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Foto de Freddy Kearney en Unsplash

La amenaza de los no lectores

El miedo más grande para un gobierno totalitario es tener una población educada y bien informada que cuestione su actuar, lo critique abiertamente y no pueda ser fácilmente manipulable. En otras palabras, una sociedad de lectores. Porque sí, los libros son instrumentos de resistencia y empoderamiento. Si esto no fuera verdad, no habría razón para censurarlos.

En la apocalíptica novela clásica Fahrenheit 451 de Ray Bradbury los lectores representan una amenaza seria para el régimen autoritario que ha impuesto un feroz y dominante control sobre la población a través de la censura de libros para mantenerlos ignorantes y obedientes.

Si esto les suena familiar es porque esta distopia literaria no está tan fuera de la realidad actual. Hoy en día vemos con preocupación el actuar cobarde de gobiernos que no solo censuran literatura crítica que los incomode, sino que propagan una maquinaria de desinformación para moldear la opinión de la población. Irónicamente, la novela de Bradbury ha entrado con frecuencia a las listas de libros censurados.

Fahrenheit 451

Para el régimen que describe Fahrenheit 451, en un lugar ficticio de los Estados Unidos y en un tiempo futuro no determinado, es importante suprimir la curiosidad intelectual de la población para mantener el orden e impedir que posibles disidentes pongan en peligro la estabilidad de la sociedad. Aunque claro, esta estabilidad es forzada y carece de libertad, pues la igualdad social que busca el régimen al eliminar los libros es una donde todos sean igualmente ignorantes.

La censura de los libros es peligrosa porque representa un duro golpe para el librepensamiento al restringir el acceso a puntos de vista diferentes, silenciar la participación ciudadana, suprimir la curiosidad intelectual y obstaculizar el avance del pensamiento crítico. Por si fuera poco, la censura permite al régimen en el poder controlar la narrativa en la información que consume la población.

Y aunque ese tipo de censura es peligrosa, la peor de las censuras es la autoimpuesta, la de los no lectores, aquellos que pudiendo cultivarse de la lectura no lo hacen. Y con ello, los no lectores se vuelven otra amenaza porque, al ser más fáciles de manipular, muchos pueden volverse defensores y portavoces del régimen. Piensen en ellos como parte de esos ejércitos de conspiracionistas y desinformadores al servicio del poder.

Hoy no hay leyes que prohíban a la sociedad leer. Sin embargo, y similar a la profética novela de Bradbury, muchos de los no lectores caen presas del poder hipnótico de los medios y las redes sociales que los mantienen distraídos con contenido basura y se vuelven parte de una sociedad conformista, esclavos del entretenimiento banal.

El problema de los No Lectores

A pesar del increíble acceso que las personas tienen hoy de adquirir información valiosa a través de la lectura, muchas personas son apáticas a la lectura. Es simplemente más fácil dejarse llevar por el entretenimiento simplón que pensar.

Algunos pudieran argumentar, ¿y qué tiene de malo preferir el entretenimiento sobre la estimulación intelectual? Quizás en el plano individual y si el consumo de contenidos es equilibrado no sería tanto problema.

Leamos libros que nos proporcionen conocimiento valioso y que estimulen el pensamiento, leamos libros que demanden de nosotros una concentración intelectual, libros que nos sacudan de nuestra zona de confort, libros que nos hagan cuestionar nuestras creencias, que nos hagan reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo

Pero cuando como sociedad participamos en las decisiones que determinan el futuro de nuestro país (como en una elección presidencial), aquellos que se dejaron llevar por el entretenimiento banal, que no desarrollaron el pensamiento crítico y que perdieron la habilidad de discernir entre noticias verificables de aquellas que son falsas conspiraciones, pudieran ser motivados a votar por un personaje popular con capacidades histriónicas que por otro con la preparación y la inteligencia necesarias para liderar un país. Y las consecuencias pueden ser catastróficas.

Cambiar las mentalidades

Cuando una sociedad le da más importancia a la apariencia que al contenido, cuando los eslóganes de campaña y escándalos mediáticos son valorados más que las ideas y los principios, y cuando los personajes de la farándula son admirados más que los intelectuales, la sociedad se vuelve complaciente con la mediocridad.

El mundo enfrenta grandes retos y la desinformación parece ganar cada vez más terreno. No podemos ser frívolos, ni dejarnos sucumbir en la ignorancia, ni cegarnos a las injusticias generadas desde el poder.

Debemos favorecer a la razón, ser más críticos y exigir con nuestras acciones y nuestra voz la rendición de cuentas de quienes están en el poder y valorizar el conocimiento hacia un rumbo positivo enfocado en el progreso.

Y para ser una sociedad mejor armada intelectualmente debemos leer más. Pero, en este mundo sobresaturado de contenido, ¿qué libros debemos leer?

Además de los libros que leemos por hedonismo puro (que también se vale), leamos libros que nos proporcionen conocimiento valioso y que estimulen el pensamiento, leamos libros que demanden de nosotros una concentración intelectual, libros que nos sacudan de nuestra zona de confort, libros que nos hagan cuestionar nuestras creencias, que nos hagan reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo y que nos motiven a actuar hacia el mejoramiento de la sociedad.

Si nuestra civilización quiere trascender debemos exigir el acceso libre y democrático del conocimiento y ser defensores de la pluralidad de pensamiento. Empecemos con ese acto de resistencia que aún tenemos en nuestro poder: la lectura.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

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