El 17 de marzo de 2026, la administración de Donald Trump dejó claro que considera a Cuba como un nuevo escenario estratégico en el que Estados Unidos podría proyectar su influencia en el sistema internacional. En un contexto marcado por el deterioro económico de la isla y el endurecimiento de las sanciones, Trump afirmó que “Cuba está en muy mala situación”, subrayando la percepción de vulnerabilidad del régimen.
Este posicionamiento se enmarca en una crisis interna cada vez más profunda. El país ha enfrentado su tercer apagón nacional en apenas cuatro meses, lo que evidencia la fragilidad estructural de su sistema energético. Aunque el suministro eléctrico comenzó a restablecerse parcialmente en hospitales y algunas zonas residenciales, las autoridades han advertido que la red continúa siendo altamente inestable. El gobierno cubano atribuye esta situación a las restricciones impuestas por Washington, en particular a las medidas anunciadas en enero de 2026 que contemplan la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a la isla.
En el ámbito energético, Cuba produce aproximadamente el 40% del petróleo que consume; sin embargo, esta capacidad resulta insuficiente frente a una demanda creciente y a una infraestructura deteriorada. Las autoridades han reportado avances parciales en la restauración del servicio en regiones como Pinar del Río y Holguín, mediante la activación de sistemas locales o “microsistemas”. No obstante, en La Habana, solo una fracción de los usuarios ha recuperado el suministro eléctrico, lo que ha generado preocupación entre la población por la pérdida de alimentos y las dificultades para sostener la vida cotidiana en condiciones de precariedad.
Donald Trump dejó claro que considera a Cuba como un nuevo escenario estratégico en el que Estados Unidos podría proyectar su influencia en el sistema internacional
Paralelamente, en el plano político, la presión de Washington sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel se ha intensificado. La administración estadounidense ha planteado su salida como parte de un eventual proceso de negociación, sin ofrecer detalles sobre posibles alternativas de liderazgo. Esta ambigüedad refleja tanto la complejidad del sistema político cubano como las limitaciones inherentes a una estrategia externa orientada al cambio de régimen. A nivel interno, persiste la percepción entre amplios sectores de la población de que Díaz-Canel no concentra el poder real, el cual seguiría estando influenciado por figuras históricas del aparato revolucionario, en particular Raúl Castro y su círculo cercano. Esta dualidad de poder añade un nivel adicional de dificultad a cualquier intento de transformación política impulsado desde el exterior.
Por su parte, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio ha sostenido que la crisis cubana es resultado de un modelo económico y político disfuncional, incapaz de generar soluciones sostenibles. En línea con esta postura, Washington ha condicionado un eventual alivio de sanciones a la liberación de presos políticos y a la implementación de reformas orientadas hacia una mayor apertura económica y liberalización política. En conjunto, la coyuntura actual sitúa a Cuba en el centro de una renovada dinámica de presión geopolítica, donde convergen crisis internas estructurales y una estrategia estadounidense que busca redefinir el equilibrio político en la isla.Más allá de la coyuntura inmediata, el caso cubano plantea interrogantes de fondo sobre la eficacia de las políticas de presión externa como mecanismo de transformación política. La combinación de sanciones económicas, crisis estructural interna y tensiones geopolíticas no necesariamente garantiza una transición ordenada ni sostenible. Por el contrario, puede profundizar las condiciones de vulnerabilidad social y reforzar dinámicas de resistencia dentro del propio régimen. En este sentido, el futuro de Cuba no solo dependerá de las decisiones tomadas en Washington, sino, sobre todo, de la capacidad interna de la isla para reconfigurar su modelo político y económico frente a un entorno internacional cada vez más competitivo y polariza.

















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