El exdiplomático de Rusia en Madrid, Lisboa y Ciudad de México analiza la operación militar, el fin de la unipolaridad y el ascenso de los BRICS
Dmitry Sokolov es un exdiplomático ruso que durante décadas representó a su país en México, Portugal y España. Su carrera le otorgó una visión doble: el funcionamiento de la política exterior rusa desde dentro, y la observación directa de la opinión pública y los medios occidentales.
En esta conversación, Sokolov ofrece una lectura del conflicto en Ucrania que rompe con la narrativa dominante en Europa. Sostiene que la operación militar de 2022 no fue una invasión unilateral, sino la culminación de décadas de presión: ampliación de la OTAN, incumplimiento de los Acuerdos de Minsk, revoluciones de colores que convirtieron a Ucrania en una «plaza fortificada» contra Moscú. Al mismo tiempo, evoca sus años en Madrid, Lisboa y Ciudad de México, y reflexiona sobre la rusofobia histórica, la desinformación mediática y el surgimiento de un mundo multipolar.
Tras décadas de carrera diplomática, ¿cómo evalúa el conflicto militar entre Rusia y Ucrania desde la perspectiva de quien conoce de cerca tanto la política exterior rusa como la opinión pública europea?
El conflicto militar entre Rusia y Ucrania en realidad es la lucha contra mi país de las élites globalistas neoliberales para evitar el desmoronamiento de su poder mundial. Consideran que Rusia independiente es un obstáculo en la realización de los citados objetivos porque la misma lleva a cabo una política independiente basada en sus intereses nacionales. Y esos intereses consisten en salvaguardar su soberanía en todos los aspectos: políticas exterior, interior, económica, cultural etc. y no obedecer al dictado desde fuera.
El propósito de destruir o someter Rusia surgió hace siglos. Existen bastantes investigaciones sobre las relaciones de mi país y Europa Occidental que durante 5 centurias ha sido el centro del poder mundial. Puedo citar, por ejemplo, el libro de Guy Mettan “Russie-Occident, une guerre de mille ans”. También es muy interesante la obra de Emmanuel Todd “La derrota de Occidente”. Muy juiciosas reflexiones en mi opinión se encuentran en los libros, artículos y entrevistas de Jeffrey Sachs, por ejemplo “European Russophobia and Europe’s Rejection of Peace: A Two-Century Failure”.
Hablando del pasado reciente, me gustaría recordar que tras la desaparición de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia, Rusia ansiaba integrarse plenamente en el mundo en camino de la globalización renunciando a la ideología comunista, a su inmenso arsenal militar y deseosa de tomar parte en la construcción de una Casa Común Europea. Pero Occidente no quiso tratar a Rusia como un socio igual. En lugar de liquidar la OTAN y negociar un sistema colectivo de seguridad olvidó las promesas de no extender la alianza “ni una pulgada al Este”. Aseguraba a los dirigentes rusos de sus buenas intenciones y a la vez apoyaba a los terroristas chechenos y alentaba sentimientos antirrusos en las repúblicas exsoviéticas a través de las ONGs controladas. La OTAN avanzaba hacia las fronteras de Rusia, se provocaban las revoluciones de colores en la periferia de mi país.
Moscú expresaba su desacuerdo y avisaba a los socios occidentales que no se conformaría con el menosprecio a sus intereses. Mientras seguía colaborando de buena fe con EE.UU., UE, OTAN. Estaba construyendo 4 espacios comunes con la Unión Europea, mantenía 2 cumbres anuales y 17 diálogos sobre temas internacionales y bilaterales, desarrollaba el comercio y la cooperación multifacética mutuamente ventajosa. Siendo Primer Consejero de la Dirección General de Cooperación Paneuropea participé en 2008 en preparar documentación para que helicópteros del Ejército de Rusia tomen parte en la Misión de la UE en Chad y la República Centroafricana. En 2005 buques de la Armada Rusa participaron en la patrulla de la OTAN en el Mediterráneo. Funcionaba el Consejo OTAN-Rusia.
