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Perú: Vocación de Potencia, Legado de República

En el marco de las próximas celebraciones por el Día Nacional del Perú, el 28 de julio, efemérides que evoca la proclamación de nuestra independencia y la afirmación de nuestro ideal republicano – corresponde no sólo conmemorar el pasado histórico, sino también repensar con lucidez y madurez tanto el presente como el porvenir de nuestra patria. El Bicentenario nos ha brindado una pausa histórica para reflexionar sobre los caminos recorridos, las deudas persistentes, así como en las oportunidades que debemos conquistar como Nación, porque nuestra patria es libre y soberana; y su proyección continental revive en la expresión “Vale un Perú”.

Actualmente, el Perú es una de las economías más previsibles, estables y dinámicas de América Latina. Cuenta con Reservas Internacionales Netas (RIN) de más de USD 87,000 millones (Banco Central de Reserva del Perú, 2025), lo que registra un nivel histórico; un Producto Bruto Interno (PBI) que bordeó los USD 270,000 millones en el 2024 (INEI, 2025); un PBI per cápita que superó los USD 8,400.00 (Grupo Banco Mundial, 2025); y es calificado como un país de renta media-alta; con lo cual el Perú ha mantenido una macroeconomía robusta, una baja inflación y una sólida posición fiscal, a pesar de los shocks internos (como la debilidad institucional o la creciente polarización política) y externos, tales como la paralización global del comercio a razón de la pandemia por la Covid-19, los conflictos internacionales y la caída en los precios de los metales, entre otros.

El Legado de la República Peruana

De igual manera, el comercio exterior es uno de los pilares fundamentales de nuestra proyección internacional. A la fecha, el Perú dispone de 22 Tratados de Libre Comercio (TLCs) – y varios más en negociación – los cuales han abierto cerca de 58 mercados internacionales que han beneficiado a cerca de 6,000 mipymes exportadoras (Mincetur, 2025; Fondo Monetario Internacional, 2025). En el año 2024, las exportaciones totales de bienes en el Perú superaron la cifra de los USD 74,000 millones (PromPerú, 2025)[1], con una estructura diversificada que combina minería polimetálica (cobre, oro, zinc), agroindustria (arándanos, uvas, paltas) y manufactura; con un creciente posicionamiento en Asia, Estados Unidos y Europa. Aunado a ello, somos el primer exportador mundial de arándanos y espárragos; el segundo en paltas frescas y nuez amazónica, al mismo tiempo que uno de los líderes globales en cobre (PromPerú, 2025), reafirmando que el Perú no solo provee recursos naturales, sino también valor agregado con innovación y calidad.

Los debates en torno a las oportunidades que ofrece su ubicación geopolítica en Sudamérica, se han reactivado producto del Megapuerto de Chancay, percibido como puente intercontinental con el Asia-Pacífico; al mismo tiempo que su condición de Nación, forjada gracias a los Andes – ricos en valiosos minerales – y al majestuoso Amazonas, nos estimula a no solo ver tales espacios como reservas ecológicas, sino como espacios que debemos habitar y preservar.

Estoy firmemente persuadido de que el fructífero desempeño económico, a la par de nuestras potencialidades geográficas, nos vislumbran como una potencia regional emergente, con una diplomacia económica cada vez más activa, que asume la responsabilidad de traducir el crecimiento económico en bienestar equitativo y sostenible.

Deseo alentar a los jóvenes peruanos, a las nuevas generaciones de mis conciudadanos a asumir – con renovados esfuerzos – el desarrollo de una patria moderna, justa y competitiva, que se inserte en el mundo respetando su identidad

Retos para el futuro

De otro lado, el Bicentenario no ha sido solo una efeméride que rememorar, sino una oportunidad crítica para reinterpretar nuestro contrato social y poner en valor los desafíos que subsisten, a fin de concluir un íntegro proyecto republicano, en una sociedad mayoritariamente mestiza, heterogénea, multilingüística, pluricultural – profundamente desigual – empero también informal, resiliente y emergente por innovadora. Tras haberse cumplido más de 200 años de nuestra independencia, la consolidación de la ciudadanía plena sigue siendo una tarea pendiente, con lo cual cabe preguntarse si el sueño de importante e ilustres personajes como Bernardo Monteagudo, José Faustino Sánchez Carrión (cuyos bicentenarios de fallecimiento se cumplen este año) o José María de Pando, se ha concretado cabal e íntegramente.

