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Foto: Christine Roy en Unsplash

¿Quién gana en las guerras arancelarias?

Ante las absurdas amenazas arancelarias (y sus respectivas represalias) que hemos visto en las últimas semanas, yo tengo una pregunta. ¿Acaso los líderes del mundo no tienen consejeros economistas que les puedan explicar que los aranceles y el proteccionismo no funcionan para el crecimiento de la economía global y, por el contrario, reducen la riqueza de sus países?

Uno de los libros que más me influyeron cuando estudié el MBA hace casi 25 años, y que vuelve a cobrar gran relevancia hoy, es The Choice, a Fable of Free Trade and Protectionism (La Elección, una Fábula de Libre Comercio y Proteccionismo), un relato muy accesible y divertido del economista Russell Roberts.

Narrada a manera de diálogo socrático, The Choice cuenta la historia de Ed Johnson, un empresario estadounidense que lidera una fábrica de televisiones en la ficticia ciudad de Star, Illinois, en 1960. Con el crecimiento de las importaciones de televisiones japonesas a mejor precio, Ed teme por el futuro de su empresa, e inmediatamente busca convencer a un congresista con aspiraciones presidenciales para crear una propuesta de ley que limite las importaciones de Japón, elimine a su competencia y proteja la producción nacional.

Para regresar el favor, el político le pide a Ed que dé un discurso proteccionista para su campaña presidencial. Pero muy pronto Ed comienza a cuestionarse si esa postura anticompetitiva es buena idea, y una noche se le aparece el fantasma del economista británico David Ricardo, quien en 1817 desarrolló la teoría económica de la ventaja comparativa, para explicarle a Ed los beneficios del libre comercio y porqué debe desistir de su planteamiento proteccionista.

Las Políticas Arancelarias que afectan a los ciudadanos

La idea de la Teoría de la Ventaja Comparativa consiste en que los países deben enfocarse en la especialización de los productos que mejor saben hacer y en importar el resto de los productos que demandan los consumidores. Tratar de producir todo lo que los consumidores necesitan es costoso, ineficiente, limitante, reduce la calidad de vida y obstaculiza el crecimiento económico.

Para ilustrar mejor su punto, David Ricardo viaja con Ed al futuro para mostrarle dos versiones del año 2005. La primera es un escenario en donde triunfa el libre comercio, mientras en el segundo le muestra los impactos negativos que sufre la economía de Estados Unidos bajo la imposición de aranceles y medidas proteccionistas.

Los países que participan en el libre comercio tienen mejores relaciones diplomáticas con sus socios comerciales y reducen los riesgos de un enfrentamiento militar

Al llegar a un futuro de libre comercio, Ed se percata que su fábrica de televisiones cerró años atrás ante la imposibilidad de competir contra las televisiones japonesas. Pero Ed también percibe que la calidad de vida de las personas aumentó. Al importar productos de calidad más baratos, las personas tienen más dinero para adquirir otros bienes. Y al enfocarse en su costo de oportunidad, Estados Unidos prefirió renunciar a manufacturar televisiones para enfocarse en desarrollar industrias más avanzadas.

Por ejemplo, Estados Unidos importa televisiones, pero es líder exportando software a todo el mundo. ¿Podría Estados Unidos manufacturar televisiones? Desde luego que sí, pero no tendría mucho sentido. Utilizando la teoría de la ventaja comparativa, o la manera indirecta de generar riqueza, es más lucrativo para Estados Unidos emplear sus recursos y tiempo limitados para especializarse en industrias más redituables y aprovechar el libre comercio para importar productos que otros países hacen mejor.

En cuanto a los antiguos empleados de la fábrica de Ed, en un inicio tuvieron dificultades, pero rápidamente salieron adelante. Algunos se retiraron, otros adquirieron nuevas habilidades para conseguir trabajos mejor pagados y otros iniciaron sus propios negocios. Pero a largo plazo, tanto a ellos como a sus familias les fue mejor.

Aunque el libre comercio da la impresión de ser una competencia comercial entre países, es más bien una forma de colaboración en un mercado global en expansión. Al final quienes se benefician son los consumidores, pues al existir un intercambio comercial tenemos a nuestro alcance los mejores productos y servicios, a mejores precios, provenientes de países que han puesto su enfoque en la especialización.

