El 9 de noviembre de 2025 se registraron intensos enfrentamientos entre Boko Haram y militantes del Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (Iswap) en el poblado de Dogon Chiku, situado a orillas del lago Chad, una de las zonas más volátiles del continente. Este territorio, ubicado en la intersección de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, se ha convertido en un punto neurálgico del extremismo violento en África subsahariana.
Los corredores fluviales del lago Chad funcionan como áreas estratégicas de operación para grupos yihadistas, que además obtienen recursos a través de la imposición de impuestos a pescadores, leñadores y pastores locales. La disputa reciente forma parte de una prolongada pugna por el control territorial y la influencia regional, en un contexto donde múltiples actores no estatales buscan consolidar su dominio sobre el Sahel, una franja que atraviesa África de oeste a este y que sirve como zona de transición entre el desierto del Sahara y las sabanas tropicales. El Sahel abarca países como Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea, y se caracteriza por su fragilidad institucional, su clima semiárido y su vulnerabilidad ante el cambio climático, factores que han favorecido la expansión de redes extremistas y el debilitamiento del control estatal.
Boko Haram y el Sahel
Según diversos reportes, Iswap sufrió mayores pérdidas humanas y materiales durante el enfrentamiento, y varias de sus embarcaciones fueron incautadas por Boko Haram. Este episodio confirma el carácter volátil de la correlación de fuerzas entre ambos grupos, que, pese a compartir raíces ideológicas, mantienen una rivalidad persistente desde su separación en 2016.
Aunque se ha argumentado que la influencia del yihadismo global ha disminuido tras la pérdida de poder de grupos como el Estado Islámico en Medio Oriente, la realidad demuestra un desplazamiento geográfico de la amenaza hacia África, donde se mantiene activa y adaptativa
Iswap surgió como una escisión de Boko Haram tras jurar lealtad al Estado Islámico, lo que desencadenó una lucha interna por legitimidad, recursos y territorio. Aunque durante años Iswap fue considerado el grupo más disciplinado y con mayores capacidades logísticas, Boko Haram ha demostrado resiliencia y capacidad de adaptación, especialmente en su control de la zona del lago Chad. El enfrentamiento de noviembre podría representar el más letal entre ambas facciones hasta la fecha.
El lago Chad, cuya superficie se ha reducido en más del 90% desde la década de 1960 según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ofrece un terreno cambiante que facilita nuevas rutas terrestres y redes de contrabando. La degradación ambiental ha contribuido así a la expansión de las economías ilícitas y a la movilidad de los grupos armados, que aprovechan el vacío de autoridad estatal.
La influencia del yihadismo global
Los antecedentes de esta rivalidad incluyen episodios como la ofensiva lanzada por Iswap en mayo de 2021 sobre el bosque de Sambisa, antiguo bastión de Boko Haram y lugar donde el grupo mantenía cautivas a decenas de niñas secuestradas. Durante ese enfrentamiento, Abubakar Shekau, líder histórico de Boko Haram, se habría suicidado para evitar su captura. Entre diciembre de 2022 y enero de 2023, Boko Haram emprendió nuevas ofensivas contra bases de Iswap en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria, con un saldo superior a cien combatientes muertos y treinta y cinco heridos, según medios locales como The Guardian Nigeria y Punch. Desde el asesinato extrajudicial en 2009 de Mohammed Yusuf, fundador de Boko Haram y predecesor de Shekau, el conflicto yihadista en el noreste de Nigeria ha causado más de 40,000 muertes y ha desplazado a cerca de dos millones de personas.
Aunque se ha argumentado que la influencia del yihadismo global ha disminuido tras la pérdida de poder de grupos como el Estado Islámico en Medio Oriente, la realidad demuestra un desplazamiento geográfico de la amenaza hacia África, donde se mantiene activa y adaptativa. El Sahel y la cuenca del lago Chad se han convertido en los nuevos epicentros de esta violencia transnacional, impulsada por la fragilidad estatal, la degradación ambiental y la competencia por recursos limitados. Lejos de extinguirse, el fenómeno yihadista se ha reconfigurado en formas más fragmentadas y localizadas, con actores que combinan estrategias insurgentes y económicas para sostener su control territorial. Los enfrentamientos entre Boko Haram e Iswap no solo reflejan una lucha interna por poder, sino también la persistencia de un ecosistema de violencia que trasciende fronteras y que continúa representando uno de los principales desafíos de seguridad, gobernanza y desarrollo en el continente africano.



















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