El momento preciso en que nos percatamos de la muerte es uno de los más impactantes y profundos en la vida de un ser humano. A partir del descubrimiento de nuestra mortalidad, nuestra forma de pensar y ver la vida cambia para siempre, y ya no volvemos a ser los mismos. De hecho, la muerte es uno de los más grandes temas, además de la felicidad, que han mantenido ocupados a muchos filósofos y científicos a través de la historia.
Y aunque para muchos sea un tema muy difícil de digerir o platicar, ya que la muerte es personal e intransferible, aceptar el concepto de memento mori (el saber que un día moriremos) puede ser el mejor incentivo para sentirnos más vivos que nunca, para vivir nuestra vida con mayor presencia y plenitud, y para aprovechar más el breve tiempo que tenemos en este mundo, otorgándole a la vida un sentido aún más valioso.
La primera vez que comprendí el concepto de la muerte y me percaté de que algún día también moriré, fue cuando tenía 8 años. Estaba en mi casa leyendo las noticias sobre el devastador terremoto de la Ciudad de México en 1985 y la gran cantidad de personas que fallecieron en esta tragedia.
Vida y Muerte
Recuerdo ver esas imágenes devastadoras y leer la palabra “muertos” en el titular del periódico que me causaron un sentimiento de desasosiego y nerviosismo en mi cuerpo ante la imposibilidad de revertir esa destrucción. La muerte se volvió en ese momento una realidad que acompañaría mis pensamientos hasta la fecha.
En su libro Las preguntas de la vida, el filósofo español Fernando Savater explica que la certeza de la muerte hace que nuestra vida sea tan importante, y que “todas las tareas y empeños de nuestra vida son formas de resistencia ante la muerte.”
Quizás para las personas religiosas lidiar con el miedo a la muerte sea más fácil de asimilar. Los católicos, por ejemplo, creen que después de la muerte (y si se portaron bien de acuerdo con sus dogmas) serán recompensados con la continuidad de otra vida en un lugar místico de eterna felicidad, y reunidos con sus seres queridos.
Pero para mí, que no soy religioso, las palabras francas de Savater tienen mucha verdad. Porque lo importante para mí no es lo que pasa después de la muerte, sino lo que pasa mientras estamos vivos, sobre cómo aprovechamos y vivimos la única vida que tenemos. Ésta vida es la que cuenta y en ella debemos enfocarnos. Si después de morir no hay nada (que es lo más probable), yo estoy en paz con ello. Aunque no dudo que, para muchos, el concepto de la nada puede ser muy aterrador.
Hay que recordar, como dice Epicteto, “los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones que se tienen sobre las cosas.” Es decir, la muerte en sí misma no es terrible. Lo que es terrible es la opinión de que la muerte es terrible. Debemos entonces cambiar nuestra manera de pensarla.
Una manera humana y digerible de ver a la muerte viene de la sabiduría del filósofo griego Epicuro, quien aconseja no perder sueño ante la muerte. Para Epicuro no hay porqué tenerle miedo a la muerte ya que nunca coexistimos con ella y nunca sentiremos la muerte, ya que el acto de sentir es una actividad exclusiva de los vivos.
De igual manera, Savater nos señala que estresarnos por los miles de millones de años que vendrán después de nuestra muerte sería tan caprichoso como preocuparnos por los miles de millones de años que sucedieron antes de que naciéramos. Si no sentimos ninguna aflicción por nuestra ausencia todo ese tiempo pasado, por qué habríamos de preocuparnos sobre un futuro de ausencia eterna.
La filosofía de la muerte
En su novela Todos los Nombres, el escritor portugués José Saramago reflexiona que “la muerte es la certeza de que se tuvo vida, porque para morir basta con estar vivo”. Un pensamiento profundo que nos invita a sentir la existencia presente con mayor intensidad. Porque ante un futuro no garantizado, el momento para vivir es hoy.
