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¿Por qué muchas personas son vulnerables a las teorías de conspiración y la desinformación?

Todos conocemos a alguien, amigos o familiares, que nos dejan perplejos por sus creencias en ideas falsas que, en el menor de los casos son simplemente absurdas, y en el peor de los casos hasta peligrosas. Y nos preguntamos, ¿cómo llegaron a aceptar tantas conspiraciones y desinformación, aumentando su negacionismo a la verdad?

Voy a empezar por diferenciar entre información errónea y desinformación. Es humano equivocarse y en el periodismo se cometen errores de información. Pero la desinformación no es un error, está fabricada específicamente con la intención de engañar y lastimar a otros. Y cuando la desinformación está al servicio de una agenda política, se le llama propaganda.

Vulnerabilidad Social

En su libro “Foolproof”, el profesor de psicología social Sander van der Linden habla sobre cuáles son las razones por las que muchas personas son altamente susceptibles a la desinformación, cómo se esparce la desinformación y qué métodos de inmunización existen para protegernos de la desinformación.

Hay varios elementos psicológicos que, combinados con la persuasiva maquinaria mediática, hacen que muchas personas sean vulnerables a creer en la desinformación.

Por un lado, hay un sesgo cognitivo denominado “verdad ilusoria” que habla sobre la tendencia de las personas a creer en algo que han escuchado repetidamente. A Joseph Goebbels, ministro de propaganda Nazi, se le atribuye la siguiente frase: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.”

Un gran exponente de esta técnica propagandística de la gran mentira es Donald Trump, quien, entre muchas mentiras que ha esparcido, repitió infinidad de veces que las elecciones del 2020 le fueron robadas (jamás hubo evidencia de ello) y, como consecuencia, muchos de sus seguidores continúan hoy creyendo esta gran mentira. El efecto de la “verdad ilusoria” funciona psicológicamente porque la repetición de una mentira tiende a sentirse como algo familiar.

Otra razón de la vulnerabilidad de las personas a creer en la desinformación tiene que ver con la “motivación cognitiva”. Este concepto habla de cómo nuestros procesos mentales, incluyendo la memoria, la percepción, la atención y los juicios, son influidos selectivamente por nuestras motivaciones. En lugar de aceptar la evidencia, nuestra motivación cognitiva la distorsiona o la rechaza completamente en favor de lo que quisiéramos que fuera verdad.

En un escenario de disonancia cognitiva, cuando se da un conflicto entre aceptar la evidencia concluyente y el deseo de proteger nuestras creencias, es más difícil actualizar nuestro conocimiento hacia la verdad que rechazar la evidencia y seguir creyendo en algo falso. Como ejemplo, la evidencia científica de que el cambio climático es antropogénico es incuestionable y sin embargo muchas personas siguen creyendo falsamente de que el cambio climático no es real.

Inmunización de las Teorías de la Conspiración

Y aquí tiene mucho que ver el contexto social en el que uno se encuentra, ese tribalismo que nos empuja a proteger la creencia grupal. Cuando parte de nuestra identidad está moldeada por los círculos sociales a los que pertenecemos, el deseo de seguir en la tribu y el apego al grupo son con frecuencia más importantes para un individuo que su deseo por defender la verdad. Ponerse del lado de la verdad puede chocar con los miembros y tener como riesgo el ser apartado del grupo.

Por otro lado, el pensamiento conspirativo es muy atractivo (y peligroso) porque toma ventaja de la fragilidad emocional de las personas, ofreciendo explicaciones simples a problemas complejos. Desafortunadamente muchas personas caen con facilidad en este tipo de pensamiento alimentado por el miedo, la paranoia y la desconfianza en las instituciones. Como nos señala Van der Linden, las teorías de conspiración se caracterizan por tener detrás de ellas “fuerzas secretas y poderosas” que operan clandestinamente para implementar un plan siniestro a escala global.

El escepticismo saludable es un pilar de la ciencia, y cuando se presenta evidencia nueva, se actualiza nuestra manera de pensar hacia mejores respuestas. Pero contrario a la ciencia, para los conspiracionistas cualquier argumento discordante en contra de sus creencias es evidencia misma de su conspiración.

