En el Canto V de La Odisea de Homero, y después de haber sido arrastrado por las olas tras un naufragio, Ulises, Rey de Ítaca y héroe de la Guerra de Troya, consigue llegar a las costas de la mítica isla de Ogigia en el extremo occidente del Mediterráneo.
Sobrellevando un desafío más, Ulises se encuentra en el punto geográfico más distante de su épica aventura, una desviación bastante desafortunada de su objetivo, que es regresar a Ítaca, donde le espera su paciente esposa Penélope.
Este contratiempo le añadirá siete años más de retraso a Ulises, pues la isla de Ogigia es gobernada por la hermosa y dominante ninfa Calipso, quien se enamora de él y no piensa dejarlo ir.
Calipso, hija del poderoso titán Atlas (aquel que soportó el peso del mundo en sus hombros y a quien debemos el término cartográfico de “Atlas Mundial”), le ofrece a Ulises la inmortalidad, la juventud eterna y una vida en absoluta perfección llena de insuperable belleza a cambio de quedarse con ella. Una tentadora oferta que Ulises ultimadamente rechaza.
Pero entonces, inevitablemente nos hacemos la pregunta, ¿no es acaso la perfección la máxima aspiración humana?
En su cuento La Perfección (1897), el escritor portugués Eça de Queirós cubre este episodio homérico como una lección filosófica sobre los perjuicios existenciales que habitan dentro de ese anhelado estado de excelencia llamado perfección.
Es verdad que, durante sus años en Ogigia, Ulises no vive nada mal, pues disfruta de una vida de abundancia y sin preocupaciones, en donde tiene a su disposición todo lo que necesite y puede disfrutar de todos los placeres. Además, Calipso lo protege de cualquier dolor y hasta de la vejez. Pero Ulises es un prisionero de Calipso y sus libertades están limitadas a lo que ella disponga.
Para obtener su libertad tiene que intervenir el dios mensajero Hermes, quien, enviado por Zeus, le ordena a Calipso dejar ir a Ulises y apoyarlo con todo lo que necesite para su viaje de regreso a Ítaca. Aunque disiente esta orden, Calipso no opondrá resistencia.
Qué gran paradoja que la perfección no pueda estar ausente de un defecto. Por más irónico que suene, esta historia nos demuestra que la perfección es realmente superada por la imperfección de nuestra condición humana
Como paráfrasis interesante, Eça de Queirós utiliza en su cuento a los personajes mitológicos romanos en lugar de los griegos. Mientras que en La Odisea es Hermes enviado por Zeus, en el cuento del portugués tenemos a sus equivalentes romanos. Es decir, el dios Mercurio es el mensajero enviado por el dios Júpiter.
Anunciado el decreto de soltar a Ulises, Eça de Queirós explora con más profundidad este episodio, fabricando en su cuento un argumento filosófico entre Calipso y Ulises sobre la estimación de la perfección. En esa discusión novelesca, la ninfa intenta persuadir a Ulises de no partir, y no puede entender por qué Ulises rechazaría adueñarse de una vida “perfecta” con ella.
Además, Calipso le dice con frialdad que su esposa Penélope no solo es mortal, sino inferior en todo sentido, menos bella y menos inteligente. Pero Ulises le señala que, aunque su amada Penélope sea en efecto inferior y menos hermosa que la ninfa, y que un día le saldrán arrugas y tendrá que apoyarse con un bastón, es precisamente por todas sus imperfecciones que él la ama y desea su compañía.
En todos los años que pasó Ulises con Calipso, él se percata que jamás le vio emociones de felicidad o de tristeza, y que su infinita inteligencia era un obstáculo pues no había cómo contradecirla o impresionarla. ¿Qué se le puede contar a alguien emocionalmente indiferente y que todo lo sabe, pasado y futuro?
Por eso, aunque lo espere un regreso en altamar lleno de adversidades e incertidumbres, él precisa de volver a su humana Penélope para amarla “como la lumbre se nutre de los vientos contrarios”.
La poderosa y obstinada ninfa insiste. Y, suponiendo que Ulises no tuviera en Ítaca a su esposa Penélope ni a su hijo Telémaco esperándolo, ¿dejaría la paz, la abundancia, y la belleza inmortal que le ofrece Calipso en Ogigia? La respuesta es la misma.
Aunque no existiese a su regreso nada de lo que él ama, ni su esposa, ni su hijo, ni su reino, Ulises le expresa, “yo afrontaría alegremente los mares y la ira de los dioses… mi corazón saciado ya no soporta esta paz, esta dulzura y esta belleza inmortal”. Ulises continúa quejándose que, durante su estancia en Ogigia, jamás vio el follaje de los árboles cambiar de color ni pudo apreciar nubes oscuras, pues todo era “perfecto”. Es una serenidad sublime, pero humanamente insoportable.
Al zarpar de Ogigia para emprender su viaje de regreso a Ítaca, Calipso le advierte sobre todos los males que le esperan en su viaje. Pero Ulises le arroja sus últimas palabras, “¡Oh diosa, el irreparable y supremo mal está en tu perfección!”
Así es, qué gran paradoja que la perfección no pueda estar ausente de un defecto. Por más irónico que suene, esta historia nos demuestra que la perfección es realmente superada por la imperfección de nuestra condición humana.
Es común que muchos aspiren a la perfección. Pero si nos detenemos un poco para reflexionar profundamente en lo que eso pudiera significar, podemos imaginar que el llegar a un punto en donde ya no se tiene ningún objetivo por cumplir o en donde se esfumen las emociones, podríamos sufrir un estancamiento devastador.
Por eso las utopías son inalcanzables, porque siempre podemos buscar cómo mejorar las cosas. Hay que saber abrazar la imperfección y apreciar que en ella se encuentra todo lo que le da sentido a la vida.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.








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