Chrystia Freeland, ex viceprimera ministra de Canadá, ha anunciado su salida del Parlamento para asumir un nuevo rol como asesora del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en un momento de especial sensibilidad política tanto a nivel nacional como internacional. Freeland explicó que su labor como asesora en desarrollo económico para Ucrania será honoraria y no contará con remuneración. De manera paralela, a partir de julio asumirá la dirección del Rhodes Trust, una fundación educativa con sede en el Reino Unido responsable de la administración de las prestigiosas becas Rhodes para la Universidad de Oxford.
Elegida por primera vez al Parlamento en 2013, Freeland desarrolló una trayectoria destacada dentro del gobierno canadiense, ocupando carteras clave como Finanzas, Asuntos Exteriores y Comercio Internacional durante el mandato del ex primer ministro Justin Trudeau. Su ruptura con Trudeau se produjo a finales de 2024, cuando presentó una carta pública de renuncia en la que lo acusó de no evaluar con la suficiente seriedad la amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos, un episodio que contribuyó de manera significativa a la salida política del entonces primer ministro.
Además de renunciar a su escaño por el distrito de University–Rosedale en Toronto, considerado un bastión liberal, Freeland confirmó que también dejará su cargo como representante especial de Canadá para la reconstrucción de Ucrania. El 5 de enero de 2026, el presidente Zelenski anunció oficialmente su nombramiento como asesora, subrayando su amplia experiencia en la atracción de inversiones y en la implementación de reformas económicas.El anuncio generó reacciones inmediatas en el ámbito político canadiense. Desde la oposición, el portavoz conservador en política exterior, Michael Chong, sostuvo que no resulta compatible ejercer simultáneamente como diputada canadiense y asesora de un gobierno extranjero, lo que intensificó el debate público en torno a su decisión.
Chrystia Freeland, ex viceprimera ministra de Canadá, ha anunciado su salida del Parlamento para asumir un nuevo rol como asesora del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski
La salida de Freeland de la política activa ya se venía perfilando desde meses atrás. En septiembre de 2025 había dejado su cargo como ministra de Transporte y Comercio Interior para asumir el rol de enviada especial de Canadá a Ucrania, al tiempo que anunciaba que no buscaría la reelección en los próximos comicios federales. En noviembre del mismo año se confirmó además su futura incorporación como directora ejecutiva del Rhodes Trust.
De formación periodística y de ascendencia ucraniana, Freeland ha sido durante años una firme defensora de Kiev en el contexto de la guerra con Rusia. En 2014 fue incluida en una lista del Kremlin que prohibía la entrada a ciudadanos occidentales, en represalia por las sanciones impuestas contra Moscú.En 2020 hizo historia al convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo de ministra de Finanzas de Canadá, liderando la respuesta económica del país frente a la pandemia de Covid-19. Asimismo, se le atribuye un papel central en la renegociación del acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México durante el primer mandato de Donald Trump en 2018, quien posteriormente la calificó como una figura tóxica. Este acuerdo, conocido como USMCA o CUSMA en Canadá, permitió al país evitar en gran medida la imposición de un arancel del 35 por ciento promovido por la administración estadounidense, al otorgarse una exención para los productos cubiertos por el tratado. No obstante, dicho marco comercial se encuentra ahora nuevamente sujeto a un proceso de renegociación a lo largo del presente año, lo que añade otra capa de complejidad al contexto en el que Freeland redefine su papel en la esfera internacional.
La decisión de Chrystia Freeland marca el cierre de una etapa influyente en la política canadiense y, al mismo tiempo, abre un nuevo capítulo en el escenario internacional. Su transición hacia roles de asesoría y liderazgo institucional refleja una apuesta por incidir desde fuera de los cargos electivos, en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, redefiniciones económicas y debates sobre la coherencia entre política nacional y compromiso internacional. El alcance y las implicaciones de este movimiento se evaluarán no solo por su impacto en la relación de Canadá con Ucrania, sino también por el precedente que establece sobre los límites, responsabilidades y oportunidades del servicio público en un mundo cada vez más interconectado.













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