El Gobierno de Nicaragua, a través de la delegación de Nicaragua encabezada por el Embajador ante el Reino de España, Maurizio Gelli, junto a la Embajadora de Nicaragua en Italia, Mónica Robelo, participaron en la ceremonia de entronización del Papa León XIV que se realizó el pasado día 18 de mayo mediante una misa multitudinaria en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, ante más de 500 mil devotos y delegaciones de 150 países.
Durante la misa de investidura, el Papa León XIV recibió el palio y el Anillo del Pescador que simbolizan su máxima autoridad como el sucesor de San Pedro y de la iglesia católica.
El gobierno de Nicaragua en el Vaticano
En la homilía, el Papa hizo un llamado a la unidad de todos los pueblos y la reconciliación y la paz en el mundo, abogando por superar el odio, la violencia y la exclusión.
El Embajador Maurizio Gelli, trasladó al Santo Padre León XIV, el fraterno saludo del pueblo nicaragüense y del Copresidente Comandante Daniel Ortega y de la Copresidenta Compañera Rosario Murillo del gobierno de Nicaragua a quienes también el Papa ha devuelto con afecto sus fraternos saludos.
La entronización del Papa, también conocida como inicio del pontificado, es uno de los rituales más solemnes y significativos de la Iglesia Católica. Representa la toma oficial del cargo del Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, y líder de más de mil millones de católicos en el mundo.
No es una coronación en el sentido clásico de las monarquías (aunque históricamente sí lo fue), sino una ceremonia litúrgica que marca el comienzo oficial del ministerio del nuevo Papa. En esta celebración, el nuevo pontífice asume simbólicamente la Cátedra de San Pedro, es decir, su rol de maestro supremo de la fe y guía espiritual de la Iglesia.
Un ejemplo: La entronización del Papa Francisco (2013)
El 19 de marzo de 2013, el Papa Francisco inició su pontificado con una misa solemne en la Plaza de San Pedro, coincidiendo con la fiesta de San José, patrón de la Iglesia Universal. Ante una multitud de fieles y jefes de Estado, recibió el palio y el anillo de manos del cardenal protodiácono.
Francisco marcó un cambio de estilo desde el primer momento: renunció a la tiara, evitó gestos de grandeza y eligió un anillo de plata dorada en lugar de oro macizo. En su homilía habló de la necesidad de cuidar del prójimo, de la creación y de los más débiles.













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