Aunque muchos líderes, principalmente de derecha, continúan ignorando el cambio climático y revirtiendo acciones conservacionistas, la mayoría del planeta acepta el consenso científico de que éste no solo es real, sino que su raíz es antropogénica.
Ese consenso científico se actualizó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), celebrada en Glasgow en 2021, y reveló que más del 99.9% de los casi 90,000 estudios científicos sobre el medio ambiente concluye que el cambio climático es causado por la actividad humana.
Lo que a mí me extraña de los conservacionistas en los últimos años es que ya no hablan de la sobrepoblación, que está ligado directamente al cambio climático y que sigue siendo un tema urgente por resolver. Y, por otro lado, los medios de información también comienzan a confundir al público cuando reportan sobre países que están viendo declives en sus números de población, sin poner las cosas en perspectiva.
Porque ojo, el que algunos países experimenten una reducción de natalicios, no significa que la población mundial esté a la baja. La población actual es de 8.3 mil millones de habitantes, con las proyecciones más optimistas de alcanzar un máximo de 10.3 mil millones durante la década de 2080. En los últimos años, el planeta ha aumentado su población entre 70 y 80 millones de personas anualmente. Es como si añadiéramos el equivalente a la población total de Alemania cada año.
El problema principal de la sobrepoblación es que nuestra huella ecológica excede por mucho la biocapacidad del planeta. Es decir, estamos agotando vorazmente sus recursos naturales mucho más rápido de lo que demora el planeta en regenerarlos. Y ante el escenario de un capital natural insuficiente, es imposible sostener a toda la población mundial sin que haya un impacto negativo como consecuencia.
Desde 1971 se calcula el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, conocido internacionalmente como Earth Overshoot Day. Este día marca la fecha en el calendario anual cuando la humanidad sobrepasa el uso de recursos ecológicos que la Tierra puede regenerar en el año. Por lo tanto, el 31 de diciembre representaría un balance óptimo entre consumo humano y regeneración de recursos naturales. Y cada día antes del 31 de diciembre reflejaría un déficit ecológico. Para este 2025 que acaba, se determinó el 24 de julio como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Un número preocupante.
En su libro Move Upstream, a Call to Solve Overpopulation, la educadora y activista Karen Shragg habla sobre la gravedad de la sobrepoblación y sus efectos devastadores para el planeta, y nos comparte algunas acciones que debemos llevar a cabo para resolver esta situación crítica.
Shragg comparte que, aunque sí existe un gran activismo en todo el mundo a favor de la sustentabilidad, desafortunadamente muchos de estos esfuerzos se enfocan en los síntomas y no en la raíz del problema, que es la sobrepoblación.
Con ello, Shragg subraya la urgencia de cambiar el enfoque hacia el origen (upstream) y repensar nuestra manera de subsistir para lograr que los seres humanos vivan dentro de los límites ecológicos de nuestro planeta.
Y aquí hay que enfatizar algo muy importante, no se trata de que haya espacio suficiente en el planeta para acomodar a más gente, sino de que los recursos que genera y que consumimos sean suficientes. Porque, está claro que en muchos países del mundo hay vastos territorios vacíos, pero son invivibles. Por ejemplo, en los Estados Unidos (el tercer país con más población del mundo) hay amplias regiones deshabitadas, y sin embargo hay comunidades que han sufrido de sequías devastadoras por el uso excesivo del agua, aunado al cambio climático.
Pero entonces, si tenemos un excedente poblacional sobre los recursos de la Tierra, ¿cuántos habitantes somos de más y cuál es el punto de balance?
De acuerdo con la organización Global Footprint Network, una población sustentable óptima para nuestro planeta debe oscilar entre los 1.5 mil millones y 3 mil millones de personas, de acuerdo con nuestros hábitos actuales de consumo. Considerando que somos más de 8 mil millones, estamos hablando de un excedente de al menos 5 mil millones de personas.
La sobrepoblación se puede resolver, pero debe ser discutido por los líderes mundiales en los organismos diplomáticos internacionales con el objetivo de beneficiar a las futuras generaciones y la salud ecológica del planeta.
En otras palabras, la humanidad hoy consume, en un año, los recursos que al planeta le toman poco más de un año y medio en regenerar. A esta altura, reducir nuestro consumo ya no es suficiente. Adicionalmente, los esfuerzos de reciclar, usar energía solar, conducir vehículos eléctricos y comer menos carne, entre otros, son aplaudibles y bienvenidos. Pero un verdadero balance sustentable solo se puede lograr reduciendo la población mundial.
