El fin de año hice un viaje con mi familia en medio del mar, en uno de esos barcos que parecen pequeñas ciudades flotantes y que te ofrecen de todo hasta dejarte no hacer nada si así lo deseas. A mí lo que más me gusta de ese tipo de viajes es desconectarme y leer frente al vasto mar.
Como el servicio de internet a bordo es carísimo y yo soy de Monterrey (donde aún mantenemos cierta fama de avaros), pues no lo contraté. Así que apagué el móvil desde el primer día y estuve desconectado por toda una semana sin saber nada de lo que pasaba en el mundo y enfocándome solo en aquello inmediatamente alrededor de mí: mi familia. Y, en lugar de haberme causado alguna ansiedad esa ausencia de contenido digital, yo sentí una paz brutal.
Al terminar la aventura vacacional confieso que ya ni tenía ganas de encender el celular nuevamente. Quería que así se quedara o que durará más tiempo apagado, pero también había que regresar a esa otra realidad de la que soy parte y saber qué había pasado en estos días de desconexión en este planeta que habito.
Así que desperté el celular y, después de varios minutos en que estalló en pitidos y vibraciones de las notificaciones acumuladas, me puse a actualizarme en las noticias y mensajes pendientes. La mayoría no era importante, como nunca lo es. Y me puse a pensar en cuánto nos quita de vida todo este tiempo que le dedicamos a tanto contenido digital. Y con eso, pensé en el artículo de hoy.
A toda hora del día, estamos bombardeados constantemente de contenidos ruidosos, instantáneos, de baja calidad intelectual, de movimientos dinámicos, que se actualizan a cada segundo y se vuelven rápidamente obsoletos. Y todo este hostigamiento mediático no solo absorbe gran parte de nuestro tiempo, sino que tiene también sus repercusiones psicológicas. Porque no solo es demasiado, sino que gran parte de este contenido es basura.
La palabra Brainrot (pudrición cerebral) fue nombrada la “palabra del año” en 2024 por Oxford University Press y su uso es cada vez más frecuente. Brainrot se refiere al deterioro mental y emocional que proviene de consumir contenido trivial y de baja calidad en línea, que nos distrae de cosas importantes de la vida real y que está afectando a muchos, sobre todo jóvenes, en su capacidad de memoria y de atención, disminuyendo su pensamiento crítico e incrementando sus niveles de ansiedad.
Profesores de universidades en Estados Unidos han manifestado su preocupación al evidenciar en años recientes que muchos estudiantes tienen dificultad en leer libros completos y que ya no pueden incluso concentrarse durante toda una clase. A los 20 o 30 minutos de la lección ya varios se perdieron en un hueco mental; su cerebro simplemente no les da.
El alto consumo de videos cortos, el scrolling infinito, los memes, la producción rápida de contenido generado en IA, están transformando nuestra manera de consumir contenidos y reduciendo nuestro tiempo de atención. Además, el Brainrot está afectando también la socialización de las personas, pues la híper-conectividad está llevando a muchas personas a pasar más y más momentos en soledad.
Y, por si fuera poco, la calidad de las conversaciones también es afectada por el Brainrot. Las pláticas que antes hubieran sido más elocuentes y sustanciales ahora son simplonas y carecen de un vocabulario más amplio.
Brainrot se refiere al deterioro mental y emocional que proviene de consumir contenido trivial y de baja calidad en línea, que nos distrae de cosas importantes de la vida real
Afortunadamente, ante esta inquietante situación comienzan a verse algunos indicadores optimistas, pues parece que la cultura digital de la gratificación instantánea está dando señales de agotamiento.
De acuerdo con el Pew Research Center, los adolescentes y adultos jóvenes están reduciendo el tiempo que pasan en las redes sociales. Desde su pico máximo en el 2022 se han visto también declives de usuarios en plataformas como X (anteriormente Twitter) y Facebook (que por mucho tiempo dominó las redes sociales). Por otro lado, las plataformas YouTube, TikTok e Instagram se han mantenido estables.
Otra señal positiva es que los usuarios, cansados del burnout mental, están haciendo menos publicaciones sobre sus vidas personales. No quiere decir que se hayan salido de las redes sociales, pero ahora lo hacen de una manera pasiva. Es decir, aunque ya no publican, siguen estando ahí consumiendo contenido en las plataformas.
