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Foto de Alin Gavriliuc na Unsplash

¿Es el éxito un enemigo de la felicidad?

Hace algunos años, cuando trabajé en una empresa corporativa en el estado de Florida, me invitaron a dar una plática a unos alumnos de preparatoria en una región agrícola donde la mayoría de los estudiantes eran hijos de inmigrantes campesinos.

La idea de la charla no era tanto hablar de lo que yo hacía, sino de motivar a los estudiantes a que continuaran sus estudios hacia la universidad. Esto porque un porcentaje alto de los estudiantes preparatorianos cuyos padres no fueron a la universidad no continúan con sus estudios universitarios. Y, con ello, limitan sus oportunidades laborales.

Al final de la charla uno de los estudiantes me preguntó, “¿qué es el éxito?”. Yo no me esperaba esa pregunta y nunca me he referido como una persona exitosa. Quizás alguien con mucha suerte, eso sí, pero no exitosa. Entonces le contesté algo sencillo y medio cursi: “para mí el éxito es hacer lo que amas.”

Creo que no estaba del todo errado, pero después de ese encuentro sentí que mi respuesta fue insuficiente. Sobre todo, porque vivimos en un mundo en donde no es fácil dedicarse profesionalmente a lo que uno ama. Aunque claro, esto no debería ser un impedimento para vivir con plenitud. Lo más irónico de mi respuesta es que, en ese momento, yo no estaba enamorado de mi trabajo en una empresa de energía.

La Real Academia Española de la Lengua, en la primera entrada sobre la definición de la palabra éxito, nos dice que éste es el “resultado feliz de un negocio, actuación, etc.” Esta explicación es simple a grandes rasgos, pero creo que le falta ampliar su sentido filosófico y humano en el crisol de la vida. Sin dejar de lado, también, que el concepto de “éxito” tiene un carácter individual y puede variar de persona a persona.

Aunque para mí las palabras “éxito” y “felicidad” a veces se me hacen muy desgastadas y hasta pretenciosas gracias a todos los charlatanes de hogaño que dan pláticas motivacionales, en ese entonces me hizo reflexionar y seguido pienso sobre esos conceptos que aún siguen siendo aspiracionales para muchos, de presión social para algunos, e incluso de aborrecimiento total para otros cuantos.

Y es que en un mundo donde no existe la meritocracia (ese sistema que dice que los logros se deben a los méritos personales), el éxito puede deberse exclusivamente a la suerte (en qué país naciste, tu clase social, si cuentas con buena salud, etc.) y, con ello, se vuelve inevitable cuestionar su verdadero valor.

Pero bueno, por su grado de subjetividad le voy a dar una oportunidad a este tema y aquí daré algunos comentarios sobre cómo veo yo al éxito y su relación con la felicidad. Porque, así como se ha dicho hasta el cansancio que el dinero no compra la felicidad, de igual manera alcanzar el “éxito” (lo que sea que eso sea) tampoco la garantiza. Y reitero, creo que la suerte también va de la mano con la felicidad.

Empiezo por compartir que he tenido una trayectoria profesional muy cambiante e indescifrable, por momentos de agitada actividad y en otros con periodos de interrupciones; desde trabajar en modernas oficinas corporativas hasta ser voluntario en lugares carentes de servicios públicos; y desde cazar objetivos económicamente ambiciosos a otros con enfoque más humano. Así que desde esta extraña diversidad laboral parto con este tema del éxito y la felicidad.

Porque, así como el éxito puede ser tan solo una parte de nuestra felicidad también puede contribuir a nuestra infelicidad si no sabemos cómo lidiar con él

En muchos ambientes profesionales el “éxito” más estereotipado se define de varias maneras, incluyendo el alcance de nuestras metas de negocio, trabajar para una organización de renombre o prestigio, tener un puesto de alto perfil, amasar una considerable fortuna, recibir premios u otros reconocimientos, ser promovido en el trabajo, adquirir lujos materiales, y demás.

Para la sociedad moderna en que vivimos, muchos de los factores que determinan el éxito (como el dinero, la fama, el poder o el estatus social) son de naturaleza individual y con frecuencia tienen que ganarse en un ambiente altamente estresante y ferozmente competitivo.

Pero ojo, cuando estos estándares de éxito son determinados por otros y no por uno mismo, nuestros objetivos pierden autenticidad y caemos en el engaño de esforzarnos y competir bajo las expectativas de otros, no las nuestras.

Y aclaro, el éxito en un escenario competitivo puede ser muy bueno cuando genuinamente nos reta a ser mejores personas y a valorar con sencillez nuestro crecimiento profesional. Pero deja de ser admirable cuando su matiz es egoísta, cuando se vuelve una presión autoimpuesta con el único propósito de eclipsar a nuestros colegas de trabajo o ser un instrumento de fanfarronería. 

Porque, así como el éxito puede ser tan solo una parte de nuestra felicidad también puede contribuir a nuestra infelicidad si no sabemos cómo lidiar con él. Poner demasiado énfasis en el éxito competitivo puede ser perjudicial y puede dejarnos emocionalmente vacíos e insatisfechos si no podemos encontrar en él un valor significativo que aporta a nuestras vidas.

Debemos tener cuidado y reconocer que ese sentimiento de competitividad puede ser una trampa psicológica que puede envenenar nuestra mente con la envidia, en donde en lugar de apreciar y generar placer sobre lo que uno tiene, nos causa dolor ver en los demás una situación afortunada. Hay que evitar tales comparaciones superficiales que pueden cegar nuestra apreciación sobre lo verdaderamente afortunados que somos.

Por otro lado, obsesionarnos con el éxito puede absorber nuestra energía y nuestro tiempo, robándonos del tiempo que debemos dedicar a nuestra familia, amistades y a nosotros mismos, e impidiéndonos de disfrutar mejor el tiempo presente. Esta desconexión nos puede distraer de lo que es realmente importante y puede traer consecuencias negativas en nuestra salud mental.

Cuando amplias tu mente y tus intereses, cuando escuchas a tu corazón y a tu verdadero ser, y cuando pones las cosas y a las personas que verdaderamente importan en el lugar correcto de tu vida, estarás más cerca de redefinir lo que es el éxito para ti. No tiene por qué ser otra cosa fuera de esto.

Y entonces, ¿qué es para mí el éxito? En pocas palabras, el éxito es un equilibrio imperfecto. Digo imperfecto porque es difícil llegar a equilibrar en partes iguales la vida profesional y la personal. Si lo puedes lograr, qué bueno, felicidades. Pero en un mundo siempre acompañado de la incertidumbre y en donde todo está sujeto a la entropía, puede ser una difícil faena darles igual importancia y tiempo a todos los elementos claves de nuestra existencia.

Sin embargo, se puede intentar. Al menos hay que tener en mente que cuando sacrificamos nuestra salud, nuestro tiempo libre y el tiempo de calidad que dedicamos a nuestra familia y seres queridos, por estar enfocados demasiado tiempo en la parte profesional, perdemos todo equilibrio.

En la vida profesional, la calidad del trabajo que se hace y el impacto positivo que tiene con el mejoramiento de nuestra sociedad son formas de medir el éxito. Por otro lado, tener un puesto de trabajo que sea altamente remunerado, pero que no contribuye en nada al mejoramiento de la humanidad, para mí no vale la pena.

Sea cual sea tu profesión, siempre puedes encontrar una manera en que tu dedicación sea exitosamente gratificante y, al mismo tiempo, le dé sentido a tu vida. Pero sin olvidar que, en el equilibrio imperfecto, y acompañado de la suerte, se puede encontrar también la felicidad.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

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