Sin embargo la presión del Occidente contra Rusia iba aumentando. Las élites estadounidenses veían con preocupación la creciente interrelación entre mi país y la Unión Europea, sobre todo con Alemania. Cuando en 2003 Moscú, Berlín y París no apoyaron la invasión de Irak (decidida en la famosa reunión de José Manuel Durão Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar en la isla Terceira) para Washington ello sonó como señal de alarma. En 2008 en la cumbre de la Alianza Atlántica en Bucarest EE.UU. a pesar de la oposición de Alemania y Francia consiguió que la correspondiente Declaración incluyese las siguientes palabras: Ucrania y Georgia serán miembros de OTAN (según las encuestas, en aquel año muchísimos más ucranianos estaban en contra de la adhesión al bloque que los que estaban a favor). Se aceleró el amoldamiento de Ucrania por la Alianza a sus necesidades: despliegues, ejercicios, introducción de estándares, infraestructuras…
En el año 2013 se estaba preparando la Asociación de Ucrania con la Unión Europea. El Presidente Víctor Yanukovich suspendió (que no canceló) la firma del acuerdo ante la incertidumbre de como acoplar tal asociación con las condiciones comerciales y económicas preferenciales con Rusia con la cual tenía desarrollados vínculos de cooperación. Previamente la UE se había negado a que las tres partes interesadas elaborasen un acuerdo. Sólo es asunto de Bruselas y Kiev, nos dijeron los dirigentes de la UE. La decisión de Yanukovich se utilizó como pretexto para el tristemente famoso euromaidán, o sea violentas manifestaciones antigubernamentales, alentadas por EE.UU. y sus aliados europeos.
Tras el cruento golpe de Estado de 2014 los nuevos dirigentes de Kiev, colocados por Washington (existe la grabación de la conversación telefónica entre Victoria Nuland, entonces Asistente del Secretario de Estado, y el Embajador estadounidense en Ucrania Geoffrey Pyatt en la cual escogían candidatos a la Junta kievista) empezaron represiones contra los rusos y rusófonos, la lengua rusa y desataron la guerra contra las regiones de Donetsk y Lugansk que no se habían conformado con la ilegal toma de poder. Llevaron a cabo bombardeos de ciudades y poblados de Donbass, ataques contra la población civil lo cual ocasionó cerca de 14 mil muertos en los 8 años siguientes.
Todo ello junto con la glorificación de los colaboracionistas nazi en los tiempos de la II Guerra Mundial (se nombraban calles, estadios, se erigían monumentos) y la promoción de organizaciones neonazis llevó a Rusia a emprender en 2022 la Operación Militar Especial. En los medios occidentales imponen la ridícula imagen de Putin que un día al despertar decidió invadir Ucrania y restaurar la URSS o el Imperio Ruso. Serios analistas apoyan lo arriba explicado. Por ejemplo, el ex analista de CIA George Beebe considera que los dirigentes rusos vieron en la actuación del Occidente en Ucrania la inminente adhesión de la misma a la OTAN. Y actuaron en consecuencia para no tener que verse involucrados en un conflicto con la Alianza antes de que se cerrase la ventana de oportunidades. Ahora bien, todos los objetivos de la Operación Militar Especial se señalaron muchas veces por las autoridades rusas. Lo principal es: descartar la amenaza desde el territorio de Ucrania (lo que implica su desmilitarización); proteger a rusos y rusófonos, asegurar sus derechos humanos pisoteados por Kiev (con la lógica erradicación del neonazismo).
No se trataba de adquisiciones territoriales, pero la actuación del Occidente las hizo inevitables ahora. Veamos.
- 2013. Un acuerdo trilateral sobre la asociación de Ucrania con la UE habría asegurado la permanencia de Crimea en el territorio de ese país. El Occidente no lo quiso.
- 2014-2022. El cumplimiento de los Acuerdos de Minsk habría retenido Donetsk y Lugansk de separarse definitivamente de Ucrania. El expresidente de Francia François Hollande y la excanciller de Alemania Angela Merkel confesaron que los citados acuerdos no se habían firmado para ser cumplidos, sino sólo servían para dar tiempo a Kiev de rearmarse y “resolver” el problema de Donbass por la fuerza.