Hoy en día, las mujeres tienen en promedio 2.3 hijos, lo que representa una disminución considerable en comparación con la tasa de fertilidad de 5 hijos en promedio que el mundo alcanzó en la década de 1960 (el punto de fertilidad más alto en la historia).
Ante esta pendiente en la tasa de natalidad, el economista Dan Spears, citado en Free Inquiry, estima que le tomaría a la Tierra unos 300 años para reducir su población a los 2 mil millones de habitantes. Es decir, un número poblacional sustentable de acuerdo con la antes citada Global Footprint Network. Como dato interesante, esa cifra de 2 mil millones fue también la población mundial correspondiente al año 1925.
Aunque las generaciones más jóvenes de la actualidad probablemente no verán una reducción poblacional en sus vidas, los esfuerzos que comencemos a hacer hoy determinarán la cantidad y la calidad de vida de las futuras generaciones.
Y con ello, ¿cuáles son algunas soluciones para revertir la sobrepoblación y alcanzar un balance sostenible?
Una pieza clave es el feminismo. Debemos seguir luchando por la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, que es fundamental para la reducción del tamaño de las familias. Adicionalmente, se debe fomentar la educación sexual y se deben promover los métodos anticonceptivos en las regiones más desfavorecidas del mundo, logrando que sean de fácil acceso y libres de todo estigma y de obstáculos ideológicos o religiosos.
Asimismo, es importante también que las religiones se unan a los esfuerzos de reducción poblacional. Pero para ello, deben actualizarse seriamente para incorporar en sus enseñanzas la apertura y la razón. Sus dogmas pueden seguir influyendo a sus devotos en temas espirituales, pero no tienen por qué estar peleados con la ciencia cuando se trata del cambio climático y de su impacto con la naturaleza y el planeta.
Por ejemplo, la religión cristiana es la más grande del mundo, con más de dos mil millones de seguidores que basan sus enseñanzas en un libro antiguo, escrito cuando la población del planeta era pequeñísima en comparación a los tiempos actuales. Por lo tanto (y como ejemplo), el versículo bíblico de “fructificad y multiplicaos”, que aparece en Génesis 1:28, no solo es obsoleto desde hace tiempo, sino peligroso seguir promoviéndolo cuando los recursos naturales de nuestro planeta continúan disminuyendo.
Las religiones deben reconocer que el control de natalidad es un arma efectiva ante la amenaza de la sobrepoblación. De no apoyar soluciones como estas, las religiones serán parte del problema.
Por otra parte, los líderes mundiales deben también ser responsables sobre las medidas a tomar para combatir la sobrepoblación. Me queda claro que no es una situación fácil para ellos; muchos líderes no quieren tocar el tema por el riesgo político que representa el tener que enfrentar dos temas altamente controversiales que están ligados a la sobrepoblación: la inmigración y el aborto.
Además de ser una cuestión de derechos humanos, la inmigración debe también ser vista como una cuestión ética. Hay países y regiones económicamente fuertes que son muy atractivos para inmigrar, pero que ya están sufriendo efectos negativos a costa de la sobrepoblación que padecen. En estos casos, sería éticamente irresponsable saturar aún más su densidad poblacional.
Pero igual de irresponsable es el obstaculizar la inmigración en países que están viendo declives poblacionales y cuyas proyecciones demográficas a mediano y largo plazo alertan sobre la escasez de trabajadores para cubrir la demanda laboral. En esta situación, implementar políticas antiinmigrantes es insensato.
Por otro lado, los países más ricos, que son los que más contribuyen al cambio climático, deberían apoyar la productividad y el desarrollo tecnológico y educativo de países desfavorecidos, además de procurar la paz social, para fortalecer sus economías y balancear sus números poblacionales. Además, con una mejor distribución de la riqueza se regularían los movimientos migratorios.
Sé que es un asunto complejo, pero ignorarlo, como aparentemente se encuentra, es un error. La sobrepoblación se puede resolver, pero debe ser discutido por los líderes mundiales en los organismos diplomáticos internacionales con el objetivo de beneficiar a las futuras generaciones y la salud ecológica del planeta.
Nuestro planeta ha sido muy generoso con nosotros, cuidarlo es lo menos que debemos hacer.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.

















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