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Transformaciones en la Relación de EE.UU. y América Latina bajo la Segunda Administración de Trump

La segunda administración de Donald Trump podría traer cambios significativos en la relación entre Estados Unidos y América Latina, impulsados por políticas clave relacionadas con la migración, el comercio, la seguridad pública y la competencia geopolítica con China. Entre sus promesas de campaña se incluyó la deportación de millones de migrantes a México y Centroamérica, lo que podría desencadenar una crisis económica y migratoria en la frontera sur de EE.UU. Al mismo tiempo, la integración económica de Norteamérica y su competitividad global podrían enfrentar riesgos si Trump decide cancelar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) cuando se someta a revisión en 2026. Además, ha señalado la posibilidad de ejecutar ataques militares unilaterales en México contra los cárteles de drogas, lo que podría agravar las tensiones diplomáticas entre ambos países y profundizar las dificultades en la cooperación regional, obligando a América Latina a explorar nuevas alianzas.

La Segunda Administración de Donald Trump

Sin embargo, no todos los gobiernos de la región se verán igualmente afectados por estas políticas. Trump podría priorizar el fortalecimiento de relaciones con gobiernos de derecha, enfocándose más en asociaciones económicas y de seguridad que en los derechos humanos. Líderes como el presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, han manifestado su intención de mantener fuertes lazos con Trump, posicionándose como sus principales aliados regionales. Esta orientación generará nuevas tensiones con gobiernos de izquierda, como el de Brasil, bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo enfoque ideológico es diferente. En cuanto a las relaciones con Cuba y Venezuela, Trump sería capaz de retomar su política de “máxima presión” implementada durante su primer mandato, lo que implicaría un endurecimiento de las sanciones a Venezuela, tras la consolidación de Nicolás Maduro en el poder.  Hay que recordar que cuando fue presidente revirtió las políticas de normalización de la era Obama y reconoció a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. Sin embargo, existe la posibilidad de que Trump considere un acuerdo con el gobierno de Maduro, que podría contemplar un alivio de sanciones a cambio de otorgar a empresas estadounidenses un acceso preferencial al sector petrolero venezolano. La viabilidad de este enfoque dependerá de la evolución de la situación política y económica en Venezuela.

En su primer mandato, Donald Trump centró su relación con América Latina en la seguridad fronteriza y la migración, implementando medidas como la construcción del muro fronterizo y la política de «Permanecer en México», que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en territorio mexicano.

La segunda administración de Donald Trump podría traer cambios significativos en la relación entre Estados Unidos y América Latina, impulsados por políticas clave relacionadas con la migración, el comercio, la seguridad pública y la competencia geopolítica con China

El Futuro de los Tratados Comerciales

De hecho, Trump señaló durante su campaña que tiene la intención de deportar a millones de mexicanos y centroamericanos que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos. Si se implementa esta política, produciría un caos logístico y retrasos aduaneros en la frontera. Además, causaría dificultades económicas y sociales adicionales en México y Centroamérica, ya que estos países tendrían que afrontar la absorción de un gran número de migrantes, al mismo tiempo que enfrentarían una drástica reducción de las remesas enviadas por las poblaciones de la diáspora, las cuales tradicionalmente han apoyado las economías locales. Estas medidas también podrían afectar significativamente las relaciones bilaterales con México y los países centroamericanos. Por otro lado, no hay que olvidar que Trump renegoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), reemplazándolo por el T-MEC, un acuerdo que priorizaba los intereses estadounidenses y favorecía el nacionalismo económico. Sin embargo, el T-MEC ha sido criticado por sus vacíos legales que permiten que la inversión china en México se beneficie de la reducción de aranceles. La administración de Trump también implementó recortes significativos a la ayuda extranjera, condicionando los fondos a la cooperación en temas como el control migratorio y la lucha contra el narcotráfico.

Este enfoque transaccional que seguro retomará al llegar a la Casa Blanca refleja la estrategia diplomática de Donald Trump, que busca realinear las relaciones entre EE.UU. y América Latina en función de los intereses estadounidenses. Es probable que esta orientación se mantenga, priorizando las necesidades de seguridad y economía de EE.UU. en la región, incluso si ello implica un distanciamiento del multilateralismo tradicional. Ante estas posibles políticas, América Latina se enfrenta a un periodo de gran incertidumbre en su relación con Estados Unidos. La dirección que adopte la administración de Trump podría redefinir las dinámicas regionales, obligando a los países latinoamericanos a replantear sus políticas migratorias, económicas y de seguridad, así como a fortalecer alianzas que les permitan mitigar los impactos de un enfoque estadounidense más unilateral y menos comprometido con el mundo exterior.

Alide Flores Urich Sass

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