- Marzo-abril 2022. De firmarse e implementarse el acuerdo de Estambul entre Rusia y Ucrania ya rubricado por Kiev se habría evitado el avance del Ejército Ruso y la consiguiente reunificación con mi país de todo el Donbass más las regiones de Zaporozhie y Jersón. El Occidente en la persona de Boris Johnson hizo fracasar este acuerdo.
Cuanto más se alarga el conflicto, peores serán las condiciones de arreglo para Kiev y sus patrocinadores occidentales. Los dirigentes de Europa Occidental y los medios hablan mucho de establecer contactos con Rusia (¿Qué hacen sus embajadores y el delegado de la UE en Moscú?), buscar una solución “negociada” al conflicto. Al mismo tiempo se habla de presionar a Rusia para obligarla a negociar, se aceleran los preparativos para la guerra contra mi país (casi todos los días los políticos otanistas hablan de ello), se mantienen los suministros de armas al régimen de Kiev con las cuales continúa los ataques terroristas, se consensuan posturas de ultimátum a Rusia exigiendo prácticamente su capitulación. Juran apoyar indefinidamente a Zelensky y su criminal entorno para conservar este régimen neonazi como plaza fortificada dirigida contra mi país. Así no se negocia. En estas circunstancias Rusia se ve obligada a seguir realizando la Operación Militar Especial hasta alcanzar sus objetivos.
En cuanto a la opinión pública en España y Portugal. Está fuertemente influenciada por siglos de rusofobia más la propaganda otanista actual, que se apoya en el total control de los principales medios de comunicación por las élites globalistas neoliberales. Es tremendo ver y oír todos los días cantidades de mentiras sobre Rusia, sesgos, informaciones parciales vertidas por esos medios. Se repiten una y otra vez las afirmaciones absurdas sobre la amenaza que representa mi país a punto de invadir Europa Occidental hasta llegar a Lisboa; a la vez que la economía rusa está en ruinas, no tiene armas modernas, el ejército está desorganizado, no ha conseguido gran cosa en más de 4 años de guerra y sólo hay que apoyar a Ucrania más para derrotar Moscú, seguir presionando y obligarla desde la posición de fuerza a sentarse a negociar las condiciones occidentales de rendición. Que Rusia sufre un aislamiento por la “Comunidad Internacional” (la cual en realidad representa un cuarto de los Estados miembros de la ONU). Y en el recientemente celebrado Foro económico de San Petersburgo había representantes de más de 140 países. ¡Menudo aislamiento!
La desinformación a veces es sutil. Por ejemplo, se informa como si tal cosa de la detención de un barco de la “flota fantasma” que transportaba “mercancía ilegal”. En realidad lo de fantasma y la supuesta ilegalidad es pura invención del Occidente, los barcos rusos actúan en el marco del derecho internacional, y considerarlo ilegal lo han decidido una minoría de países (sólo el Consejo de Seguridad de la ONU tiene derecho a imponer sanciones y por tanto determinar los correspondientes incumplimientos). Pero en general la propaganda otanista se basa en repetir constantemente mentiras incluso las más disparatadas.
Los ataques rusos contra objetivos ucranianos, según los medios occidentales, siempre causan víctimas civiles y se comentan inmediatamente con indignación y condena. Los cotidianos ataques ucranianos terroristas que matan a civiles, niños, mujeres (incluidos los bombardeos de la residencia estudiantil en Starobelsk y el autobús de un equipo de fútbol infantil) normalmente se tratan así: “según los rusos…, la información no está verificada”. ¿No es terrorismo? ¿Es defensa de los valores de la UE?
Además, no se da ninguna información positiva o al menos objetiva sobre la vida en mi país. En consecuencia la gente en general está mal informada, se cree que no se puede viajar a Rusia (al contrario de los obstaculos del Occidente para viajeros rusos mi país otorga visados sin restricciones, se puede conseguirlos incluso sin ir a oficinas consular, en internet).
