El 2 de octubre de 2025, Ucrania informó su decisión de poner fin a las relaciones diplomáticas con Nicaragua, en respuesta al reconocimiento de Managua de la soberanía rusa sobre Crimea —anexada en 2014—, así como sobre las regiones de Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia, cuya incorporación a la Federación Rusa fue proclamada tras los referendos celebrados en 2022 durante la invasión a gran escala. La medida de Kiev se produce luego de que, en septiembre, Nicaragua suscribiera en Moscú acuerdos comerciales con estas cinco regiones, centrados en la exportación de alimentos y productos agropecuarios, en un acto encabezado por Laureano Ortega Murillo, hijo de los copresidentes nicaragüenses. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania, esta decisión refleja un posicionamiento que, a su juicio, compromete la soberanía y la integridad territorial del Estado ucraniano.
El giro de Nicaragua hacia Moscú no es nuevo. En 2020 abrió un consulado honorario en Simferópol, Crimea, lo que llevó a que Ucrania impusiera sanciones contra la nación centroamericana. Al año siguiente, funcionarios nicaragüenses suscribieron un acuerdo económico con las autoridades rusas instaladas en la península. Además, Managua es uno de los pocos gobiernos que apoya de manera sistemática a Rusia en las votaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), alineándose con Bielorrusia y Corea del Norte en contra de resoluciones críticas hacia el Kremlin. Más recientemente, las relaciones bilaterales se profundizaron tras el encuentro en Moscú entre el ministro de Defensa ruso, Andrei Belousov, y el jefe del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés Castillo, con miras a fortalecer la cooperación militar.
No obstante, la alianza entre Ortega, Murillo y Putin se extiende más allá del plano diplomático. En junio de 2025, ambos gobiernos firmaron en secreto un acuerdo titulado “Protección recíproca de los ciudadanos contra los abusos en el ámbito de la justicia internacional”, que otorga inmunidades y privilegios mutuos y compromete a las partes a no intervenir en los asuntos internos del otro a través de instancias internacionales. El pacto salió a la luz semanas después, cuando la Asamblea Nacional de Nicaragua publicó la iniciativa de los mandatarios y aprobó su ratificación mediante el decreto 8908.
Este respaldo abierto a Rusia ocurre mientras el país euroasiático mantiene la ocupación de cerca del 20% del territorio ucraniano, sin controlar plenamente ninguna de las regiones que reclama como anexadas. La comunidad internacional continúa sin reconocer la legitimidad de esos referendos ni de la presencia militar rusa en el este y sur de Ucrania. En paralelo, Nicaragua enfrenta un creciente aislamiento internacional por la situación interna de derechos humanos. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, en su informe de 2024, denunció un deterioro grave de las libertades fundamentales, señalando una persecución sistemática contra opositores y disidentes, así como el desmantelamiento de organizaciones de la sociedad civil, especialmente aquellas que defienden los derechos de las mujeres. El organismo instó al gobierno a liberar a los detenidos arbitrariamente, poner fin a la tortura y los malos tratos, y reformar su legislación penal para ajustarla a las normas internacionales.Con la ruptura de relaciones, Kiev lanza un mensaje firme contra el alineamiento de Managua con Moscú, mientras Rusia sigue buscando aliados en América Latina en medio de su aislamiento global.








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