Porque lo importante para mí no es lo que pasa después de la muerte, sino lo que pasa mientras estamos vivos, sobre cómo aprovechamos y vivimos la única vida que tenemos
Otra forma interesante de ver la muerte viene del biólogo evolucionista Richard Dawkins, quien en su libro Unweaving the Rainbow dice que la muerte es una gran suerte porque tuvimos la extraordinaria fortuna de nacer bajo probabilidades verdaderamente astronómicas. Y continúa, “la mayoría de las personas en potencia nunca morirán porque nunca nacerán. Y sabemos esto (gracias a la ciencia genética) porque el conjunto de personas posibles que permite nuestro ADN excede enormemente el conjunto de personas reales.”
Cuidados Paliativos
En el tema de la muerte relacionada a la salud, recuerdo una conversación que tuve con María Dolores Alfonso, una amiga experta en tanatología y cuidados paliativos, quien se ha dedicado a acompañar a muchos pacientes en su etapa final de la vida. Ella me decía que la salud debe ser mucho más integral, pero que desafortunadamente aún está enfocada en esa dualidad de vivir o morir. Y no solo eso, la muerte todavía es vista como un fallo en la medicina, lo cual es un grave error.
Su experiencia, apoyando a sus pacientes con cuidados paliativos para darles una mejor calidad de vida ante la inexorable finitud, le ha ayudado a ver a la muerte como algo natural de la vida y con la que debemos hacer las paces. María Dolores quisiera que los demás percibieran la muerte así:
“Me gustaría que las personas consiguieran ver que la muerte es parte de la vida, que sería buena idea aceptarla y con ello valorar el día a día. Si nunca muriéremos no tendríamos prisa por hacer cosas, no valoraríamos el hoy porque siempre habría un mañana, no tendríamos una motivación de hacer algo cuando el tiempo es infinito. El ser mortal le da más valor a la vida que tenemos ahora y hay que aprovecharla haciendo lo que amas, siendo feliz y vivir con virtud.”
Por otro lado, es común mirar al pasado cuando se está cerca de la muerte. Le pregunté a María Dolores si, al interactuar con sus pacientes sobre episodios pasados, surge el tema del arrepentimiento. Y aquí hay una gran lección: normalmente uno se arrepiente más de las acciones que nunca tomó que de aquellas decisiones que sí llevó a cabo, aunque los resultados no hayan salido como se desearon.
María Dolores me comentó que algunos de sus pacientes se arrepienten de no haber vivido el día a día o de no haber vivido la vida que ellos querían por seguir ciertos cánones sociales. Hay otros que se arrepienten de no haber pasado más tiempo con sus seres queridos, pero sienten paz porque sus sacrificios laborales sirvieron para darle una mejor vida a su familia.
Carpem Diem
Y esto me hace regresar al inicio de este artículo, sobre cómo la muerte nos hace pensar. Pero no pensar sobre la muerte misma, sino sobre la vida y cómo nuestra manera de pensarla le puede dar un mayor sentido. Porque el percatarse de la posibilidad de la muerte es un despertar agitante para darnos cuenta de las tantas cosas que aún nos faltan por hacer. Hagámoslas antes de que sea demasiado tarde.
Volviendo nuevamente a Savater, él menciona que parte de la angustia que sentimos ante la muerte tiene que ver con dos realidades: todo lo que dejaremos de vivir al tratarse de nuestra muerte y cómo continuar la vida sin la gente que amamos, en el caso de la muerte de otros. Pienso que si sentimos un dolor intenso ante la pérdida de alguien es por el gran amor que compartimos con esa persona. Y debemos estar agradecidos por la gran fortuna de haber coincidido en el improbable camino de la vida.
Para cerrar, hay una frase de La Celestina que dice, “Nadie es tan joven que no se pueda morir mañana, ni tan viejo que no pueda vivir un día más.” El tiempo no se detiene, y mientras la vida siga hay que sacar partido de ella de la mejor manera posible, viviéndola intensamente, con gratitud y amor.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

















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