En cuanto a Ucrania no se informa sobre la esencia neonazi del régimen de Kiev. Uno de los ejemplos recientes: Zelenski repatrió y organizó el entierro con honores estatales los restos de Andrey Melnik, uno de los fundadores de la Organización de Nacionalistas Ucranianos la cual había colaborado con el régimen nazi de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, participado en las atroces carnicerías de polacos, rusos, judíos…
Me es difícil saber y entender cuál es en realidad la opinión pública mayoritaria. Por una parte, viajando bastante por España y contactando con la gente en los años 2022-2025 no encontré ni una sola vez rechazo o negativa a comunicar conmigo. Al contrario sentía mucho cariño por parte de personas de distintas comunidades y condiciones al saber que era ruso. Por otra parte, ello no se traducía en el ambiente informativo, en manifestación palpable a nivel general. Todos parecían conformarse con la presunta idea dominante de que Ucrania es un país democrático que defiende los valores europeos.
Sólo un puñado de blogueros, politólogos independieentes en Youtube hace llegar la verdad sobre los acontecimientos y la situación real.
¿Cree que un mundo multipolar puede contribuir a encontrar la paz, o por el contrario observa que la fragmentación de poderes genera más inestabilidad?
Creo que la construcción de un mundo multipolar es un proceso complejo. La fragmentación del mundo y la creación de la multipolaridad no es lo mismo. Estamos observando que EE.UU. y sus aliados acostumbrados a ser vasallos de Washington resisten vehementemente tratando de frenar la pérdida de su poder global. Crece el número y el poder de Países del Oriente y del Sur que no desean obedecer al hegemón.
Ahora bien, la desaparición de la unipolaridad por sí misma no crea peligro, los riesgos y las amenazas a la seguridad vienen de Estados. Por ello deberán ponerse de acuerdo y alcanzar un equilibrio estable para que el mundo multipolar sea más seguro y favorable para todos. En este sentido un papel importante juegan las organizaciones internacionales y regionales como BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, ASEAN, Unión Africana, CELAC etc.
Los BRICS agrupan a naciones con geografías, culturas y sistemas políticos muy distintos. ¿Ve en esta plataforma un modelo viable para el desarrollo equitativo de los países, o considera que sus diferencias internas son un obstáculo difícil de superar?
Creo que los países miembros del BRICS a pesar de las diferencias van seguros por el camino de crear una plataforma viable para el desarrollo progresivo de sus naciones y también contribuir positivamente a la solución de problemas globales. BRICS promueve la igualdad entre los Estados, derecho internacional, soberanía, respeto de los intereses de cada Estado, de su forma de organización interna y singularidad civilizacional. Estos principios básicos permiten encontrar la solución de problemas que surgen entre las naciones.
Hablando del pasado reciente, me gustaría recordar que tras la desaparición de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia, Rusia ansiaba integrarse plenamente en el mundo en camino de la globalización renunciando a la ideología comunista, a su inmenso arsenal militar y deseosa de tomar parte en la construcción de una Casa Común Europea
Desde su experiencia en Europa occidental, ¿cómo percibe la receptividad de los países del sur global hacia una arquitectura de seguridad alternativa a la tradicional?
En mi opinión en el mundo actual no existe estructura de seguridad global. La ONU ha fracasado en el intento. Los países del Sur Global no sólo están receptivos a la creación de una nueva arquitectura de seguridad y están creando sus organizaciones de este tipo, como, por ejemplo, la Organización de Cooperación de Shanghái.
Ha sido diplomático en España, México y Portugal. ¿Qué diferencias fundamentales encontró en la manera de hacer política exterior en cada uno de estos países?
Fui diplomático en México y Portugal hace mucho tiempo. No hablaré de la situación actual. En México presencié un periodo interesante: tras décadas del monopolio en el poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) llegó a la presidencia el representante del Partido Acción Nacional (PAN) Vicente Fox. Pero la condición constante de la política mexicana – la vecindad de una superpotencia no cambió. «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». Se atribuye esta frase al Presidente del país (siglos XIX-XX) Porfirio Díaz. En este contexto México necesitaba un contrapeso. Colegas mexicanos y mis contactos en los círculos políticos echaban de menos la URSS desaparecida, Rusia entonces era bastante débil para jugar el papel de contrapeso.
