Los pasados días 26 y 27 de junio la Asociación de Periodistas Europeos celebró en Toledo su encuentro anual sobre Seguridad y Defensa, un espacio donde se analiza —desde la perspectiva española, comunitaria y de la Alianza Atlántica— el estado actual de los principales desafíos, amenazas y alarmas que provienen del escenario internacional. Además de los consabidos conflictos que dominan la agenda mediática, en esta edición uno de los temas capitales ha sido la realidad política y geopolítica del llamado Sur global. Dada la abierta pugna entre las potencias occidentales y las potencias emergentes por atraer a los países del Sur a sus respectivas esferas de influencia, el tema ha suscitado gran interés y generado debate.
Aunque el resultado de esta pugna es aún incierto, se presume que la importancia futura de los países del Sur tendrá un carácter estratégico para unos y para otros. Esto es así debido al potencial que tienen algunos países del Sur para convertirse, desde la óptica de las potencias occidentales, en factor de equilibrio del actual sistema multilateral o como elemento que decante la balanza a favor de quienes impugnan la vigencia del actual orden internacional.
Cabe no perder de vista que esta pugna se está desarrollando en un contexto internacional dominado por una serie de fracturas geopolíticas. En primer lugar, la nueva “guerra fría” entre Europa y Rusia a raíz de la invasión a Ucrania y cuyas repercusiones han sido inmediatas más allá del espacio europeo, generándose así un anillo de conflictos, todos ellos cercanos a las fronteras exteriores de la UE. En segundo lugar, la rivalidad sistémica entre EE. UU. y China, una rivalidad que va adquiriendo forma de una pugna de mayor alcance: una lucha entre Occidente y Oriente, entre el modelo democrático y el autocrático. Se trata, en cualquier caso, de fracturas geopolíticas que determinarán el futuro de Rusia, la UE, China y EE. UU. Es decir, de todos los grandes actores internacionales.
Nadie es ajeno al hecho de que Occidente en general y Europa en particular tienen un grave problema de imagen y de credibilidad en África. En el Sahel, concretamente, la UE padece las antipatías generadas por el modelo depredador que Francia ha venido aplicando desde hace décadas en esta región
Esta situación explica, en parte, la formidable batalla político-ideológica que libran unos y otros en África, en Sudamérica y en el Sudeste Asiático. En términos generales, el hecho de que los países del Sur consideren el actual sistema internacional injusto, desequilibrado y funcional únicamente a los intereses de EE. UU. y de la UE beneficia claramente la perspectiva estratégica de China y Rusia. Pues, mientras EE. UU. y la UE son percibidos como sostenedores del actual statu quo internacional, China y Rusia se han proyectado hábilmente como los retadores del actual orden internacional —un orden basado en reglas de marcado acento y carácter occidental—. Esta percepción no solamente juega a favor de los intereses y el enfoque exterior de China y Rusia, sino que, además, obliga a las potencias occidentales a estar a la defensiva, ya que se ven apremiadas a promover e introducir reformas estructurales en la arquitectura multilateral para mitigar esta percepción negativa entre los países del Sur.
Esta realidad estuvo muy presente durante la última Cumbre del G-7 en Italia. En el comunicado final de la cumbre, los países del G-7 señalan, con respecto a África, que Occidente buscará alinear sus esfuerzos con los objetivos de la Agenda 2063 de la Unión Africana. Ante el fracaso del enfoque franco-comunitario, otros Estados miembros, como es el caso propio de Italia, un país con capacidad de influencia y proyección, tratan de generar nuevas dinámicas de vinculación con los países del Sur tanto en el marco de la UE como en el G-7 y en la OTAN. El Plan Mattei para África se inscribe dentro de esta lógica relacional.
Nadie es ajeno al hecho de que Occidente en general y Europa en particular tienen un grave problema de imagen y de credibilidad en África. En el Sahel, concretamente, la UE padece las antipatías generadas por el modelo depredador que Francia ha venido aplicando desde hace décadas en esta región. La UE y sus Estados miembros no han sido capaces de desvincularse del marco neocolonial francés. Más bien, se han apropiado del modelo francés para sustentar su presencia en la zona. En el caso de España, a pesar de que algunos de los ejes fundamentales en materia de política exterior (Magreb, Sahel, Golfo Guinea y América Latina y el Caribe) coinciden con la importancia estratégica que se le otorga al Sur global, lo cierto es que aún no se ha logrado que la UE ni la OTAN presten la atención que el país precisa respecto al Vecindario Sur – Flanco Sur.
En resumen, China y Rusia han aprovechado hábilmente los fracasos estructurales y coyunturales generados por los actores occidentales y han llenado los espacios vacíos provocados en el Norte de África, en el Sahel y en otras regiones del mundo. La deliberada desarticulación del Estado libio, que tantos perjuicios le ha generado a Italia, explica el interés estratégico italiano para ensayar un marco alternativo.

Youssef Louah Rouhhou es analista de asuntos internacionales. Es experto en temas referentes a los países del llamado Sur Global y las complejas dinámicas relacionales de esos con el Norte Global.












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