Pero el dejar de publicar sobre sus vidas privadas es un buen comienzo, pues también ayuda a quitar esa presión que a muchos les ocasiona al compararse con otros y la obsesión con los likes, ese culpable de tantas depresiones.
También hay cada vez más esfuerzos por crear conciencia sobre los impactos negativos de pasar tanto tiempo en frente de las pantallas digitales y el cuidado en la salud mental. Y esto es bienvenido sobre todo cuando, por otro lado, crece el uso de chatbots en la IA.
Sí, la IA es lo de ahora, pero sin duda vendrán otros sistemas digitales con estrategias más avanzadas para capturar la atención de los usuarios.
Porque sí, hay que reconocer que todas estas herramientas están diseñadas para hacernos pasar largas horas del día en ellas. Mientras más tiempo dediquemos a estas plataformas, sus ganancias crecen. Ellos no tienen ningún incentivo en limitar nuestra presencia. Por el contrario, cada vez utilizarán métodos más adictivos para absorbernos y mantenernos ahí el mayor tiempo posible.
Está en nosotros hacer el esfuerzo de disciplinarnos para balancear nuestro tiempo en línea y no dejar ir oportunidades que nos permiten estar más presentes en la vida. Por más que disfruté mucho de esa paz al estar desconectado por una semana, tampoco quiero decir que la respuesta sea desligarse de todo, pues las tecnologías digitales nos permiten también hacer muchas cosas útiles de manera eficiente y práctica.
Para combatir el Brianrot y todas sus repercusiones, hay que ir más allá de reducir el tiempo en línea. Busquemos más actividades recompensantes fuera de las pantallas que mejoren nuestro rendimiento, estimulen nuestra actividad cerebral y que generen una actitud positiva hacia la vida.
Hay muchas actividades que pueden ayudar, pero aquí les comparto dos que son infalibles: la lectura y las actividades al aire libre.
Leer libros es un gran antídoto contra el Brainrot ya que la lectura nos exige una concentración constante y estimula la creatividad. Es increíble experimentar esa magia que ocasiona la lectura cuando nos hace imaginar escenarios y personajes en nuestra mente a partir de las palabras. La lectura además refuerza las conexiones neuronales, mejorando nuestra capacidad de memoria y fortaleciendo nuestras habilidades analíticas y de pensamiento crítico.
Y para hacer esta actividad más versátil, yo les recomiendo alternar sus lecturas entre diferentes géneros literarios. Lean ficción y luego pásense al ensayo, al cuento corto y hasta intercalen con poesía. Pero lean diariamente.
La segunda recomendación contra el Brainrot es convivir con la naturaleza. Desde mantener tu jardín, ir a caminar a un parque natural, admirar un atardecer en la playa o subir una montaña, el pasar largas horas de tiempo en áreas verdes puede reducir los efectos de la sobresaturación digital, disminuir el estrés, mejorar tu estado de ánimo y afinar tus habilidades cognitivas.
Vale la pena mudar nuestras actividades hacia aquellas que nos hagan vivir con mayor presencia. Pero ojo, para tener mejores resultados hay que enfocarse en una actividad a la vez. El multitasking (hacer varias tareas al mismo tiempo) satura y estresa. Y, de vez en cuando, si pueden hacerlo, desconéctense completamente por varios días.

Ricardo Villarreal es director de cine documental dirigió y produjo el largometraje “The Domínguez, a Family Who Shaped the History of California” para el canal de televisión KCET en Los Ángeles, California y dirigió y produjo “Ride with Larry”, un documental inspirador para concientizar sobre el Parkinson y el uso de la marihuana medicinal, que ganó varios premios en festivales internacionales de cine. Trabajó en proyectos de promoción comercial entre México y California en la oficina de ProMéxico en el Consulado General de México en Los Ángeles y como empresario independiente. Fue presidente de la Asociación EXATEC California y ha sido voluntario en organizaciones altruistas que promueven las ciencias y las artes (principalmente música y literatura). Es parte del comité de selección y jurado del festival Cinema Culturas en Riverside, California para promover el arte cinematográfico en los jóvenes inmigrantes. Fue vicepresidente del capítulo de Portugal de la Red Global MX.















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