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Foto de michele Rossi

Los Comites ante el futuro: representar a los italianos de hoy, no solo a los de ayer

A finales de este año se celebrarán en muchos países las elecciones para escoger a los nuevos Comites (Comitati degli Italiani all’Estero) que representarán a las comunidades italianas. A falta de poco más de dos meses para este acontecimiento, me gustaría reflexionar sobre estos órganos, que en la mayoría de los casos se conocen poco y de los cuales las personas no conocen ni la historia ni tampoco la labor.

Hablar de los Comites, significa hablar de una parte importante de la historia de la emigración italiana y, al mismo tiempo, de una institución que todavía tiene mucho que decir sobre el futuro de Italia en el mundo. Los Comites nacieron en una época en la que la emigración italiana tenía características muy diferentes de las actuales. Millones de italianos habían dejado su país para buscar oportunidades en Europa, América, Australia y otros lugares del mundo. Muchos construyeron su vida desde cero, crearon asociaciones, escuelas, empresas y comunidades y mantuvieron, con enorme esfuerzo, un vínculo con Italia. Con el paso del tiempo, aquella emigración se transformó. Y quizás esta sea hoy la cuestión fundamental: ¿han evolucionado los instrumentos de representación al mismo ritmo que las comunidades italianas que deben representar?

Una historia que comienza con la emigración

Los Comites tienen sus antecedentes en las estructuras asistenciales que acompañaron a las comunidades italianas en el exterior durante buena parte del siglo XX. El gran cambio llegó con la Ley n.º 205 de 8 de mayo de 1985, que creó los Comitati dell’Emigrazione Italiana, conocidos como Co.Em.It. Las primeras elecciones se celebraron en noviembre de 1986. Fue un momento importante porque, por primera vez, los italianos residentes en el extranjero disponían de un organismo de representación elegido democráticamente. Pocos años después, en 1989, se creó el Consiglio Generale degli Italiani all’Estero (CGIE), completando una arquitectura institucional destinada a dar voz a los italianos fuera de Italia. Posteriormente, la Ley n.º 286 de 23 de octubre de 2003 reformó la organización y las funciones de los Comites y estableció el marco que, con modificaciones posteriores, continúa vigente. La idea de fondo era clara: los italianos que viven fuera del país no deben quedar alejados de las instituciones italianas. Necesitan representación, interlocución y un canal a través del cual puedan expresar necesidades y propuestas. Pero la historia no se detiene.

De emigrantes a ciudadanos globales

La palabra «emigración» ya no describe por sí sola la realidad italiana en el exterior. El italiano que hoy vive fuera de su País, puede ser un joven que se ha trasladado por una oportunidad profesional. Puede ser un estudiante universitario, un investigador, un empresario, un profesional autónomo o una persona que trabaja para una multinacional. Puede haber llegado hace treinta años o hace tres meses. Puede haber nacido en Italia o fuera. Puede hablar italiano en casa, español en el trabajo y utilizar el inglés cotidianamente. Puede tener hijos que se sienten simultáneamente, por ejemplo, españoles e italianos. Y puede mantener con Italia una relación que no sea solamente afectiva, sino también económica, profesional, cultural e institucional. Esta realidad es especialmente visible en países como España, donde la presencia italiana ha crecido y se ha diversificado enormemente. Por eso, cuando hablamos de los italianos en el exterior, ya no podemos pensar únicamente en la emigración de nuestros padres o nuestros abuelos.

Existe una nueva emigración italiana.

Y junto a ella existe una nueva generación de italianos nacidos fuera de Italia, así como una gran comunidad de descendientes que mantiene diferentes grados de relación con el país de origen de sus familias. Todo ello plantea un desafío para los Comites.

¿Qué significa representar hoy?

Representar no significa únicamente hablar en nombre de alguien. Representar significa, antes que nada, escuchar. Y escuchar hoy es probablemente más difícil que hace algunas décadas. Las comunidades italianas son más grandes, más diversas y fragmentadas. Las necesidades de un jubilado italiano pueden ser completamente diferentes de las de un joven profesional que acaba de aterrizar en otro País. Las prioridades de una familia italiana residente desde hace décadas pueden no coincidir con las de un estudiante o un emprendedor. Por eso, el Comites del futuro debería ser capaz de escuchar a todos. No solamente a quienes ya participan en asociaciones. No solamente a quienes conocen el funcionamiento de las instituciones. No solamente a quienes votan. También a quienes nunca han participado. A quienes no conocen el Comites. A quienes no saben qué puede hacer por ellos. Y, sobre todo, a quienes consideran que las instituciones italianas en el exterior están demasiado alejadas de su realidad cotidiana.

