Hoy en día, los humanos estamos pasando más tiempo solos, muchas veces de manera autoimpuesta. Actividades que antes hacíamos en compañía, como ir al cine o a cenar, o la convivencia con colegas en el trabajo, se han ido convirtiendo en ocupaciones meramente individuales.
Según un artículo reciente de The Atlantic, en los Estados Unidos las personas están pasando cada vez menos tiempo en compañía y más tiempo en soledad. Esta tendencia, que no es exclusiva del país norteamericano, nos debe hacer reflexionar sobre las consecuencias que un estilo de vida antisocial tiene sobre nuestra felicidad, nuestro entendimiento de la realidad y el futuro de la vida en comunidad.
Es verdad que durante la pandemia y sus respectivas medidas de aislamiento muchas personas fueron obligadas a llevar a cabo una vida más solitaria. Pero esta inclinación hacia una desconexión social ya se venía manifestando décadas atrás.
Reflexionando sobre una verdadera epidemia social: la soledad
De acuerdo con Derek Thompson, autor del mencionado reportaje, a partir de la década de 1970 se dio una transformación urbana en los Estados Unidos que comenzaría a deteriorar la convivencia social. Por un lado, la construcción de espacios públicos sufrió un declive. Pero más relevante, dos piezas claves se volvieron más accesibles para la población durante esta época: el automóvil y la televisión.
El Dr. Vivek Murthy, anterior director general de salud de los Estados Unidos durante las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, alertó sobre una “epidemia de la soledad”, y catalogó sus efectos negativos en la salud pública al mismo nivel del tabaquismo y la obesidad
El automóvil permitió a muchas personas vivir en los suburbios de las ciudades, donde podían hacerse de una casa con jardín y piscina privadas. Y, por su parte, la televisión capturó la atención individual de muchas personas que comenzaron a dedicar gran parte de sus horas libres frente a este omnipresente aparato.
En la actualidad, gracias a las comodidades tecnológicas, a la economía digital y al vivir hiperconectados todo el tiempo, los hogares se han convertido en micro universos prácticos que nos permiten trabajar remotamente, organizar reuniones virtuales, hacer compras en línea, ejercitar o disfrutar de entretenimiento vía streaming y realizar muchas actividades más sin tener que salir de casa y sin necesidad de compañía.
Por su parte, el teléfono móvil se ha vuelto un accesorio inseparable en nuestras vidas. Aunque su impacto negativo en la salud mental puede afectar a todos, los jóvenes son los más vulnerables a sus efectos, ya que en promedio dedican unas 5 horas al día a la pantalla. Y no hay que olvidar que muchos jóvenes de ahora han sido expuestos al celular desde su infancia más temprana.
La depresión social
Como menciona Thompson, lo más preocupante no es lo que hacen los jóvenes en sus smartphones, sino lo que dejan de hacer debido a su adicción a estos dispositivos móviles. En comparación a décadas anteriores, los jóvenes hoy pasan más tiempo solos, hacen menos actividades al aire libre y conviven menos con amigos. En consecuencia, sus niveles de depresión y ansiedad son alarmantes.
Aunada al excesivo consumo digital, la Inteligencia Artificial (IA) también puede agravar el distanciamiento social, pues programas populares de chatbots como Character.ai ofrecen un espacio atractivo para crear compañeros artificiales con quien conversar.
Esta plataforma de IA te permite moldear un personaje virtual a tu gusto, en donde puedes recibir mensajes siempre halagadores si así lo decides. El riesgo está en que, al preferir este tipo de relación artificial, se puede perder el deseo de interactuar cara-a-cara con personas reales, se deteriora la capacidad humana de dialogar cuando hay desacuerdos y se opta por la “comodidad” del aislamiento.
La soledad incluso afecta nuestras preferencias políticas. Las personas que viven aisladas tienen menos empatía por los demás, tienden a interesarse menos en el beneficio colectivo y se vuelven más egoístas a la hora de votar.
El Dr. Vivek Murthy, anterior director general de salud de los Estados Unidos durante las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, alertó sobre una “epidemia de la soledad”, y catalogó sus efectos negativos en la salud pública al mismo nivel del tabaquismo y la obesidad. Para él, la conexión social es “una necesidad humana fundamental, tan esencial para la supervivencia como la comida, el agua y la vivienda”.
Un factor importante para reducir nuestro aislamiento social y mejorar nuestro bienestar psicológico es el sentirnos útiles en nuestra comunidad y con nuestras familias. El saber que somos apreciados por la comunidad cuando ayudamos en trabajos de voluntariado o participamos activamente en eventos y causas sociales pueden mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra felicidad. Y, por el contrario, el no sentirse útiles para la sociedad puede deprimirnos y hacernos creer que nuestra vida no importa.
Promoviendo la convivencia para frenar la soledad
Pero ante todo esto, hay señales para ser optimistas. Cada vez más distritos escolares están prohibiendo los teléfonos móviles en las escuelas y promoviendo más la convivencia social de los estudiantes. Adicionalmente, las campañas de salud mental han tenido éxito y el acudir a terapias ha dejado de ser un estigma social.
Por otro lado, muchas ciudades están incluyendo la creación de infraestructura social o la reinvención de zonas públicas en sus planes de desarrollo urbano con más y mejores espacios seguros para promover la interacción de las personas.
Por ejemplo, Barcelona implementó el programa de “Supermanzanas” para priorizar a los peatones y ciclistas, fomentando la convivencia ciudadana. De forma similar, ciudades como Los Ángeles, Bogotá o la Ciudad de México, cuentan con programas como la Ciclovía en donde se cierran avenidas de la ciudad a los vehículos para permitir a sus habitantes disfrutar del ciclismo y otras actividades físicas.
Y vuelvo a la tecnología. No quiero satanizar a los dispositivos móviles, pues tienen muchas cosas positivas que han mejorado nuestra calidad de vida. Muchas personas incluso han conocido amistades y grupos sociales virtualmente. Pero sí debemos ser más selectivos con su uso para no descuidar nuestras relaciones presenciales.
Por último, es importante reiterar que la soledad tiene un impacto negativo en la salud pública. Y con ello en mente, debemos aspirar a una forma de vida orientada al beneficio de la comunidad, en donde las personas se sientan escuchadas y valoradas. Hay muchos desafíos que afrontar, pero si construimos un mundo en donde predominen el desarrollo humano y se fortalezcan las conexiones sociales, tendremos más esperanzas de ver el futuro de la humanidad con optimismo.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.













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