Un mercado global más amigo de las personas

¿Pero qué acontece cuando David Ricardo le muestra a Ed el escenario proteccionista? Una vez cerradas las puertas a las importaciones, Estados Unidos se ve en la imperiosa situación de producir todo lo que sus consumidores necesitan. En este modelo de autosuficiencia el país se estanca económicamente, no hay suficientes trabajadores ni la tecnología para producir todo a un precio menor que con el libre comercio y las cosas cuestan más. Aislados y sin competencia, los productores se vuelven conformistas y no tienen presión por innovar y mejorar sus productos.

Algunos conservadores temen que, si Estados Unidos importa más de lo que exporta, un déficit comercial le afectaría económicamente. Pero esta es una visión equivocada sobre el libre comercio pues los déficits no reducen la riqueza de una nación y no tiene sentido asumir que un país comercie equitativamente con cada país por productos similares. No olvidemos que la parte clave del libre comercio es la especialización.

Por ejemplo, Canadá importa café de Colombia, pero no podemos imaginar que Colombia importe café de Canadá, pues este país norteamericano no tiene la capacidad ni las ventajas geográficas y climatológicas para producir café (les saldría muy costoso intentarlo y fracasarían). Colombia por su parte se beneficiaría de importar productos en los que Canadá se especializa, como la madera o los farmacéuticos.

Recordemos también que los países no solo comercian productos, sino también activos y divisas. Por lo tanto, aunque Estados Unidos se encuentre en un déficit comercial al importar más de lo que exporta, muchas veces esto se traduce a un superávit de capital, en donde consumidores extranjeros invierten más en activos estadounidenses que lo que invierten estadounidenses en activos extranjeros. Por ejemplo, para muchos extranjeros es muy atractivo invertir en acciones de la bolsa en Estados Unidos. Gracias a este capital las empresas americanas pueden innovar y expandirse.

También hay quienes apuntan a la “injusticia” de la competencia desleal, cuando países exportan productos subsidiados por el gobierno que les permite vender a precios muy reducidos en el país destinatario. Por ejemplo, algunos vinos europeos y sudamericanos son muy baratos en Estados Unidos en parte porque sus gobiernos subsidian a la industria. Pero esto no es una desventaja; para los consumidores de vinos en Estados Unidos esto es provechoso, pues pagan menos por vinos de excelente calidad gracias a que el gobierno del país de origen cubre parte del costo.

¿Qué debe hacer un país que ve sus exportaciones amenazadas ante la imposición de aranceles? La mejor decisión es no caer en represalias que puedan conducir hacia una guerra arancelaria sin fin. Claro, hay que negociar para eliminar tales barreras, pero hay que actuar teniendo como prioridad el beneficio de su población. Y para ello, se debe continuar importando productos de calidad a buen precio para generar mayor riqueza a sus habitantes.

Cuando un país impone aranceles a los productos que importa de otros países, los principales afectados son sus propios connacionales que tendrán que pagar más por tales productos, reduciendo su poder adquisitivo. Eventualmente, la única solución es dar marcha atrás. En las guerras arancelarias no hay verdaderos ganadores.

A través de la historia, las naciones que se han abierto al mundo, aprovechado mejor el libre comercio y la inversión extranjera, logran ser más prósperas económicamente que aquellas naciones aisladas en el proteccionismo. Pero también gozan de mayor paz; los países que participan en el libre comercio tienen mejores relaciones diplomáticas con sus socios comerciales y reducen los riesgos de un enfrentamiento militar. Y esto es lógico, pues ¿qué país, en su sano juicio, atacaría a un cliente que compra sus productos y enriquece su economía? Solo uno sin inteligencia.

En un mundo de libre comercio, las personas deben tener la libertad de consumir lo que para ellos represente el mejor valor por su dinero.

Por último, hay que enfatizar que el dinero y la riqueza no son lo más importante en el libre comercio, sino un derivado. Pero lo que también ofrece esta apertura comercial global son mayores oportunidades de adquirir mejores habilidades en un mundo cada vez más dinámico, que incentiva a las personas a innovar para buscar soluciones a los grandes desafíos y a soñar con un mundo mejor.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

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