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LA FALTA DE CONCIENCIA GLOBAL Y EL COVID 19

El mundo observaba serena y casi indiferente la abrupta expansión del covid-19 en China. A pesar de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la falta de conciencia global fue tremenda.

Debido a la saturación del discurso políticamente correcto, el comodismo que ofrece Internet y sus servicios, la comunicación instantánea y el estrés al que están sujetos los ciudadanos de la generación 4.0 o 5.0, se cuestionan algunos valores innatos del Derecho Natural.

Uno de estos valores es el espíritu de comunidad o la solidaridad.

La humanidad decidió desde su génesis que su organización social era a través de clanes. Pequeños clanes, clanes medianos y clanes enormes, que hoy llamamos países.

La organización política del gran clan se basa en varios factores: históricos, culturales, ideológicos, religiosos, entre otros.

Con el desarrollo de las relaciones políticas, culturales y sociales, teniendo en cuenta el sufrimiento de las grandes guerras convencionales, la humanidad también se ha organizado en algunas organizaciones supranacionales.

A menudo escuchamos que la «comunidad internacional» se caracteriza como un orden dominante que quiere el supuesto bien de la humanidad.

Sin embargo, la Historia de la Humanidad siempre ha estado rodeada de grandes dilemas, enormes conflictos y uso corporativo egoísta de las situaciones que más afligen la vida humana.

Al llegar al siglo XXI, la era de la gran tecnología, internet, la globalización, vemos un severo antagonismo: nos falta una conciencia global.

La famosa «sociedad del conocimiento» no pasa al fondo de una sociedad compleja y sectaria, que no parece tener esta conciencia global.

La génesis y el desarrollo de la pandemia de covid-19 en China han  generado en otras sociedades, especialmente en Europa, una discriminación absurda por parte de estas personas.

La falta de inteligencia emocional por parte de una cierta sociedad, al creer en todo lo que se les dice (información no verificada en fuentes oficiales y no contrastadas) solo crea sentimientos de poca solidaridad, aislacionismo y discriminación.

Un ejemplo de esta imprudencia social ocurrió en España, donde la Embajada de China en Madrid se vio obligada a intervenir con varias declaraciones públicas sobre las numerosas manifestaciones discriminatorias a las que los ciudadanos chinos estaban sujetos.

Antes de la llegada de esta oscura pandemia en el viejo continente, los europeos, sus  políticos y sus ciudadanos, estaban poco conmovidos por lo que estaba sucediendo en la ciudad de Wuhan y luego en la región de Hubei.

El cierre extraordinario de su economía y la distancia social impuesta a más de 40 millones de personas no hicieron reaccionar al mundo occidental.

Ni siquiera con las llamadas sucesivas de Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para que la epidemia del covid-19 en China no se convirtiera en una pandemia global, fue casi ignorada por las grandes potencias mundiales, incluida Unión Europea.

La falta de una conciencia global tiene la consecuencia de que prácticamente todos están sufriendo con amargura los efectos nocivos del covid-19 para los sistemas nacionales de salud de cada país, y creando un gran «tsunami» para la economía mundial, cuya amplitud aún no se ha determinado.

A menudo, la reacción superficial a los problemas que nos enfrentamos puede agravar ese mismo problema.

La falta de un diagnóstico eficiente, que no determine las causas del problema, hace que todas las medidas para resolver el problema estén rodeadas de una gran incertidumbre.

Es posible que después de las consecuencias sociales, políticas y económicas que esta pandemia traerá a los europeos, finalmente puedan tener una nueva conciencia global.

Los europeos se han dado cuenta, o al menos ya deberían entender, que ya no son inmunes a los problemas sociales y epidémicos que están ocurriendo en otras regiones del mundo.

Esperamos que este sufrimiento humano que azota a Europa, especialmente en Italia y España, haga que sus responsables políticos comprendan la necesidad de resolver, lo antes posible, algunos problemas que están en la agenda europea.

Y el caso más visible son los refugiados que intentan desesperadamente llegar a Europa.

Por supuesto, Europa, en particular la Unión Europea, no puede resolver este problema en términos concretos a través del concepto de una «Europa fortaleza» (cuya eficiencia es claramente baja), sino a través de una Europa que influye, y que construye entendimientos solidarios. Y también está a favor de su interés estratégico, que este cambio en la política internacional debe tener lugar a corto plazo.

Ya sea para resolver la pandemia de covid 19, los refugiados o la grave crisis económica que está afectando al mundo, especialmente a Europa, la elaboración de un diagnóstico coherente y el sentido de comunidad es esencial para mitigar sus consecuencias.

Por lo tanto, una conciencia global nueva y asertiva es urgente.

Bruno Caldeira

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