Por ejemplo, los conspiracionistas antivacunas creen, sin ninguna evidencia médica, que las vacunas causan autismo. Y aunque no hay nada que sustente su equivocada postura, no les interesa saber la verdad. Al contrario, cuando se les presentan pruebas fidedignas de que su falsa creencia viene de un estudio fraudulento que ya ha sido desacreditado y que el autor del estudio perdió su licencia médica debido a dicha estafa, para ellos todos estos argumentos representan esfuerzos por esconder la “verdad” y solo consolidan sus creencias conspirativas.  

Y para complicar las cosas más, las personas que caen en conspiraciones y en la desinformación son muy activos en compartir y esparcir sus falsedades creando aún mayor confusión en el público y desconfianza en los medios electrónicos.

Entonces, ¿qué podemos hacer para crear inmunidad ante la desinformación? Sander van der Linden tiene algunas sugerencias.

Como la desinformación tiende a ser simple y la ciencia compleja, hay que hacer esfuerzos de presentar argumentos científicos con mayor claridad, sin miedo a la repetición, para que esta fluidez haga de la verdad un concepto familiar.

Para combatir la politización de la ciencia, es importante favorecer los argumentos verídicos, comunicar consensos científicos y bipartidistas basados en hechos y evidencias, y evitando enfatizar las posturas que los partidos políticos tienen individualmente sobre un tema de carácter científico.

Cada uno de nosotros tiene el poder de inocular cognitivamente mediante las conversaciones que tenemos en nuestros círculos sociales y ayudar a poner fin a la divulgación de la desinformación.

Hay que autocriticarnos y estar alerta sobre el contenido informativo que recibimos, asegurando de no caer en una cámara de eco cuyos algoritmos solo refuerzan nuestras ideologías sin una contraparte que desafíe nuestra manera de pensar.

La Fuerza del Algoritmo

Con ello, hay que ser más conscientes de cómo funcionan las redes sociales, sabiendo que éstas van moldeando la información que vemos de acuerdo con nuestras búsquedas y, reconociendo también, que las redes sociales ganan más dinero cuando nos mantienen por más tiempo en sus plataformas debatiendo, polarizando y compartiendo contenido.

Van der Linden también destaca una vacuna psicológica. Citando al psicólogo Bill McGuire, el autor menciona que, así como nuestro cuerpo adquiere inmunidad hacia un virus después de haber recibido una vacuna biológica, puede también ser posible adquirir inmunidad a la desinformación mediante una vacuna cognitiva.

La investigación de McGuire consistió en exponer previamente una débil dosis de propaganda ante un público a la par de razonamientos fidedignos sobre un tema. Al presentar estos dos contrapuntos de un argumento, en lugar de solamente proveer más argumentos del lado verdadero, estimuló las defensas del público, cultivando anticuerpos cognitivos y generando resistencia psicológica ante la desinformación.

Junto con otros investigadores, Van der Linden creó Bad News, un juego en línea para ayudar a identificar los métodos y las estrategias de manipulación utilizadas en las teorías de conspiración y la desinformación, y activar nuestro sistema de inmunidad psicológica. El juego ha sido aplicado en muchos países con resultados prometedores.

A mayor nivel de educación de las personas, menor es la predisposición a la desinformación y a las teorías de conspiración. Pero lograr la inmunidad psicológica colectiva depende de todos.

Hay que incentivar el pensamiento crítico y comprobar la información que consumimos. También hay que percatarnos de las técnicas de manipulación implementadas por fuentes cuestionables para reconocerlas y evitar su influencia. Y el pensar lógicamente en lugar de reaccionar emocionalmente ante un contenido, puede reducir la vulnerabilidad de creer en la desinformación.

Cada uno de nosotros tiene el poder de inocular cognitivamente mediante las conversaciones que tenemos en nuestros círculos sociales y ayudar a poner fin a la divulgación de la desinformación y las teorías de conspiración. También hay que exigir que las empresas digitales y de noticias operen con imparcialidad, que haya mecanismos de monitoreo y verificación de información, y que, ante todo, defiendan siempre la verdad.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

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