Uno de los efectos más fascinantes de la literatura es ese despertar que provoca en nuestra imaginación y que detona el deseo de la aventura. Pero más allá de la literatura, hay que crear espacios de tiempo para vivir tales aventuras.
En su libro “La vida fuera de uno mismo”, el ensayista italiano Pietro Del Soldà nos habla sobre la filosofía de la aventura, sobre la importancia que tiene el embarcarnos en aventuras para darle mayor sentido a nuestras vidas. Y, por otro lado, también reflexiona en los obstáculos que nos impiden generar y vivir más aventuras.
La palabra “aventura” proviene del latín ad-ventura, que significa “lo que ha de venir”, aquellas acciones que haremos en el futuro. Pero hoy en día no identificamos a la aventura con cualquier acción futura (también pasada), sino con acciones que conllevan ciertos riesgos, a veces originadas de manera espontánea, sin objetivos predeterminados y ausente de alguna utilidad fuera de la aventura misma.
Así es, la aventura por la aventura misma, tal como la han vivido muchos personajes trotamundos, incluyendo Heródoto de Halicarnaso, conocido como el “Padre de la Historia”. Sin haber sido diplomático ni comerciante, Heródoto se entregó a la aventura a través de sus múltiples viajes para “ir a ver” y posteriormente escribir episodios de las guerras greco-persas que plasmo en su obra Historias.
Pero hoy que estamos más conectados y globalizados que nunca, ¿qué dificulta las aventuras? Pietro Del Soldà nos recuerda esas estructuras sociales monótonas que nos tienen anclados a una vida de rutinas, sometidos mecánicamente a actividades cortoplacistas y desinteresadas del mundo exterior, que no nos permiten imaginar futuros y distancias lejanas, ni soñar con aspiraciones existenciales más profundas.
El tiempo que tenemos es limitado y la vida es brevísima. Gracias a nuestra mortalidad podemos apreciar más la belleza de la vida. Rompamos con el ritmo ordinario de la existencia e interesémonos más por el mundo de afuera. La aventura nos espera.
La aventura consiste en una salida o un escape de la costumbre, pero también en salirse de uno mismo, en abandonar esa “tiranía del Yo” que subraya el autor. Esa que nos hace obsesionarnos con nuestro individualismo, haciéndonos esclavos de nuestra imagen y dándole importancia a lo que los demás piensan de nosotros. Con ello, yo también añadiría el salirnos más de las pantallas y las asfixiantes redes sociales.
Muchas veces la costumbre está tan presente que ya ni la notamos. Nos tiene ejerciendo en automático las mismas acciones en repetición y nos ha adormecido existencialmente bajo un ritmo hechizante, alejándonos de la posibilidad aventurera.
Citando al filósofo renacentista Michel de Montaigne, Del Soldà sostiene que la costumbre “nos impide vivir con plenitud nuestra vida y nos quita libertad” porque domina nuestro actuar y anula nuestra verdadera naturaleza humana. Y es que resulta cómodo dejarnos guiar por la costumbre cuando tomamos muchas decisiones de la vida como dónde vivir, qué estudiar, a qué dedicarnos y cómo relacionarnos.
Para liberarnos de la costumbre, Montaigne señala que debemos separar la interioridad con exterioridad, pues solo saliendo de uno mismo, de nuestras costumbres y de nuestro territorio, viviendo experiencias que nos apasionen, podemos no solo descubrir lo que hay más allá de nuestro entorno, sino también comprender mejor nuestro origen y descubrir mejor quiénes somos.
¿Cuántos de nosotros que hemos cruzado fronteras y vivido fuera compartimos ese sentimiento? Gracias a esas aventuras adquirimos una apreciación diferente por nuestro lugar de origen y llegamos a conocernos mejor cuando somos expuestos a otras culturas y estilos de vida.
Para encender ese espíritu aventurero hay que salirnos de nuestra zona de confort, dejarnos guiar por la curiosidad y la capacidad de maravillarnos, y buscar experiencias que encajen con nuestras pasiones, que nos enriquezcan en lo que verdaderamente importa en la vida y contribuyan a nuestro desarrollo personal.
Por ejemplo, viajar a un destino nuevo, invertir en experiencias creativas como aprender a tocar un instrumento musical, vivir experiencias nuevas con la gente que amamos, incursionar en un nuevo deporte, probar nuevas gastronomías, recorrer un largo sendero de la naturaleza, abrir un negocio o intentar desafiar algún miedo, pueden ser aventuras que nos hagan vivir con mayor intensidad e influyan nuestra realidad haciéndonos sentir más libres, auténticos y plenos.
Ante un mundo siempre incierto, el espíritu de la aventura puede ser muy útil para estar abiertos a las infinitas posibilidades que nos arroje la vida y a no tener miedo del cambio. Porque además, confiar en la estabilidad puede ser un riesgo también, pues nunca está garantizada. Como dice Del Soldà, “Para nuestra propia felicidad, el puerto seguro puede revelarse más peligroso que el mar abierto.”
Entre los ejemplos de aventureros que menciona Del Soldà en su libro está Alexander von Humboldt, un naturalista revolucionario adelantado a su tiempo que exploró la naturaleza como nadie. Entre sus contribuciones desarrolló la teoría de la Tierra como un organismo vivo, inventó las líneas isotérmicas, criticó la explotación de los recursos naturales y el daño al medio ambiente, y fue el primero en advertir sobre el efecto antropogénico en el cambio climático. Sus aventuras nos beneficiaron a todos.
No digo que toda aventura deba ser tan sublime como las de Alexander von Humboldt, pero la aventura sin duda es un extraordinario antídoto contra el conformismo de la vida rutinaria y puede darnos, entre la infinidad de improbables resultados, el sentirnos realizados. Y con eso ya vale la pena embarcarse a la aventura.
El tiempo que tenemos es limitado y la vida es brevísima. Gracias a nuestra mortalidad podemos apreciar más la belleza de la vida. Rompamos con el ritmo ordinario de la existencia e interesémonos más por el mundo de afuera. La aventura nos espera.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.













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