El Gobierno del Reino Unido ha anunciado un programa piloto de castración química voluntaria dirigido a personas condenadas por delitos sexuales, en el marco de una ambiciosa reforma del sistema de justicia penal orientada a mitigar la creciente sobrepoblación en las cárceles del país.
La iniciativa fue presentada por la Ministra de Justicia, Shabana Mahmood, como parte de un conjunto de medidas basadas en evidencia para reducir la reincidencia y mejorar la gestión penitenciaria. El tratamiento, descrito oficialmente como «medicación para gestionar la excitación sexual problemática», se aplicará de manera voluntaria y estará acompañado de intervención psiquiátrica especializada.
La castración química se administra mediante dos tipos de medicamentos: los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), que reducen los pensamientos sexuales invasivos, y los antiandrógenos, que disminuyen la producción de testosterona y la libido
Programa de Castración Química
Según datos de la Inspección de Libertad Condicional de Su Majestad (HM Inspectorate of Probation), en marzo de 2019 se registraron aproximadamente 60,000 delincuentes sexuales en el Reino Unido. Esta cifra, sumada al aumento sostenido de la población penitenciaria, ha motivado al nuevo gobierno laborista a priorizar reformas estructurales. Desde su toma de posesión, el gobierno ha advertido sobre el riesgo de un colapso total del orden público si no se atienden las causas sistémicas del hacinamiento carcelario.
El nuevo piloto se extenderá a 20 prisiones en Inglaterra, ampliando la experiencia previa llevada a cabo en cinco centros penitenciarios del suroeste del país. Esta expansión responde a las recomendaciones de una revisión independiente sobre sentencias, que respaldó la continuidad del programa. Asimismo, la Ministra Mahmood ha indicado que se evalúa una posible implementación a nivel nacional, así como la viabilidad jurídica y ética de hacer el tratamiento obligatorio en ciertos casos, aunque aún no se ha definido un cronograma al respecto.
La castración química se administra mediante dos tipos de medicamentos: los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), que reducen los pensamientos sexuales invasivos, y los antiandrógenos, que disminuyen la producción de testosterona y la libido. El tratamiento se complementa con sesiones psiquiátricas diseñadas para abordar otras causas subyacentes de la conducta delictiva, como el deseo de control o dominación.
Los antecedentes
Esta metodología ha sido aplicada en otros contextos internacionales. En países como Alemania y Dinamarca, su uso ha sido exclusivamente voluntario, mientras que en Polonia se ha legislado para permitir su aplicación obligatoria en ciertos delitos sexuales. En el Reino Unido, parte de estas intervenciones ya se han venido desarrollando a través del programa nacional Offender Personality Disorder Pathway, una iniciativa conjunta del Servicio Nacional de Salud (NHS) y el Servicio de Prisiones y Libertad Condicional.
El antecedente más remoto de esta estrategia en el país se remonta a 2007, con un piloto inicial en la prisión de HMP Whatton, seguido por una expansión a seis prisiones adicionales en 2016. El programa ha mostrado resultados prometedores. Aunque los estudios disponibles son limitados en alcance, uno de ellos indicó que ninguno de los diez participantes reincidió tras el tratamiento. Otro estudio comparativo reveló una reducción del 60 % en la tasa de reincidencia entre quienes recibieron la castración química frente a un grupo de control. Esta propuesta forma parte de una tendencia internacional hacia la aplicación de medidas alternativas, voluntarias y supervisadas clínicamente para el tratamiento de conductas sexuales delictivas, enmarcadas dentro de un enfoque multidisciplinario de justicia penal, salud mental y derechos humanos.








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