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Imagen de Markus Distelrath en Pixabay

China toma protagonismo ante la retirada de Estados Unidos en la Cop30

La conferencia climática Cop30, celebrada en Belém, Brasil, del 6 al 21 de noviembre de 2025, reunió a negociadores, científicos y representantes de la sociedad civil para discutir las acciones prioritarias en la lucha contra el cambio climático. El evento destacó por la presencia de numerosos pabellones nacionales donde las delegaciones exhibieron paneles y organizaron recepciones para presentar sus avances y posicionamientos frente a la crisis climática. Este año, la agenda de Cop30 se centró en tres ejes principales: las medidas necesarias para limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 ºC, la presentación de nuevos planes nacionales de acción climática (NDC) y la evaluación del progreso en los compromisos financieros acordados en la Cop29. A diferencia de la mayoría de las delegaciones, Estados Unidos no contó con un pabellón nacional oficial, debido a que el presidente Donald Trump calificó la crisis climática como un “engaño”. En contraste, China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero, instaló un pabellón de gran escala justo frente a la entrada principal del recinto.

La conferencia climática del Cop 30

Su diseño reflejó una fuerte autoconfianza en sus políticas climáticas: se exhibieron carteles dedicados a grandes empresas estatales que expanden aceleradamente el uso de energías renovables, así como materiales sobre su nuevo compromiso de reducir emisiones entre 7 y 10 por ciento para 2035. El pabellón también atrajo largas filas de visitantes interesados en actividades culturales como la caligrafía tradicional, además de la exhibición de ediciones de The Governance of China del presidente Xi Jinping.

El ascenso tecnológico de China en energías limpias ha sido determinante para la transición global

La narrativa presentada por China buscó enfatizar su capacidad para transitar de un modelo de alto consumo de carbono hacia uno basado en energías renovables. Funcionarios y expertos destacaron que esta experiencia ofrece lecciones valiosas para África y otros países en desarrollo, donde la transición energética puede acelerarse de manera significativa. Este mismo año, China anunció un acuerdo de 7 mil millones de dólares para un proyecto de minería y procesamiento de titanio a gran escala en Malaui, ilustrando su creciente presencia económica y tecnológica en el Sur Global. Organizaciones como Third World Network subrayaron que China se ha consolidado como un socio confiable para las naciones en desarrollo, en parte porque sus asociaciones suelen construirse sobre bases de respeto mutuo, algo particularmente valorado entre países con trayectorias históricas similares.

Al mismo tiempo, se criticó la presión ejercida por la administración Trump sobre los países que buscan alejarse de los combustibles fósiles, señalando la contradicción entre el acuerdo alcanzado en la Cop28 celebrada en Dubái en 2023 para abandonar gradualmente los combustibles fósiles y las políticas comerciales estadounidenses que continúan incentivando el uso del carbón. El ascenso tecnológico de China en energías limpias ha sido determinante para la transición global. Actualmente produce 60 por ciento de las turbinas eólicas y 80 por ciento de los paneles solares a nivel mundial, lo cual ha contribuido a reducir de manera drástica los costos de las energías renovables e impulsar su adopción en múltiples regiones. Aunque algunos observadores sugieren que China podría ocupar el vacío de liderazgo climático dejado por Estados Unidos, expertos advierten que ese no es su objetivo. El país insiste en su condición de nación en desarrollo y se enfoca en aportes pragmáticos: expandir sus capacidades renovables, exportar tecnologías limpias y promover la transición verde como una necesidad global y una oportunidad económica.

El ascenso tecnológico de China en energías limpias

No obstante, la inversión en energías renovables no es suficiente para enfrentar integralmente la crisis climática. Los países en desarrollo requieren con urgencia financiamiento para la adaptación, un ámbito en el que el modelo chino de préstamos e inversión resulta menos eficaz. Por su parte, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) tradicionalmente ha priorizado subvenciones y asistencia técnica que abarcan desde la adaptación hasta el fortalecimiento institucional. Además, pese a su creciente protagonismo tecnológico, China no tiene obligación formal de proporcionar financiamiento climático bajo el Acuerdo de París debido a su clasificación como país en desarrollo, y entre 2015 y 2021 aportó menos de la mitad del financiamiento climático entregado por Estados Unidos. A este debate se suma la falta de ambición de la nueva meta climática china para 2035. Una reducción de emisiones de entre 7 y 10 por ciento es insuficiente para mantener el aumento global de temperatura por debajo del umbral de 1.5 ºC. Aun así, la magnitud de las inversiones chinas en energía limpia resulta innegable. Datos previos a Cop30 mostraron que empresas chinas han invertido 220 mil millones de dólares en 387 proyectos de energía verde en 54 países desde 2022. Esta cifra supera, ajustada por inflación, el monto del Plan Marshall durante sus cuatro años de vigencia. Además, 75 por ciento de estas inversiones se ha destinado a países en desarrollo.

Según estimaciones del gobierno chino, sus exportaciones de tecnología solar y eólica habrían permitido reducir 4 mil millones de toneladas de emisiones globales para 2024. En conjunto, Cop30 evidenció tanto el peso creciente de China en la transición energética global como las limitaciones estructurales que enfrenta para asumir un liderazgo climático integral. El contraste entre las estrategias de China y Estados Unidos, sumado a la urgencia de avanzar simultáneamente en mitigación y adaptación, subraya la necesidad de una cooperación internacional más coherente para mantener vivo el objetivo de 1.5 ºC.

China ha sabido aprovechar la retirada política de Estados Unidos en estos foros para ampliar su influencia y acercarse a un número creciente de países, especialmente en el Sur Global. Al presentarse como un socio dispuesto a invertir, transferir tecnología y ofrecer alternativas a los esquemas tradicionales de financiamiento, Pekín llena espacios que Washington ha dejado vacíos. Aunque sus compromisos climáticos no son lo suficientemente ambiciosos para sostener el objetivo de 1.5 ºC, China logra posicionarse como un actor indispensable en la transición energética mundial. Este equilibrio, entre limitaciones internas e influencia estratégica externa, le permite consolidar una red de aliados que refuerza su peso político y redefine las dinámicas de poder en la gobernanza internacional.

Alide Flores Sass Urich

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