Portugal en los años 2003-2007 (mi misión en Lisboa) demostraba el deseo de desarrollar buenas relaciones con Rusia alineándose con las dos Bruselas. En el Ministerio de Asuntos Exteriores mantenía provechosos y frecuentes contactos con los diplomáticos portugueses. Me pareció muy interesante la relación de Lisboa con los países lusófonos. Al preguntar a mis colegas portugueses de dónde eran me respondían: Angola, Cabo Verde, hasta Timor Leste. También me sorprendió la relación con Brasil. Sentía que a diferencia de la percepción española de Hispanoamérica, Portugal se veía geopolíticamente menos importante que aquel gigante sudamericano y aceptaba esta condición con normalidad. Al mismo tiempo Lisboa seguía manteniendo una postura activa en defensa de la lengua y la cultura portuguesas.
España se volcaba mucho hacia la Unión Europea. En 1986 cuando ese país se integró en la Unión Europea todos los medios proclamaban: ¡Por fin somos europeos! Me daba pena. Era como infravalorar el propio mérito de ser una gran nación con una historia, cultura, tradiciones, diversidad extraordinarias. Hasta ahora me parece que se da más importancia a este vector de la política exterior que a otros, como, por ejemplo, Iberoamérica, África. Una reflexión: tengo la costumbre de escuchar noticias de estaciones de radio locales cada mañana. En Portugal y en Francia (donde estuve en una misión corta de 3 meses en 2008) todos los días dan información sobre países africanos, se siente que África está al lado y es importante. En Madrid nunca sentí tal cosa. Parece que últimamente el Gobierno de España hace esfuerzos para intensificar su política africana, pero en el ambiente informativo no lo he notado.

España y Portugal comparten en parte la cultura y una historia ibérica común en diversos tiempos de la historia, pero su relación con Rusia ha sido distinta. ¿Qué factores históricos o culturales cree que explican esa diferencia?
España y Portugal se parecen mucho ocupando la misma península Ibérica, pero al mismo tiempo se distinguen bastante incluidas la política, la cultura. A lo largo de la historia más de una vez actuaban en distintos lados y coaliciones en los conflictos mundiales lo que determinaba también sus relaciones con Rusia. Para mi país a lo largo de la historia las relaciones con Madrid y Lisboa eran condicionadas por las circunstancias concretas de cada momento. No veo gran diferencia. Si hablamos del siglo pasado, quizá durante el periodo de la Guerra Civil española las relaciones de Moscú con Madrid eran intensas mientras que con Lisboa no las había desde 1917 hasta 1974. Con la caída de regímenes autoritarios en España y Portugal la URSS y Rusia llevaban a cabo en relación a estos paíse una política basada en el Derecho Internacional, igualdad, no ingerencia en los asuntos internos, cooperación multifácetica mutuamente provechosa. Hasta 2022 las relaciones se desarrollaban positivamente, pero desde entonces Madrid y Lisboa participan activamente en la guerra del Occidente contra mi país – no veo diferencia entre ellas. Más consideraciones en el apartado 1 de este texto.
En cuanto a las culturas hispana y lusa que me encantan, en Rusia la influencia española ha sido más palpable.
¿Hubo algún momento durante sus misiones en estos tres países en el que sintiera que la diplomacia rusa debía adaptar su comunicación para ser mejor comprendida?
He sentido siempre que el lenguaje de nuestra comunicación con los socios era adecuado y conseguíamos hacer llegar nuestro mensaje a los correspondientes gobiermos. Otra cosa es qué decisiones tomaban los mismos dependiendo de como entendían sus intereses nacionales o la necesidad de tomar en consideración la presión de las circunstancias.
