La Organización de los Estados Americanos (OEA) es un organismo regional multilateral cuyo enfoque principal abarca los derechos humanos, la supervisión electoral, el desarrollo social y económico, así como la seguridad en el hemisferio occidental. Si bien es reconocida por numerosos expertos en política exterior como un foro fundamental para la diplomacia regional, enfrenta críticas debido a las profundas divisiones ideológicas entre sus miembros, las cuales han limitado su capacidad para promover efectivamente los principios democráticos. En los últimos años, la OEA ha ganado relevancia por sus críticas al retroceso democrático en Nicaragua y sus constantes condenas al gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. Además, el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse en 2021 ha evidenciado el deterioro del clima de seguridad en Haití, representando un desafío adicional para la organización. Por si fuera poco, la invasión rusa a Ucrania en 2022 ha generado tensiones internas, exponiendo aún más las fracturas en el bloque. Estas divisiones ideológicas también se reflejan en la falta de consenso frente al conflicto entre Irán e Israel, donde los países de la región toman posturas opuestas. Esto limita la capacidad de la OEA para actuar unida y resalta la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para superar diferencias y promover la estabilidad regional.
OEA sin Rumbo
El 23 de junio de 2024, un funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos subrayó la necesidad de que los países de América Latina y el Caribe definan “de qué lado están” en el conflicto con Irán, en vísperas de la 55ª Asamblea General de la OEA, celebrada en Antigua y Barbuda el 25 de junio de 2025, pocos días después de que Estados Unidos bombardeara varias plantas nucleares iraníes. El portavoz estadounidense enfatizó la importancia de manifestar respaldo a la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán y su programa nuclear.
Sin una voluntad real de colaboración y un enfoque inclusivo que supere las diferencias partidistas, la OEA corre el riesgo de convertirse en un foro simbólico más que en un actor decisivo
En este contexto, Venezuela, Cuba y Nicaragua —descritos por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio como “enemigos de la humanidad”— expresaron su solidaridad con Irán. Por otro lado, países como Brasil y Bolivia condenaron los ataques, mientras que Uruguay manifestó su preocupación por la escalada del conflicto. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum citó al difunto Papa Francisco, afirmando que “la guerra es el mayor fracaso de la humanidad”. En contraste, Argentina expresó un respaldo firme a Washington.
La Asamblea General, como máximo órgano de la OEA, inició sus sesiones centrando la atención en la crisis haitiana. Estados Unidos reafirmó su compromiso de liderar y colaborar con la OEA para erradicar la violencia de las pandillas, incrementar la presencia policial, bloquear el flujo de armas y reconstruir la infraestructura de seguridad en Haití, a la vez que exigió compromisos concretos por parte de los 34 Estados miembros. Además del proyecto de resolución sobre Haití, la agenda incluyó temas como el financiamiento presupuestario, la crisis de salud mental en las Américas y la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas (Falkland).
La delegación estadounidense, encabezada por el subsecretario de Estado adjunto Christopher Landau, presentó también otras prioridades, entre ellas el apoyo a la candidatura de la disidente cubana Rosa María Payá para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Asimismo, Estados Unidos busca contrarrestar la creciente influencia regional de su rival estratégico, China, socio comercial indispensable para varios países latinoamericanos.
Su Secretario General
No se emitieron comunicados conjuntos respecto a la situación en Venezuela o Nicaragua, países que se han retirado recientemente de la organización. Esta Asamblea General fue la primera bajo la presidencia de Albert Ramdin, de Surinam, como Secretario General de la OEA. La persistente división ideológica entre los países miembros de la OEA refleja un desafío fundamental para la cooperación internacional en la región. Estas brechas limitan la capacidad del organismo para alcanzar consensos efectivos y responder con unidad a las crisis políticas, sociales y de seguridad que enfrentan los países de América Latina y el Caribe. Sin una voluntad real de colaboración y un enfoque inclusivo que supere las diferencias partidistas, la OEA corre el riesgo de convertirse en un foro simbólico más que en un actor decisivo, lo que subraya la necesidad urgente de renovar el compromiso multilateral para fortalecer la democracia y la estabilidad regional.


















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