No obstante aquello, el Perú ha avanzado en múltiples frentes – como en la expansión educativa, los proyectos de infraestructura o el reconocimiento de derechos –  pero aún persiste una brecha dolorosa entre Lima y las regiones; entre la formalidad y la exclusión; entre la riqueza potencial y su redistribución. Es en esta etapa posbicentenaria que debemos rescatar la lección histórica de que el desarrollo no es solo económico (con tantas riquezas y recursos naturales), sino también político, institucional y, sobre todo, humano. Nuestra historia republicana ha sido una lucha constante – entre períodos autoritarios y democráticos – empeñados por integrar a toda la ciudadanía en un mismo proyecto de nación. Hoy, esta misma ciudadanía demanda no solo servicios públicos eficientes y de calidad, sino también un Estado presente que sancione la corrupción, sea transparente, legítimo, y digno, sin privilegios.

Perú y sus jóvenes

Estando ad portas de unos noveles comicios electorales en 2026, el Perú se enfrenta al reto de renovar su débil democracia. La fragmentación política, la desconfianza ciudadana y la polarización, así como el crimen organizado, deben ser enfrentados con instituciones sólidas y efectivas, con partidos democráticos que tengan planes o programas de Estado, igual que con liderazgos éticos que prioricen el interés nacional. En el plano internacional, considero que el Perú necesita reforzar su compromiso con el multilateralismo, aún más en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, amenazas a la seguridad internacional y profundas transformaciones tecnológicas. Nuestra pertenencia y participación en entidades como la Alianza del Pacífico, la Comunidad Andina, APEC, la OEA o la misma ONU (con 80 años de creación), deben fortalecerse como foros para alcanzar los objetivos nacionales y regionales que promueve nuestra conducta mundial.

En esta misma línea, considero de suma importancia dinamizar y apostar por una diplomacia descentralizada y ciudadana, que proyecte a los gobiernos subnacionales al escenario internacional, a fin de que puedan desarrollar estrategias de cooperación que generen beneficios tangibles para su población, promoviendo la paradiplomacia como herramienta de competitividad territorial. Esta es una vía efectiva para que más peruanos y peruanas sientan que la globalización también beneficia a sus comunidades.

Finalmente, deseo alentar a los jóvenes peruanos, a las nuevas generaciones de mis conciudadanos a asumir – con renovados esfuerzos – el desarrollo de una patria moderna, justa y competitiva, que se inserte en el mundo respetando su identidad y planificando su accionar sobre la base de una visión prospectiva. No cabe duda que, por las razones expuestas, los recursos con los que contamos y por la dinámica actual del sistema internacional, el Perú es clave.

¡Sepamos aprovechar esta valiosa oportunidad!

Embajador Óscar Maurtua de Romaña

Embajador de carrera desde 1985 y Jurista. Ministro de Relaciones Exteriores del Perú en dos ocasiones (2005-2006) (2021-2022). Fue Secretario General de la Presidencia de la República (1980-1985). Ha sido Viceministro y Secretario General de Relaciones Exteriores, así como Jefe del Servicio Diplomático de la República del Perú. Embajador del Perú en Canadá, donde fue Comisionado General de la Expo 86 (Vancouver) Columbia Británica; Bolivia; Tailandia, Vietnam, Laos, donde fue Representante ante la ESCAP; Ecuador; y en el Reino de España, Principado de Andorra y Representante ante la Organización Mundial del Turismo (OMT). Es Presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional – SPDI (desde 2017), Miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España (2024), de la Oxford Society (Vitalicio), de la SIAM Society, y del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés. Graduado de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) como Bachiller en Humanidades. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), así como Licenciado en Relaciones Internacionales por la Academia Diplomática del Perú. Magíster en Gestión Pública por la Universidad Tecnológica del Perú – UTP (2017). Ex Coordinador de la Red Mundial de Sociedades de Derecho Internacional y presidió el III Congreso Mundial de Sociedades de Derecho Internacional en Lima (2023). Premio Nacional de Cultura (1968). Miembro del Colegio de Abogados de Lima (CAL).

[1] Que se proyectan a USD 77,000 millones ante un esperado boom de la pota, el cacao y la plata, según estimaciones del Banco de Crédito del Perú (BCP).

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