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La Diplomacia Cultural: Diplomacia del Siglo XXI

Las escuelas de ciencias políticas y diplomáticas contemporáneas tienen mayor interés en la cultura como un elemento esencial en la formación diplomática, ya que constituye un apoyo excepcional para facilitar el proceso de la fusión de los diplomáticos en sociedades de distintos fondos culturales, porque les proporciona los conocimientos necesarios que ayudan a aumentar el grado de la eficiencia al respecto de la tarea comunicativa con las elites de diferentes ideologías y al mismo tiempo con todas clases de la sociedad según sus fondos culturales.

¡Es decir, la formación cultural es imprescindible en la carrera diplomática tradicional que se basa en la representación diplomática en el exterior, proteger los intereses del Estado, y desarrollar las relaciones bilaterales a través de la cooperación en distintos campos, pero con instrumentos muy tradicionales!

Por eso, los políticos se dieron cuenta de que la fuerza del Estado no se mide por la fuerza económica, ni por la superioridad militar, sino por la medida de su capacidad cultural para establecer relaciones con otros países, a través del intercambio informático, el desarrollo del conocimiento, la promoción de las artes, y otros aspectos culturales, esto es lo que hoy en día se llama “la diplomacia cultural”.

Vale la pena decir que la importancia de la diplomacia cultural radica en el respeto y la estimación de las identidades de los pueblos y sus privacidades culturales y sociales, lo que lleva a crear un diálogo fructífero y constructivo entre diferentes civilizaciones, culturas, y religiones que se basa en comprender el otro a través de su cultura, costumbres y tradiciones

Eid Aldhafeeri

Por lo tanto, los especialistas en la política internacional afirman que esta nueva tendencia mundial en las relaciones tanto a nivel bilateral como a nivel multilateral, será “la diplomacia del siglo XXI”, debido a su carácter más influyente en el público que las misiones diplomáticas tradicionales porque el concepto de diplomacia cultural en nuestro mundo contemporáneo va más allá de esta función de protocolos oficiales a través de una manera típica, sino presenta un contenido cultural a una audiencia externa, con el objetivo de destacar la riqueza de las diversidades de un país, arrojando la luz sobre distintos aspectos políticos, sociales, económicos, y construir una imagen cultural convincente e influyente sobre el país.

En este contexto, cabe mencionar que no hay diplomacia sin cultura ni promoción cultural sin diplomacia, por lo que la diplomacia hoy se ha convertido en una industria que no puede evolucionar sin la clave principal de nuestro tiempo actual, que es la tecnología que ha aportado  a difundir distintos tipos de la diplomacia como la diplomacia digital, la diplomacia pública, y la diplomacia colaborativa,..etc, donde la revolución tecnológica contribuyó a un intercambio de ideas sin precedentes, que facilitó en gran medida el proceso de diálogo y educación intercultural, así como la posibilidad de difundir información incorrecta que podría perjudicar la estabilidad y la paz en una gran escala. Entonces, la diplomacia cultural incluye el intercambio de ideas, artes, e idiomas con mayor propósito de crear entendimiento mutual entre los gobiernos y los pueblos al mismo tiempo. Además, desempeña un papel fundamental para fortalecer la perspectiva de la política exterior del Estado, que suele tratar con tres dimensiones principales: la primera es “la dimensión política”, que se ocupa de todo lo relacionado con la sostenibilidad y el crecimiento de la entidad política del Estado en el contexto de relaciones multilaterales y la cooperación entre los miembros de la comunidad internacional. La segunda dimensión está representada en el marco económico, dado que las relaciones entre las naciones se desarrollaron entre sí hasta convertirse en dependencia mutua para atender las necesidades aumentativas como una forma del sistema internacional. La tercera es el aspecto cultural, que expresa el sentimiento de las clases sociales, y de las élites gobernantes de que su cultura e innovaciones se encuentran entre los logros civilizatorios humanísticos y son parte de los factores de la fuerza del Estado que contribuyen a reforzar su política y prestigio a nivel internacional, donde está relacionado con una planificación integral y programada por parte de los actores políticos del Estado.

La dimensión cultural en la diplomacia refuerza las posibilidades de la cooperación económica por medio de la promoción cultural de los éxitos económicos, las oportunidades de inversión y sus múltiples ventajas. Esto suele ser evidente en sectores como la educación, las investigaciones científicas, los medios de comunicación, y otros mecanismos de influencia cultural en las decisiones y políticas económicas de los estados, organizaciones y entidades internacionales.

En la realidad, la diplomacia cultural no es solo promover visiones, ideas, valores y otros contenidos culturales, sino también, promover proyectos culturales, descubrir oportunidades de inversión en el campo cultural, presentar obras creativas de los intelectuales, y construir alianzas de carácter pensativo entre entidades sin fines de lucro para establecer proyectos educativos de alto nivel con rasgos comunes. Además, incrementar la inversión en nuevos sectores como la economía del conocimiento y el turismo cultural, el comercio electrónico, la innovación intelectual.etc. También tiene un objetivo importantísimo es unirse los esfuerzos internacionales para abordar desafíos globales como el cambio climático, el extremismo, la igualdad de género, y la tolerancia entre los seguidores de las religiones.

Vale la pena decir que la importancia de la diplomacia cultural radica en el respeto y la estimación de las identidades de los pueblos y sus privacidades culturales y sociales, lo que lleva a crear un diálogo fructífero y constructivo entre diferentes civilizaciones, culturas, y religiones que se basa en comprender el otro a través de su cultura, costumbres y tradiciones.

Eid Aldhafeeri, Embajador adjunto de la Embajada del Reino de Arabia Saudí en Portugal

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