Líbano atraviesa un momento crítico que podría marcar un punto de inflexión en su panorama político, tradicionalmente caracterizado por el estancamiento. En un contexto de transformaciones, la reciente elección de un nuevo presidente y un nuevo primer ministro ha suscitado esperanza en diversos sectores de la población, pero también plantea retos para la clase política, incluida Hezbolá.
Considerado durante dos décadas como el grupo más poderoso de Líbano, Hezbolá enfrenta un situación compleja. Aunque jugó un papel clave respaldando a Joseph Aoun para que obtuviera los votos necesarios y fuera elegido presidente el 9 de enero de 2025, el grupo decidió abstenerse en la votación para primer ministro días después, al anticipar que Nawaf Salam, ex presidente de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), lograría la victoria. Esta decisión refleja las tensiones internas y externas que enfrenta Hezbolá, en un contexto en el que siente que sus oponentes están capitalizando las pérdidas sufridas durante la guerra con Israel.
El liderazgo de Hezbolá, respaldado por Irán, ha sufrido golpes significativos en los últimos meses, incluyendo la pérdida de altos mandos y la caída de su principal aliado regional, el régimen de Bashar al-Assad en Siria. En paralelo, el parlamento libanés, tras 12 intentos fallidos, eligió finalmente al general Joseph Aoun como presidente, poniendo fin a un estancamiento político de dos años que había comenzado tras el término del mandato del presidente anterior en octubre de 2022.
Bajo los términos del alto al fuego con Israel, Hezbolá está obligado a replegarse al norte del río Litani, mientras el ejército libanés se despliega en el sur del país una vez que las fuerzas israelíes se retiren. Sin embargo, los recientes ataques israelíes a objetivos al norte del Litani, bajo la justificación de su relación con Hezbolá, han generado tensiones y cuestionamientos sobre la interpretación del alto al fuego, con algunos actores sugiriendo que la infraestructura militar de Hezbolá podría ser atacada en cualquier punto del país.
El liderazgo de Hezbolá, respaldado por Irán, ha sufrido golpes significativos en los últimos meses, incluyendo la pérdida de altos mandos y la caída de su principal aliado regional, el régimen de Bashar al-Assad en Siria
En este contexto, tanto el presidente Aoun como el primer ministro Salam han señalado la necesidad de que el Estado monopolice el control de las armas y han reafirmado su intención de desplegar al ejército en el sur, un mensaje claro que desafía la supremacía militar de Hezbolá. No obstante, el secretario general del grupo, Naim Qassem, ha advertido que Hezbolá debe ser parte de cualquier gobierno entrante.
Los nuevos líderes libaneses han prometido trabajar para garantizar la retirada de Israel de todo el territorio ocupado en el sur del país y para reconstruir las zonas devastadas, un gesto que los analistas interpretan como un intento de reconciliación con la comunidad chiita, tradicionalmente apoyada por Hezbolá. A su vez, Hezbolá enfrenta una creciente presión de sus bases en el sur, el Valle de la Bekaa y Dahiyeh, donde se demandan soluciones urgentes para reconstruir hogares y vidas tras el conflicto. Para ello, será indispensable la obtención de ayuda internacional, lo que podría forzar a Hezbolá a aceptar, al menos temporalmente, la nueva dirección política del país.
El perfil de Nawaf Salam: un líder con visión global
Nacido en Beirut en 1953, Nawaf Salam inició su carrera como académico y conferencista en prestigiosas instituciones como la Universidad Americana de Beirut (AUB), la Sorbona en París y la Universidad de Harvard. Entre 2007 y 2017, se desempeñó como embajador de Líbano ante las Naciones Unidas (ONU), donde, según testimonios, “construyó una política exterior en un momento en que Líbano carecía de ella”.
En 2018, Salam se unió a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), donde en 2024 asumió la presidencia. Durante su mandato, lideró casos emblemáticos, incluyendo la denuncia de Sudáfrica contra Israel por presunto genocidio en Gaza, y dictaminó que la ocupación israelí de territorio palestino es ilegal. Además, trabajó en la implementación de resoluciones clave de la ONU, como la 1701, base del actual alto al fuego entre Israel y Líbano.
Salam, junto con Aoun, encarna una nueva etapa en la política libanesa, en la que las promesas de unidad nacional y reconstrucción se entrelazan con desafíos estructurales y una tensa dinámica regional.













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