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Fotografía cortesía de Chiqui

Dos modernos, dos modernísimos y un ejercicio de merecida Memoria

Cuatro recomendaciones literarias, de la ficción al recuerdo, de la intimidad a la memoria compartida. La Shoá y una advertencia menos visible: las circunstancias que hoy parecen ajenas acaban siempre por interpelarnos a todos. La literatura, una vez más, como forma de comprensión y de alerta.

Así pues, mi amigo ha entrado en la tienda de discos de segunda mano y yo me he quedado fuera, mirando el móvil. No porque no me apeteciera entrar, sino porque el dueño del local ha dicho que todavía no era hora de abrir: que no había llegado su empleado, que no sé qué más. Como favor especial —imagino que para no perder una posible venta— ha dejado pasar solo a uno de nosotros.

Me gustan las tiendas de libros y discos de segunda mano. En la bolsa de plástico que llevo conmigo está mi última adquisición: Les vacances du Fantôme, una novela de los años ochenta de Didier Van Cauwelaert, de la misma época en la que ahora buscamos discos para nuestro amigo Josi.

El argumento es fantástico y humorístico. El protagonista, Roger Croutin, un joven de veintidós años que trabaja como aprendiz de carnicero y está a punto de casarse, se despierta de repente en el cuerpo de Antoine de Latour Jacob, un famoso abogado judío de unos cincuenta años. Ambos han intercambiado sus cuerpos sin saber cómo ni por qué, y Roger se ve obligado a asumir la vida del abogado: los juicios, una familia excéntrica, la relación con terroristas italianos e incluso una propuesta del presidente de la República.

Es una lectura ligera, pero mientras paso las páginas en esta gélida y húmeda mañana, alzo la mirada hacia la casa renacentista de enfrente. Tras una ventana, un paisano tiende ropa sobre un radiador, y no puedo evitar pensar que me gustaría transmutarme en él.

Por cierto, estamos en Ámsterdam, esa hermosa ciudad donde, para encontrarte con el sol en invierno, has de pedir cita previa.

Al poco rato veo venir a nuestra tercera compañera de viaje que regresa de visitar la casa de Ana Frank. Nada más llegar me reprocha que estemos perdiendo el tiempo en tiendas en lugar de visitar museos. Es su manera de empezar a soltar la impresión que le ha causado su visita.

Le respondo que ya había estado allí, no en persona sino en espíritu. ¿Cómo? Leyendo en su día el Diario de Ana Frank. Y sí, esta es la segunda recomendación literaria de la semana.

Aspiro, la miro con cariño y la dejo explayarse mientras me froto las manos. Me habla de cómo el pueblo holandés se solidarizó con los judíos, de cómo los acogió cuando fueron expulsados de España y Portugal, y de cómo se manifestó en su favor, convocando incluso una huelga general que se prolongó durante tres días para protestar por el trato que recibían de las fuerzas nazis de ocupación, con todo el peligro y las previsibles represalias que ello conllevaba.

En la ventana del vecino ondea una bandera palestina, no es la única en la ciudad. Este es un pueblo que hace tiempo entendió que, en la nave de las víctimas inocentes, tiene que haber hueco para todos.

Ha pasado una semana. Es 27 de enero. Ahora me encuentro en el Istituto Italiano de Madrid, en un acto organizado para recordar la Shoá. Antes de la proyección de un filme sobre Giorgio Perlasca —un tratante de ganado italiano que, en Budapest en 1944, cuando el encargado de negocios español Ángel Sanz Briz se vio obligado a abandonar el país, continuó en solitario y a su propio riesgo la labor de este último— se nos introduce su historia.

Perlasca se presentó ante las autoridades húngaras como su supuesto sustituto, el nuevo “cónsul” español, sin serlo realmente, y prosiguió la tarea de rescate que había iniciado el diplomático español. Aunque es imposible fijar cifras exactas en estos casos, se estima que sus “mentiras” —o, como prefiere decir la directora del Istituto, sus “genialidades”— permitieron salvar entre cinco mil y seis mil judíos.

Antes de la proyección atendemos los discursos del personal diplomático presente. Por lo general, todos recuerdan que las víctimas del genocidio incluyeron también a otras etnias y grupos políticos.

Se me impone una pregunta incómoda: ¿qué significó la Shoá no solo para las víctimas, sino para quienes no lo fueron, para quienes se beneficiaron de ella?

Muchas cosas. Para no pocos, en un primer momento, fue un festín: se apropiaron por casi nada de aquello que otros se vieron obligados a abandonar. Como quien pasea por la playa recogiendo, sin preguntas, los restos de un naufragio.

Pero pasado el banquete llega la resaca. Y con ella emerge un mensaje encubierto, terrible.

Cuando el mar se retira, sobre la arena queda escrito: atención a los disidentes, a quienes no quieran ser como nosotros, ya conocen el trato que dispensamos.

Es un mensaje universal, incluso cuando no parece dirigido a todos.

¿Tiene esto relevancia hoy? Es difícil no ver patrones y circunstancias que se asemejan.

Hoy, si me viera obligado a viajar al país donde, por primera vez en los tiempos modernos, la libertad se proclamó como principio fundacional, me incomodaría hablar en mi lengua materna por la calle.

Amor Towles, en Un caballero en Moscú, pone en boca de su conde una vieja verdad: que un hombre debe dominar sus circunstancias si no quiere acabar dominado por ellas.

Y así hemos llegado a mi tercera recomendación literaria, pero aún queda un poco más, pues tras la proyección se presenta otro libro.

Un libro muy especial: Los papeles secretos de Pape (Nagrela Editores). Se trata de las memorias de Eva Leitman-Bohrer, superviviente judía húngara nacida en Budapest en 1944, escritas junto a la periodista panameña Alexandra Ciniglio.

La propia Eva tiene la deferencia de acompañarnos y de resumirnos su obra, que —claro está— es, en esencia, su vida.

Al terminar el acto me quedo hasta el final. Con la excusa de que me dedique el libro puedo cruzar con ella unas cuantas palabras de más. Ratifico mi primera impresión: es una mujer con clase y encantadora.

Ahora que repaso estas líneas, ya he terminado también de leer su relato y puedo, con una sonrisa en los labios, proponerlo como mi cuarta recomendación literaria de este artículo.

José Vicente Rubio Eire (Madrid, 1972) es doctor en Derecho y relaciones Internacionales  y diplomado en Restauración de Obras de Arte. En la actualidad ejerce como abogado entre España e Italia. Escritor y conferenciante académico prolífico, fuera del ámbito del Derecho ha publicado varias novelas y relatos cortos, entre ellas El Tratado de Madrid (Editorial Caligrama, 2020) y Más oscuro que el negro (Editorial Distrito 93, 2024), siendo próxima la publicación de su tercera novela (El Ruido de las Sombras, Editorial Distrito 93, 2025). Actualmente dirige la revista de creación literaria El Movi_Miento.

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