento mutuo de la situación en el campo de batalla. Por un lado, Rusia ha comprendido que no va a hacerse con Ucrania, pero sigue demandando la neutralidad de Kyiv. Por el otro lado, Ucrania ha comprendido que muy difícilmente volverá a sus fronteras de 2013, pero no acepta la “finlandización” que Moscú quiere imponer (es decir, la neutralidad de Ucrania, ni con la OTAN ni con la UE).

Con el aumento de votos y de eurodiputados de la extrema derecha en las elecciones para el Parlamento Europeo, ¿cómo cree que esto afectará a las instituciones europeas?

Afortunadamente las extremas derechas no han conseguido modificar la mayoría que existía en la última legislatura del Parlamento Europeo; la “coalición Úrsula” (populares, socialistas y liberales) sigue. Y esto es positivo.

Sin embargo, no hay que descartar la posibilidad que, de manera puntual, varios sectores del partido popular europeo (PPE) intenten buscar acuerdos con la extrema derecha europea, como, de hecho, ya ocurre en España (donde a menudo PP y VOX gobiernan juntos) o en Italia (donde la extrema derecha de Meloni se ha convertido en el partido hegemónico de la coalición conservadora post-berlusconiana).

¿Qué impacto podría tener en el nivel de apoyo europeo a Ucrania?

Como dicho, por el momento el estatus quo domina las instituciones europeas. Sin embargo, un primer ministro de extrema derecha en París podría determinar un efecto “bola de nieve” en contra de Ucrania – a pesar de que, según la Constitución de la 5ª República francesa, la política exterior y de defensa son prerrogativa del presidente.

¿Ve posible un cambio significativo en la política europea hacia Ucrania como resultado de estas elecciones?

No

¿Cómo cree que las condenas judiciales de Donald Trump influirán en su campaña electoral?

Parece que, muy desafortunadamente, los varapalos legales de Trump no están influyendo de manera significativa en su campaña electoral. Al revés, por lo increíble y absurdo que parezca, su relato demagógico es funcional a su diseño de polarización de la sociedad estadounidense y – en cuanto a su política exterior – la falta de una estrategia compartida entre demócratas y republicanos. Un hecho que va en el sentido de debilitar tanto a EE.UU. como a todo el mundo occidental.

Al mismo tiempo, una de las fortalezas de Trump es la aparente debilidad física del actual presidente, Joe Biden. Es muy lamentable que la principal potencia política y económica del mundo se encuentre en esta encrucijada electoral. Es alarmante que ambos partidos no haya podido presentar otros y mejores candidatos/as.

Hasta ahora, la rivalidad entre EE.UU. y China se ha desarrollado en una “zona gris” comercial y tecnológica. Ambos gobiernos han querido y sabido evitar escaladas de tensiones. Sin embargo, es difícil imaginar que las relaciones sino-estadounidenses mejoren en el futuro cercano

¿Podrían estas condenas fracturar aún más la sociedad estadounidense?

Sí.

En caso de que Trump sea reelegido, ¿cómo podría cambiar la relación de Estados Unidos con Ucrania en términos de apoyo militar y financiero?

Esto es lo que, simplificando, todo el mundo está esperando. La pregunta es: ¿llegaría una segunda administración Trump a un acuerdo de paz con Rusia a lo largo de 2025? En su primer mandato, el presidente Trump se caracterizó por su imprevisibilidad, así que ahora estamos todos más preparados. Y si miramos a casos anteriores como, por ejemplo, la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), es posible imaginar que (como en aquel caso) un eventual segundo mandato de Trump pudiera desarrollarse de manera diferente, es decir, menos controvertida. Pero que sí: la expectativa general es que una nueva victoria de Trump sería motivo de celebración en Moscú – mucho más ambiguo el caso de Pekín.

¿Ve probable un cambio drástico en la política exterior de Estados Unidos bajo una administración Trump respecto a la actual?

Como dicho, una de las marcas distintivas del primer (y ojalá único) mandato presidencial de Trump fue su imprevisibilidad. Por tanto, es posible que, si reelegido, nos sorprenda con un cambio de estilo – en este caso, uno más tradicional.

Sin embargo, la polarización de la sociedad estadounidense es tan fuerte que, de cara a sus electores, la política exterior de una nueva presidencia Trump podría volver a sus características de antaño:

  • fuerte oposición al sistema de gobernanza multilateral, sobre todo en el ámbito económico, comercial y de lucha al cambio climático;
  • críticas y reproches a la UE y la OTAN (y, por ende, crisis de credibilidad de estas instituciones);
  • fortalecimiento de una estrategia de contención a China;
  • vuelta a los “acuerdos de Abraham” en el Oriente Medio, es decir, alineamiento a Netanyahu y otro intento de acercamiento entre Arabia Saudí e Israel, sobre todo con el objetivo de aislar aún más a Irán.

Dicho de otra manera, es probable que una nueva presidencia republicana vuelva a poner el énfasis de la política exterior estadounidense en una concepción de las relaciones internacionales que se define de realismo político, es decir, una que privilegia la creación de un “equilibrio del poder” entre las grandes potencias del mundo. Una visión que se diferencia de la perspectiva más multilateral adoptada por Biden y el partido demócrata, una que se basa en el papel regulador de las instituciones internacionales y en el rol positivo y transformador de la democracia, los intercambios comerciales y los derechos. Este “zigzag” entre opciones políticas tan diferentes es muy peligroso porque produce inconsistencia, falta de credibilidad y, en el largo plazo, la desestabilización de las instituciones occidentales y del sistema de gobernanza multilateral

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