La eficacia de nuestro poder blando y la promoción de la información objetiva sobre mi país para el público general no era suficiente para vencer el siempre rusófobo ambiente en los medios occidentales. Pienso que habría que aprovechar la experiencia de los occidentales – influir en la opinión pública a través de una red de ONGs, fundaciones e institutos teóricamente independientes. Nuestro canal de TV Russia Today ha sido un éxito, hubo tiempos cuando se podía ver en el Occidente libremente. Ahora está prohibido por dar información veraz sobre Rusia y el mundo. Pero incluso antes del conflicto abierto en Ucrania al ver que adelantaba a importantes canales mundiales el Occidente empezó a dificultar su distribución y la labor de sus corresponsales.
México, por su parte, pertenece a una tradición latinoamericana con una visión muy particular de la soberanía y la no intervención. ¿Cómo influyó eso en su trabajo diplomático allí?
Mi estancia en México (es el único país latinoamericano que conozco) me enseñó a apreciar más la vida, la amistad, el amor, disfrutar de lo que se tiene cada día. Los mexicanos que conocí de distintas condiciones sociales sabían valorar todos los momentos de la vida, las cosas sencillas, la relación humana, el convivir, no se desanimaban ante contratiempos, desgracias.
Si tuviera que resumir en una sola frase qué le enseñó Iberoamérica sobre la diplomacia, ¿cuál sería?
Una sola frase, diría incluso palabra, sobre la diplomacia que aprendí en México: paciencia.
Toda carrera diplomática tiene momentos inesperados. ¿Podría compartir alguna anécdota curiosa o divertida de sus años en Madrid, Ciudad de México o Lisboa que ilustre los desafíos o las ironías de la vida diplomática?
Sobre situaciones particulares. Una vez invité a un colega español a un almuerzo en un restaurante cerca de mi casa. Durante la comida me percaté que había dejado mi cartera en la oficina y no podría pagar la consumición. Entonces sin interrumpir la conversación, cuando ya terminamos de comer, escribí a mi mujer por WhatsApp que se acercase con su tarjeta de crédito. Ella vino tan rápido que no había tenido tiempo de explicar la situación a mi invitado. Irina (así se llama mi esposa) se acerca a la mesa y se sienta ante la sorpresa de mi colega español. Así les había colocado a los dos en una posición incómoda que al poco tiempo se resolvió con la habilidad de saber tratar a la gente de Irina y la experiencia diplomática de los tres.
La primera vez que ejercía de Encargado de Negocios a.i. por 36 horas nada más cuando todavía era Primer Consejero, estuve en el sillón de dentista con la boca abierta en el sentido directo de la expresión. Me llamó el Ministro de Asuntos Exteriores de España por un asunto urgente. El dentista tuvo que sacarme sus instrumentos de mi boca para que pudiese hablar. Todo acabó bien, aunque era incómodo hablar con el Ministro y me costó nervios.
Después de tantos años de servicio en el exterior, ¿cómo encontró Moscú al regresar? ¿Le costó readaptarse a la vida en la capital tras vivir en ciudades tan distintas como Madrid, Lisboa o Ciudad de México?
Al regresar a Moscú tras tantos años fuera la he encontrado más bella, limpia, cómoda para vivir, desplazarse, descansar, divertirse. Parques, transporte, restaurantes, sector servicios, teatros, museos, bancos, facilidades para tramitar documentos a través del gobierno digital… Todo al más alto nivel universal. No me ha costado nada readaptarme a la vida en mi ciudad.
Ahora que está jubilado, ¿cómo ha sido la transición de una vida marcada por el servicio exterior a un ritmo más personal? ¿Le resultó liberador o, al contrario, echa de menos la intensidad de la diplomacia?
Tras el retiro del servicio exterior no me atrae la apacible vida de jubilado. Sigo trabajando. Actualmente en la Academia de Medicina de Formación Continua del Ministerio de Sanidad en la Dirección de Actividades Internacionales. De modo que el ritmo de mi vida sigue siendo el de trabajo. Tengo varios proyectos: viajar, sobre todo para descubrir lugares que no conozco de mi extraordinario y enorme país; ordenar mi archivo de fotos, videos y audio; estudiar idiomas y leer o escuchar audiolibros; continuar a participar en debates sobre actualidad internacional.








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