El gran desafío: la participación

Aquí encontramos uno de los principales problemas —y también una de las grandes oportunidades— para el futuro. Una institución puede ser legalmente representativa y, sin embargo, resultar poco conocida por la comunidad. La representación democrática necesita participación. Y la participación necesita información, proximidad y confianza. Por eso considero que uno de los grandes objetivos de los Comites debería ser hacer que más italianos sepan que existen y comprendan para qué sirven. No podemos esperar que una persona participe en una institución que no conoce. Tampoco podemos pedir a las nuevas generaciones que se acerquen a estructuras que perciben como alejadas de su lenguaje, de sus preocupaciones o de sus formas de comunicarse. La renovación no significa necesariamente abandonar las tradiciones. Significa encontrar nuevas maneras de mantenerlas vivas (sin entrar aquí en el merito de como se puede participar activamente en las elecciones del Comites: un método obsoleto y tan retorcido a nivel administrativo/burocrático que hace que las personas se alejen en vez de querer participar activamente).

Los jóvenes no son el futuro: son el presente

Durante demasiado tiempo hemos utilizado una frase aparentemente positiva: «los jóvenes son el futuro». En el caso de los Comites, quizá deberíamos empezar a decir algo diferente: los jóvenes son el presente. Son ciudadanos italianos que viven hoy en nuestras comunidades y que deberían poder participar hoy. El desafío consiste en crear espacios donde puedan aportar ideas, conocimientos y nuevas formas de relacionarse. Un joven italiano que vive en Madrid, Lisboa, París, Berlín etc. etc. puede tener una visión completamente diferente sobre qué significa pertenecer a una comunidad italiana. Puede estar más interesado en oportunidades profesionales, emprendimiento, formación, cultura, innovación, movilidad internacional o creación de redes que en las formas tradicionales del asociacionismo. Eso no significa que esté menos vinculado a Italia. Significa que su vínculo con Italia se expresa de otra manera. Los Comites deberían ser capaces de comprender ese lenguaje.

De la representación a la conexión

Hay otro aspecto que considero fundamental. Los italianos que viven fuera de Italia constituyen una enorme red internacional. Son profesionales, empresarios, investigadores, artistas, estudiantes, profesores, trabajadores, dirigentes y emprendedores. Conocen dos o más países. Hablan diferentes idiomas. Comprenden diferentes culturas empresariales. Tienen contactos. Y, muchas veces, pueden convertirse en auténticos puentes entre Italia y el país donde viven. Esta dimensión todavía puede desarrollarse mucho más. Un Comites podría contribuir a conectar personas y proyectos, facilitando el diálogo entre asociaciones, instituciones, universidades, empresas y profesionales. No se trata de convertir al Comites en una cámara de comercio, una asociación cultural o una agencia de promoción empresarial. Se trata de aprovechar su posición institucional para poner en contacto realidades que ya existen. En un mundo cada vez más internacional, conectar puede ser una de las formas más eficaces de representar.

España como laboratorio de esta transformación

España ofrece un ejemplo especialmente interesante. La comunidad italiana presente en el país no es homogénea. Conviven generaciones diferentes, personas llegadas por razones muy distintas y ciudadanos con niveles muy diversos de integración y de relación con Italia. Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, las Islas Baleares, las Islas Canarias y otras ciudades y territorios presentan realidades diferentes. En este contexto, el Comites no puede limitarse a ser una institución localizada físicamente en una ciudad. Tiene que ser capaz de pensar en términos de comunidad territorial y, al mismo tiempo, de comunidad digital. La tecnología ofrece una oportunidad extraordinaria. Encuestas, encuentros online, redes sociales, boletines, consultas públicas, bases de datos, mapas de asociaciones y plataformas de participación pueden ayudar a construir una relación más directa con los ciudadanos. La transformación digital no debería ser solamente una cuestión de comunicación. Puede convertirse en una nueva forma de participación.

Una nueva relación con el asociacionismo

Los Comites tampoco deberían verse como una alternativa al asociacionismo italiano. Al contrario. Las asociaciones han sido históricamente uno de los pilares de la presencia italiana en el extranjero. Han mantenido vivas tradiciones, cultura, lengua, relaciones sociales y vínculos con Italia. Pero el mundo asociativo también necesita renovarse. Los Comites pueden contribuir a crear conexiones entre asociaciones que a veces trabajan de manera aislada. Pueden favorecer proyectos comunes. Pueden poner en contacto a generaciones diferentes. Y pueden ayudar a que las instituciones conozcan mejor lo que sucede sobre el terreno. En lugar de preguntarnos quién debe representar a los italianos, quizás deberíamos preguntarnos cómo podemos construir una red en la que cada realidad aporte aquello que sabe hacer mejor.

