A mediados de enero de 1990, hace ya una generación, parecía que estábamos ante “el fin de la Historia” (v.gr. Fukuyama 1992).
El rol de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como agente principal fue determinante y detonador de los terribles sucesos que acontecieron en la capital azerbaiyana durante el 19 y 20 enero para aquel crudo corazón del invierno de 1990.
Pocos acontecimientos en la historia de la última etapa de la Unión Soviética pueden considerarse puntos de inflexión que hayan afectado de manera decisiva al régimen. Las atrocidades cometidas por el sistema comunista no lograron intimidar a la población; por el contrario, unieron a las naciones y dieron lugar a una resistencia aún mayor. Además, estos movimientos de resistencia popular sacudieron los cimientos de los regímenes comunistas en toda Europa, lo que finalmente condujo al colapso de estos sistemas opresivos. Los acontecimientos de abril de 1989 en Tiflis, la masacre de enero de 1991 en Vilna y los sucesos de las Barricadas en Riga a finales de enero de 1991 demostraron la resiliencia y la fortaleza de los pueblos que vivían bajo el dominio soviético.
En comparación con los ataques soviéticos en Vilna y Riga, los acontecimientos del Enero Negro en Azerbaiyán son mucho menos conocidos. Como resultado de los actos violentos de las tropas soviéticas contra la población civil azerbaiyana, más de 300 personas murieron o resultaron heridas. Sin embargo, la violencia ejercida contra el pueblo azerbaiyano resultó contraproducente: cientos de ciudadanos abandonaron las filas del Partido Comunista y, el 22 de enero, apenas dos días después, el Sóviet Supremo de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán condenó las acciones de las fuerzas soviéticas, una respuesta que no era precisamente la que Moscú esperaba.
Como en cualquier estado represivo, los soviéticos tenían un supuesto motivo para intervenir, pero era sólo un pretexto. Pero gracias a esas y otras fuentes, podemos entrever el énfasis especial puesto con la intervención del Ejército soviético en la capital azerbaiyana, Bakú, a la cual acudió con treinta y cinco mil soldados; el ambiente de la represión estaba en el aire, y tal como se ha sabido por académicos y analistas independientes (cf. Rieff 1997; de Waal 2003), el verdadero objetivo de la Unión soviética entonces fue controlar de forma férrea la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán y detener su independencia.
Enero Negro
No hay evidencia de que otras potencias de la zona enviasen apoyo logístico o militar durante las matanzas de personas azerbaiyanas en el enero de 1990. Los hechos de enero de 1990 —conocidos como el Enero Negro— fueron una operación militar soviética, y en ningún momento un conflicto oficial directo entre Armenia y Azerbaiyán. Como consecuencia hubo casi dos centenares de fallecidos azerbaiyanos y un número mucho mayor de heridos.
Pocos países protestaron tras estos acontecimientos, donde se hizo uso de violencia desproporcionada de militares soviéticos contra civiles; uno de los pocos fue la República de Türkiye (TC), que condenó el aplastamiento del movimiento independentista azerbaiyano.
Sin embargo, poco más de un año después, en 1991, la URSS colapsó de forma irreversible, provocando así la independencia de la República de Azerbaiyán. Pero entonces se incrementó la guerra por el Karabag, con la inclusión de veteranos soviéticos y voluntarios de la diáspora armenia, que provocó además el desplazamiento de más de medio millón de refugiados azerbaiyanos (cf. Altstadt 1992; Cornell 2011; Croissant 1998; De Waal 2013), lo cual es un hecho que encaja en la definición sociológica y política del término “limpieza étnica” (v.gr. de Waal 2013).
Desde noviembre de 2020 la República de Azerbaiyán ha recuperado de forma espaciosa el Karabag. En la actualidad, el país sigue con su búsqueda particular de aumentar las rutas y corredores comerciales del Cáucaso sur, lo cual beneficiaría el mayor desarrollo regional.
Pese a ello, hay países que desean otro Cáucaso sur, más conflictivo, desde el punto de vista geopolítico y por ende, en contra del proceso de avance.
Los hechos de enero de 1990 —conocidos como el Enero Negro— fueron una operación militar soviética, y en ningún momento un conflicto oficial directo entre Armenia y Azerbaiyán
La presente Federación Rusa cree que es la potencia que domina el Cáucaso, pero la realidad es otra y bastante compleja; la TC sería la potencia clave actual en la región. Como garante con sus intereses particulares, Rusia ha desplegado en el pasado fuerzas de paz en la región, pero las ha ido replegando de forma paulatina desde el 2023. La Federación ha demostrado una falta resolutiva en el conflicto del Cáucaso sur.
A pesar del cristianismo como fe dominante en la República de Armenia, la República Islámica de Irán (RII) mantiene una relación estable con Armenia. La RII sigue apoyando a Armenia e instigando “acuerdos” de colaboración, como los suscritos en el corazón del pasado verano de 2025. Ello independiente del otro acercamiento reciente y potenciales tratados de paz futuros entre las repúblicas de Armenia y Azerbaiyán. La RII aspira a que el gobierno en Yereván sea un contrapunto a la occidentalizada Azerbaiyán. Además, en 2026 la RII mantiene tensiones fuertes con Azerbaiyán debido al proyecto de corredor terrestre que conectaría Azerbaiyán con Najicheván, territorio occidental indiscutible de la república azerbaiyana, puesto que el actual Irán considera que este corredor —especialmente en su versión apoyada por EE. UU., el TRIPP (Ruta Trump para la Paz y Prosperidad Internacional)— amenaza su seguridad y su frontera con Armenia, y ha advertido que no permitirá su implementación (pese a que hoy día la ruta funciona bajo la ley armenia).
No debemos olvidar, por otra parte, que un número bastante superior a los cerca de quince- veinte millones de azerbaiyanos étnicos tienen su morada en el noroeste de la RII. La República de Azerbaiyán es de confesión principal chiita, tal como lo es la RII, pero es un país de fuerte vocación y raíz secular; de ahí que el actual Irán contempla a la República de Azerbaiyán como una tribuna de influencia occidental y poder clave para el Cáucaso.
Como paradoja el Enero Negro queda como un símbolo fundamental en la independencia de la actual República de Azerbaiyán.
BIBLIOGRAFIA
Altstadt, Audrey L. The Azerbaijani Turks: Power and Identity Under Russian Rule, Hoover Institution Press/Stanford University, 1992.
Cornell, Svante E. Azerbaijan since Independence (Studies of Central Asia and the Caucasus). Routledge, 2011.
Croissant, Michael P. The Armenia-Azerbaijan Conflict. Causes and Implications. Praeger, Westport, Connecticut/London 1998.
Fukuyama, Francis. The End of History and Last Man. Free Press, 1992.
De Waal, Thomas. Black Garden: Armenia and Azerbaijan Through Peace and War. 10th Year Anniversary Edition. 2013
Jesús Gil Fuensanta (LaSEI-UAM)














Sé el primero en comentar