Hace 25 años tuve la oportunidad de estar en una conferencia que impartió el escritor argentino Ernesto Sábato en el Tecnológico de Monterrey sobre los peligros que las ciencias positivas representan para el humanismo. La plática bien pudo haberla ofrecido íntegramente el día de hoy y seguiría teniendo una sólida validez.
El autor de “El Túnel” fue un apasionado a las matemáticas en su juventud y llegó a obtener un doctorado en ciencias fisicomatemáticas. Pero, así como Sábato entró a las ciencias por motivos espirituales, como él mismo afirmó, de la misma manera muy pronto abandonó lo que para él era un universo abstracto y pernicioso.
Muchos pensadores y escritores, como Eduardo Galeano, José Saramago y el historiador Yuval Noah-Harari, ya han advertido sobre la importancia de procurar que la tecnología sirva para el beneficio del hombre, y que no sean los humanos que nos volvamos esclavos y servidores dependientes de la tecnología.
El pensamiento de Sábato afirma su vigencia hoy en día cuando evidenciamos un avance exponencial de la tecnología, con los voraces algoritmos de la Inteligencia Artificial, los vehículos y telescopios espaciales cada vez más sofisticados y la aparentemente inagotable fabricación de armamento militar más preciso y potente. Al mismo tiempo, nuestra capacidad de comprensión se dificulta cuando la brecha del conocimiento científico se amplía, la tecnología rápidamente se vuelve obsoleta y actualizarse se convierte en una faena imposible.
Hay que aclarar que Sábato nunca estuvo en contra de la ciencia, sino del cientificismo. Reconoce, entre otras cosas, que los avances en la medicina han ayudado a salvar muchas vidas. Pero sí es firme en alertarnos sobre el peligro de esa “sobrevaloración casi fetichista de la ciencia” que la convierte en un mito superior a todas las cosas más importantes de la vida.
¿Cuántas veces hemos escuchado que la automatización tecnológica es ventajosa porque las máquinas y sistemas pueden hacer cosas mucho más rápido que nosotros en una fracción de tiempo? Uno pensaría que gracias a ello dispondríamos de tiempo libre para disfrutar más la vida. Y sin embargo no es así, trabajamos más que nunca.
Para Sábato, las consecuencias trágicas de la ciencia tienen por raíz dos fuerzas dinámicas y amorales: la razón y el dinero. Por un lado, es verdad que la razón conquistó el secularismo, arrancándonos del oscurantismo en que la religión mantuvo a la humanidad. Pero, por otro lado, Sábato mantiene que el razonamiento científico se ha ido haciendo cada vez más inalcanzable, incomprensible y abstracto.
Como ejemplo, él describe cómo la teoría de la relatividad de Einstein es más poderosa que la teoría de gravedad de Newton porque se rige sobre un territorio más vasto y abstracto. Mientras la teoría de Newton aún puede explicarse con manzanas (valga la redundancia), la de Einstein no es posible, pues su geodésica es inconmensurable.
En mi opinión, el avance del conocimiento científico no es necesariamente deshumanizante si, como advierte el autor, tenemos cuidado que no se salga de control. Yo desconozco la funcionalidad de un acelerador de partículas, pero me entusiasma la posibilidad de conocer más sobre nuestro universo a partir de los hallazgos que arroje la intricada y fascinante física cuántica.
En cuanto a la fuerza del dinero, Sábato muestra cómo los modelos económicos que manejan las grandes instituciones financieras se han vuelto también cada vez más complicados, evaneciéndose en una abstracción incomprensible. El valor concreto de un lingote de oro ha sido reemplazado hoy en día por inextricables letras de cambio, acciones bursátiles y criptomonedas.
¿Y cuál es el sistema económico cuyo dominio está vinculado a esta abstracción? El capitalismo, porque no nace de la industria sino del comercio. La industria produce cosas concretas, pero el comercio se encarga de intercambiarlos mediante operaciones abstractas, despojando a los productos de sus atributos concretos para otorgar su valor real a lo que dicte el mercado. En el mundo capitalista se valora el materialismo y el individualismo, se deifica la tecnología y se explota al hombre.
Ilustrando otro ejemplo, Sábato señala cómo el poder económico de un corredor de bolsa que especula con un cereal que jamás ha visto, es infinitamente más grande que el del campesino que lo cosechó. Visto el poder a grandes rasgos, los países que controlan los sistemas financieros complejos son quienes se disputan el dominio del planeta. Y mientras más abstracta se torna la ciencia más deshumanizante se vuelve el mundo cotidiano.
El avance del conocimiento científico no es necesariamente deshumanizante si, como advierte el autor, tenemos cuidado que no se salga de control. Yo desconozco la funcionalidad de un acelerador de partículas, pero me entusiasma la posibilidad de conocer más sobre nuestro universo a partir de los hallazgos que arroje la intricada y fascinante física cuántica
¿Qué hacer ante estas amenazas que traen consigo la abstracción de las ciencias?
Sábato expresa que para lograr la paz democrática hay que enfocarse en el ser humano. Tenemos que reevaluar nuestro sentido de la vida y reflejar sobre los problemas actuales de nuestra época. Es importante saber comprender y utilizar la ciencia en favor de nuestra condición humana y no poner a la ciencia por encima de los valores que favorecen el avance de la humanidad.
Por mucho tiempo la filosofía ha servido de puente entre el humanismo y las ciencias, y hoy en día vemos con optimismo el uso de la ética en la Inteligencia Artificial y en la ciencia climática para mitigar los efectos del calentamiento global, entre otros avances. Por otro lado, otorgarles un mayor valor a las artes y encontrar placer y sentido en ellas puede contribuir a generar pensamientos más críticos y humanos, y a alejarnos de esa visión utilitaria de las cosas.
Y, por último, debemos recuperar nuestras capacidades de imaginación, de afecto y de asombro, y buscar experiencias humanas enraizadas en el amor y la solidaridad.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.













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