El futuro no debería ser una cuestión de supervivencia

A veces, cuando hablamos del futuro de una institución, la pregunta parece ser cómo evitar que desaparezca. Creo que la pregunta debería ser diferente. No se trata simplemente de garantizar que los Comites sobrevivan. Se trata de conseguir que sean necesarios. Que un joven italiano que llega a España sepa dónde acudir para informarse. Que un empresario pueda encontrar conexiones. Que una asociación pueda encontrar colaboración. Que una familia conozca las oportunidades culturales y educativas. Que una persona mayor encuentre orientación. Que las instituciones italianas puedan comprender mejor las necesidades de la comunidad. Y que un ciudadano que nunca se ha acercado al mundo asociativo pueda descubrir que también tiene un espacio. Si los Comites consiguen hacer eso, su existencia tendrá sentido independientemente de cómo cambien las formas de comunicación, las generaciones o incluso la propia naturaleza de la emigración.

Representar la Italia que existe fuera de Italia

Quizás el mayor desafío sea aceptar que Italia no termina en sus fronteras. Italia está también en Madrid, Barcelona, Buenos Aires, Nueva York, São Paulo, Londres, París, Bruselas, Melbourne y en cientos de ciudades de todo el mundo. Está en las familias. En las empresas. En las universidades. En los restaurantes y en los talleres. En los laboratorios. En los estudios profesionales. En las asociaciones. En los jóvenes que llegan por primera vez a un país extranjero. Y en quienes llevan décadas viviendo fuera. Esta Italia exterior es mucho más diversa que en el pasado. Por eso también necesita una representación capaz de evolucionar.

Una oportunidad para los próximos años

Los Comites tienen por delante una oportunidad importante. Pueden permanecer vinculados principalmente a la tradición y a las estructuras que los vieron nacer. O pueden aprovechar su experiencia institucional para convertirse en protagonistas de una nueva etapa de la presencia italiana en el mundo. Eso no significa renunciar a la memoria. Al contrario: significa utilizarla como punto de partida. La historia de la emigración italiana merece ser conocida, preservada y transmitida. Pero no podemos construir la representación del futuro mirando exclusivamente hacia atrás. Las nuevas generaciones tienen otras necesidades. Las nuevas formas de emigración generan otros desafíos. La movilidad internacional crea nuevas oportunidades. Y la tecnología permite nuevas formas de participación. Todo ello exige una evolución.

Una última reflexión

Después de décadas de historia, quizá la pregunta más importante que debemos hacernos no sea «¿para qué sirven los Comites?», sino otra:

«¿Qué necesitan hoy los italianos que viven fuera de Italia y qué podemos hacer para que su voz sea escuchada?»

La respuesta no puede ser la misma en Madrid que en Buenos Aires, ni en Nueva York que en Berlín. Y precisamente por eso la representación territorial tiene sentido. Pero debe ser una representación viva. Una representación que escuche. Que dialogue. Que conecte. Que informe. Que facilite. Y que tenga la capacidad de renovarse. Los Comites nacieron para representar a una emigración que estaba cambiando la historia de Italia.

Hoy tienen ante sí una nueva misión: representar a una comunidad italiana que ya no puede definirse únicamente como emigrante, porque forma parte de una Italia global, móvil, profesional, cultural y profundamente conectada con el mundo.

Ese, en mi opinión, es el verdadero reto de los próximos años. No conservar los Comites tal y como fueron concebidos. Sino conseguir que sigan teniendo un significado para quienes todavía no han encontrado en ellos un lugar. Porque una institución de representación no es verdaderamente fuerte por el número de años que lleva existiendo. Es fuerte cuando las personas a las que representa sienten que su voz cuenta.

Michele Rossi nacido en Ferrara (Italia), es licenciado en Ciencias Jurídicas (Universidad de Ferrara) y tiene un Máster en Relaciones Internacionales (Universidad Católica de Ávila). Profesionalmente cuenta con experiencia plurianual internacional (Italia, España, Chile entre otros) y en varios ámbitos (legal, comercial, financiero). Actualmente colabora con varias empresas, dedicándose principalmente a temas de desarrollo comercial  relaciones institucionales e internacionalización.

Fundador y primer Presidente de AS.ER.ES.-Asociación de Emiliano-Romagnoli en España, desde 2020 ostenta también el rol institucional de Consultore para el órgano de la “Consulta degli Emiliano-romagnoli nel mondo”, siendo responsable de la supervisión de varios Países cuales España, Portugal, Rumania y Moldovia. En 2023 ha sido galardonado en Madrid con el “Premio all’Italianità en la categoría asociacionismo”.

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