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Imagen de Pete Linforth en Pixabay

La oportunidad de pensar en conjunto

La transición energética está acelerando una transformación silenciosa en la Península Ibérica.

Nuevas infraestructuras energéticas, centros de datos, plataformas logísticas o proyectos industriales vinculados a la innovación están empezando a redibujar el mapa económico ibérico y a generar nuevas dinámicas de conexión entre territorios de España y Portugal.

Y en ese nuevo escenario, la Raya ibérica tiene una oportunidad especialmente interesante: convertirse en un espacio cada vez más conectado, complementario y atractivo para proyectos con dimensión internacional.

La reciente creación del Observatorio Ibérico de la Energía entre Portugal y España refleja bastante bien este momento. Más allá de la cooperación técnica entre ambos países, este tipo de iniciativas evidencian algo mucho más profundo: determinados retos vinculados a la energía, las infraestructuras o la competitividad industrial empiezan a requerir miradas cada vez más compartidas.

En este contexto, la energía está obligando, probablemente más que ningún otro sector, a repensar el territorio desde una lógica más conectada.

Las redes eléctricas, la capacidad de almacenamiento, las conexiones logísticas o las nuevas implantaciones industriales ya no funcionan únicamente dentro de límites administrativos clásicos. Lo que ocurre en materia energética en Portugal genera impacto en España. Y viceversa. Precisamente ahí empiezan a aparecer nuevas oportunidades para construir espacios económicos más amplios, dinámicos y competitivos.

El crecimiento del puerto de Sines es un buen ejemplo de ello. Su evolución no afecta únicamente al litoral portugués, sino que está reforzando conexiones logísticas, energéticas y empresariales que alcanzan cada vez más espacios de la Península. Algo parecido ocurre con proyectos vinculados al almacenamiento energético, los centros de datos o las nuevas actividades industriales asociadas a la transición energética.

El propio Mercado Ibérico de la Electricidad (MIBEL) demostró hace años que España y Portugal podían avanzar hacia estructuras compartidas capaces de generar una mayor integración energética y una visión más amplia del territorio. Hoy empiezan a surgir nuevas oportunidades para trasladar esa mirada a otros ámbitos vinculados a la competitividad, la innovación o la atracción de actividad económica.

En ese escenario aparece una de las preguntas más interesantes para el espacio ibérico en los próximos años: ¿cuánto valor conjunto podríamos llegar a construir si empezáramos a pensar más en términos de oportunidad compartida?

Espacios donde territorios próximos puedan conocerse mejor, compartir prioridades, detectar oportunidades y pensar conjuntamente proyectos de medio y largo plazo

Todo ello exige algo tan sencillo y al mismo tiempo tan potente como tener interés real por lo que el otro está haciendo.

Sentarse, preguntar, escuchar y entender no solo qué proyectos existen, sino también qué visión, qué prioridades o qué capacidades hay detrás de ellos. No para reproducir automáticamente lo mismo al otro lado de la frontera, sino para descubrir hasta qué punto podemos complementarnos, aportar valor mutuamente y construir conjuntamente proyectos con mayor dimensión, más capacidad de atracción y más recorrido internacional.

A su vez, eso implica también un ejercicio muy interesante de introspección. Entender en qué somos realmente buenos, qué podemos aportar y cómo determinadas capacidades, sectores o especializaciones pueden reforzarse mutuamente cuando se piensan desde una lógica más abierta y colaborativa.

Porque colaborar de verdad no significa parecerse más. Significa entender mejor qué puede aportar cada uno dentro de una visión compartida mucho más amplia.

En este sentido, uno de los elementos más valiosos para los próximos años probablemente no tenga que ver únicamente con infraestructuras o inversiones, sino con la capacidad de crear espacios estables de conversación.

Espacios donde territorios próximos puedan conocerse mejor, compartir prioridades, detectar oportunidades y pensar conjuntamente proyectos de medio y largo plazo. Observatorios, redes sectoriales, encuentros empresariales o foros permanentes pueden desempeñar un papel clave en esa construcción de confianza y visión compartida.

A menudo, las conexiones más interesantes no aparecen únicamente en los documentos estratégicos, sino en la capacidad de generar diálogo continuado, curiosidad por lo que el otro está construyendo y voluntad real de explorar nuevas posibilidades conjuntamente.

En definitiva, ahí puede encontrarse una de las oportunidades más atractivas que tiene hoy la Península Ibérica: descubrir hasta qué punto la energía, la innovación y las nuevas dinámicas económicas pueden ayudarnos también a construir una visión compartida mucho más ambiciosa, conectada y competitiva del territorio.

Mayte Salazar (Badajoz, 1976) es Licenciada en Derecho, y en la actualidad socia fundadora de Garuda Consulting, firma especializada en asesoramiento estratégico e internacionalización de proyectos entre España, Portugal y países lusófonos. Cuenta con una sólida trayectoria en desarrollo territorial y cooperación institucional, habiendo desarrollado su carrera, más recientemente, en la Junta de Extremadura y en AICEP Portugal Global, en el ámbito de la promoción económica y la atracción de inversión. Actualmente acompaña a empresas e instituciones en el desarrollo de proyectos en el espacio ibérico e internacional, con especial foco en mercados de lengua portuguesa y América Latina.

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